Publicado en 1970, el año de la muerte de Marechal, Megafón, a la guerra es su novela política por excelencia y, a la vez, una suerte de magnífico testamento narrativo. Su protagonista, un muchacho de Villa Crespo que alguna vez arbitró peleas en el Boxing Club del barrio, es un autodidacta empedernido que llega a la conclusión de que no hay 'monstruos anacrónicos', que toda lucha es un combate subterráneo que nunca sale a la luz, y que es necesario dar batalla a esos males en su propio campo. En un país con olor a bronca, una bronca que nadie deja de olfatear en el aire, misteriosa y temible, y que emborracha como la pólvora, la gesta de Megafón es tan desproporcionada como conmovedora. No importa que fracase en su intento por rescatar a Lucía Febrero de las garras del tenebroso rufián que la tiene prisionera en un burdel del Tigre; no importa siquiera que sea apresado y descuartizado, ni que sus restos se dispersen por distintos lugares de la ciudad: su rapsódica derrota abre el curso de las conquistas morales que su epopeya ansiaba como coronación final.
Leopoldo Marechal fue un poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino, autor de Adán Buenosayres, una de las más importantes novelas de la literatura argentina.
Fue bibliotecario, maestro, profesor de enseñanza secundaria y en la década del 20 formó parte de la generación que se nucleó alrededor de la revista Martín Fierro. En la primera etapa de su vida literaria prevaleció la poesía.
La publicación de Adán Buenosayres en 1948, exceptuando el comentario elogioso de Julio Cortázar y algunas otras voces entusiastas, pasó en principio completamente inadvertida. Las cuestiones políticas no fueron ajenas a los motivos, considerando la abierta simpatía del escritor hacia el peronismo, en cuyo gobierno siguió trabajando en el campo de la educación y de la cultura.
Recibió el Primer Premio Nacional de Poesía (por sus libros Sonetos a Sophia y El centauro) y el Primer Premio Nacional de Teatro (por la obra Antígona Vélez).
Leopoldo Marechal lo hizo de nuevo! Es más de Adanbuenosayrismo (no diría continuación) o de Marechalismo, y me encanta! Ya leí sus tres novelas y es una pena que no existan más, las tres me parecen brillantes y lo considero uno de los mejores escritores argentinos de todos los tiempos. Megafón, el Autodidacto, estudió el arte de la guerra (lo que realmente se cocina en ellas), pero primero conoció a su Patria, que no es solo una definición geográfica "la tierra donde se ha nacido" sin temperaturas de hombre En su estudio conoció al "otro", que en este caso es el estudio de la sociedad argentina; conocer para no creer que todos son enemigos potenciales ("se teme solo a lo que no se conoce")
Su épica y su muerte, com la del filósofo Samuel Tesler, fueron muertes populares (aunque no necesariamente concurridas), no como las ocultas y silenciosas de nuestros hermanitos los chanchos burgueses.
Quizás por eso se fue Megafón con su sonrisa final más desafiante que un acero. Ya había ganado.
"En la existencia universal no hay puntos finales... sólo hay puntos suspensivos"
Marechal lleva al lector por el camino de las Dos Batallas de Megafon en una lectura que no calificaría como liviana pero que refleja fielmente el espíritu rioplatense.
Esta novela tuvo un cierto éxito cuando fue presentada por vez primera, pero el tiempo no la ayudó. Por un lado el estilo, diálogos con poquísimas descripciones (exceptuando la parte final en que describe el prostíbulo de lujo) donde a veces es difícil identificar cuál es el personaje que habla, diálogos en que se mezcla realidad, divagaciones, comentarios políticos, a veces humor, y que estuvieron muy de moda en los años 60-70, algunos envejecieron bien, como los libros de Boris Vian o Raymond Queneau, que probablemente inspiraron a Marechal, pero no es el caso de Megafón, sus diálogos hoy no atraen y son difíciles de acompañar. Algunas frases humorísticas todavía nos hacen reir, por ejemplo: "de carne somos", dijo le empanada. Pero queda por ahí. La novela es política, una crítica a la dictadura militar pero esquivando la censura. Algunos personajes son citados por su nombre, como Rojas o el fusilado general Valle, otros adquieren nombres ficticios, como el general presidente Aramburu. El problema es que al citar personajes de la época, políticos, militares, industriales, cambiando los nombres el autor suponía que serían fácilmente identificables. Lamentablemente para el lector de hoy esa conexión fue perdida. Es como leer la Divina Comedia. No conocemos los personajes reales que Dante colocó en el infierno. Y finalmente 80% del libro son diálogos, diálogos patafísicos, entre personajes que poco despiertan la empatía del lector y solamente el capítulo final contiene acción, la batalla final? En fin, hace muchos muchos años leí Adán Buenosayres y el Banquete de Severo Arcángeelo. me gustaron, pero Marechal nunca alcanzó el nível de Borges, Cortázar u otros contemporáneos. Y este Megafón sinceramente no lo recomiendo.
Marechal es una mezcla increíble de tradiciones clásicas actualizado en lo argentino, sin caer (creo) en costumbrismos o un exceso del recurso injustificado. Te hace reír y al mismo tiempo canaliza lo trascendente, sin olvidarse del ser Argentino, que es poético, político, metafísico y terrenal.