Con este libro Rius no pretende "quitarle la fe en la guadalupana al pueblo de México", sino dejar bien claros los puntos polémicos de las "apariciones" y establecer así, con todo rigor, la verdad histórica.
Basado en las fuentes más autorizadas, con un análisis detallado e inflexible de todos los argumentos, tanto de creyentes como de escépticos, con bellas ilustraciones (portada y contraportada) creadas expresamente para Rius por Francisco Toledo, el gran pintor oaxaqueño, y con un epílogo del escritor laico más implacable, Carlos Monsiváis, El mito guadalupano es una obra maestra que todos los mexicanos deben leer.
Rius was the pseudonym of Eduardo del Río García, the internationally acclaimed Mexican caricaturist and editorial cartoonist whose innovative work established a new field in comic strips: the political and documentary cartoon-book.
Quien quiera leer este libro, hágalo bajo su propio riesgo, máxime si eres católico comprometido. Yo creo que conocer el pasado de tu pueblo no debería afectar, a menos, claro que se pisen terrenos difíciles como lo son: religión y política. En este caso, a mi parecer, se requiere tener una perspectiva amplia.
Todos sabemos que Rius es un excelente autor e investigador. Ahonda mucho en el tema a escribir (ahondaba, grave pérdida para México) y que también, tiene ese peculiar toque que le da a sus textos, escribiendo en un lenguaje para el vulgo. En pocas palabras, es un gran investigador que escribe para el pueblo. Tristemente casi nadie leyó esta pequeña obra, porque México no es un país de lectores. Sin embargo, a estas fechas, la única forma de adquirir este librito es en formato electrónico porque “casualmente” los libros físicos están agotados.
Pienso que todos deberíamos leer “El Mito Guadalupano” y además, tener en nuestra biblioteca la colección completa de este autor.
«¿Es gloria imponer a los pobres indios analfabetas una falsa creencia y hacerlos gastar el miserable producto de su diario trabajo en ir a adorar un trapo viejo en el Tepeyac?» M. Eduardo Sánchez Camacho, Ecos de la Quinta del Olvido
Hoy que es Navidad, aprovechemos para reflexionar sobre una edificante lectura de corte religioso.
Existe una primera versión de este libro, más corta y ligeramente distinta, a esta de la que ahora voy a escribir, publicada en papel en 1996, y recién puesta en formato digital este septiembre de 2014, bastante más documentada y añadiendo varios pequeños detalles que en la primera apenas se mencionaron o fueron dejados de lado.
No pienso comentar en detalle los datos y argumentaciones de este entretenido libro de monitos, como por lo general son los de Rius, que para eso está el libro mismo y que lo lea el que tenga interés en ello, sino tan sólo quiero compartir unos breves apuntes derivados de su relectura, que por estos días de readoctrinamiento guadalupano vienen muy al caso.
En pocas palabras, El mito guadalupano es una exposición histórica breve pero puntual y bien documentada sobre las milagrosas apariciones y culto derivado de la virgen de Guadalupe, madre de todos los mexicanos, según decir de sus devotos, escrita y dibujada con el característico tono irónico del autor, quien en sus páginas desmiente uno a uno y con las pruebas en mano todo este asunto mariano, para todos aquellos que, supongo, no consideren suficiente el hecho de que las pinturas no se pintan solas ni tampoco tienen poderes mágicos.
Digo que viene muy al caso, pues, desde más o menos mediados de los noventa, es decir, desde que M. Schulemburg hizo sus “disparatadas” declaraciones a la revista Proceso, y sobre todo con la aparición de la difícilmente censurable crítica religiosa que ha significado Internet, la iglesia católica mexicana comenzó una auténtica campaña de reguadalupanización en todo el país, insistiendo cada vez más y más no sólo en la veracidad de las tales apariciones, que culminaron con la canonización de Juan Diego en 2002 (seis años después de la publicación de este libro, y que por tanto no registra) sino en la todavía más significativa insistencia del clero en informar a su católica grey que todo buen católico, o todo verdadero católico, para serlo, por fuerza debe creer en el milagro del Tepeyac, pues si no lo hace, o duda, o presta oídos a todas esas calumnias comunistas tipo Rius, está faltando a su fe y a lo mejor hasta hace llorar al niño Dios, lo que es una vergüenza. Un chantaje emocional que les ha funcionado mucho mejor que todas las posibles razones que pudieran (o que no han conseguido) argumentar en defensa de su culto.
Puedo verlo en mi madre, quien aunque siempre católica, nunca hasta recién un par de años en que se volvió asidua a la iglesia se volvió además ferviente guadalupana, al igual que todas sus hermanas y hermanos, llegando a colocar en la puerta de la casa una de esas calcomanías de profesión de fe guadalupana que, en estos tiempos de relaciones políticamente correctas, han ido reemplazando a aquellas otras que rechazaban cualquier otro culto ajeno al catolicismo.
Voy a limitarme a uno solo de los muchos dislates que se han dicho en defensa del culto guadalupano señalados por el libro, por ser uno de los más encontrados en debates entre internautas, que se apoyan en lo que consideran pruebas científicas: El referente a la supuesta estupefacción de los “sabios de la NASA” al analizar el ayate de Guadalupe (que ni siquiera es ayate, por cierto). El caso es que nunca la NASA, como institución, ha analizado la imagen guadalupana, por la sencillísima razón de que su interés y área de estudio no tiene nada que ver con asuntos religiosos ni milagros. Hubo, sí, dos científicos que trabajaron en la NASA y que, a título personal, y siendo amigos del arzobispo, realizaron un par de fotografías con rayos infrarrojos, como se hace con tantas y tantas pinturas antiguas, para buscar rastros de bocetos previos, retoques, calidad de la tela, los pigmentos, etc. Pues bien, que como no se les permitió más que eso, tuvieron que prescindir de análisis químicos, indispensables para realizar una identificación cierta de los pigmentos utilizados, y justo de ahí es de donde se derivó la supuesta estupefacción de los sabios de la NASA: en el libro que publicaron al respecto, los investigadores declararon que, «DEBIDO A LA INEXISTENCIA DE ANÁLISIS QUÍMICOS» resultaba imposible determinar la naturaleza exacta de la pintura usada y... “¡Ohhhh!”, exclamaron triunfantes los prelados, “Ya ven, ya ven, es imposible saber cómo fueron elaborados los milagrosos pigmentos de la imagen, lo que prueba su origen divino y...”, ufff... una burda malinterpretación de lo referido por el libro, y que además hace oídos sordos a los demás hallazgos referidos en el mismo, como el de que la PINTURA fue retocada múltiples veces, y hasta que fue pintada en distintas fases, añadiéndosele o quitándosele detalles.
En fin.
De verdad, de verdad que jamás he podido comprender cómo una persona adulta puede llegar a creer, en serio creer que estos eventos mágicos de verdad ocurrieron, no sólo siendo esta vida lo que es sino siendo este país lo que es y lo que desde siempre ha sufrido, y más aún tomando en cuenta la forma en que todos los indios (a quienes supuestamente cuida en especial la guadalupana) han sido tratados desde los días de esta supuesta aparición y la posterior conquista espiritual, que no fue para nada la idílica evangelización pregonada por Ratzinger y tantos otros sino impuesta a sangre y fuego, y todo ello sin que nadie, mucho menos ninguna criatura divina, haya hecho nada para socorrerlos, ni entonces ni después.
Quede ahí este libro-cómic, que como nos dice el autor en su prólogo, tendrá muchos más potenciales lectores así como está que si hubiera escrito un tratado de cuatrocientas y tantas páginas, diciendo esencialmente lo mismo. De todas formas, seguro que ningún guadalupano lo leerá nunca, ni le importará que exista, como jamás le ha importado detenerse a pensar cómo podría un «trapo viejo» (Schulemburg dixit) protegerlo de nada.
Good but some times is exaggerate in his points of view . He tried to convince with his ideas and criticize who thinks different . The most important is the respect.
Pues debo decir que Rius en si ya da la estocada a la yugular al guadalupanismo y la virgencita con las 13 paginas que abarcaban el trabajo original del gran negocio guadalupano que comprende la segunda parte del primer capitulo del libro y por no decir lás más irreverentes , el resto es solo un agregado que solo refuerza el cuestionamiento y rebate el culto y la creencia guadalupana en otros contextos históricos principalmente en general entre ellos el sesgadisimo supuesto estudio de la nasa de la imagen pintada y retocada por manos mortales del ayate de un indigena juan diego que al parecer media más d0s metros de altura . Por lo que se sin duda planeo hacer tradición de maratón antidecembrino ateo de guadalupe reyes con elogios a las religiones clasicas empezando los diciembres leyendo el gran negocio gadalupano por que desde el cielo una hermosa mañana un instrumento de super lucro, idolatria y dominación ideologica y doctrinal bajo al Tepeyac.
La verdad es que no me extraña que la iglesia haya armado todo un mito como el guadalupano sólo para terminar de esclavizar bajo su yugo al pueblo mexicano. Como bien lo explica Rius en este libro, es lo que han venido haciendo desde que pisaron américa. Tampoco me extraña que los gallegos "con lo bestia que son" (como diría Susanita) hayan reciclado a una de sus vírgenes para hacerle creer a todo un pueblo que se trata de "otra" virgen, una "morenita" y que está "a favor" de los "indios". La iglesia ha venido creando patrañas desde sus inicios, así que TODO se puede esperar de ellos... En este libro, Rius presenta todas las pruebas de que las apariciones de la virgen nunca existieron y refuta todos los puntos que la iglesia ha presentado como prueba de la veracidad de dichas apariciones. Ahora, si en Europa ellos suplantaron a más de una diosa convirtiéndola en "virgen", ¿por qué no creer que han hecho lo mismo en América con las distintas y sorpresivas apariciones de la virgen durante la colonia? Por que esto no es un caso ailado, ya Rius deja en claro que en todos los sitios donde había "indios" que no querían convertirse, les contaron un cuento similar... En fin... Yo por las dudas le sigo pidiendo a Tlaloc que nos ayude con la lluvia...
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Un libro breve, pero exhaustivo, sobre los hechos históricos relacionados con la creación y la creencia del mito guadalupano. Tema por demás delicado en la cultura popular mexicana, éste no es un libro apto para guadalupanos de hueso colorado. La exposición que hace Rius del tema es claro y su típico estilo collage respalda sólidamente sus argumentos (citando visualmente textos históricos y demás documentos). Particularmente interesante es el resumen del "modus operandi" de las apariciones de las Virgenes, particularmente las españolas. Sin embargo, me parece que demeritar la religiosidad popular meramente como una actividad de "ignorantes" no es el punto más positivo del libro.
Un libro peligroso, para los ignorantes... disminuye la devoción... si desalienta con las verdades reveladas después de tanto tiempo de mentiras descaradas