He terminado este libro y, dejando de lado las estrellas que le haya puesto, me gustaría, por el mero hecho de hacerlo, escribir una reflexión personal sobre lo que han significado y significan para mí las dos obras desarrolladas en el libro.
Lucas, esta reseña va dedicada a ti aunque sé que nunca la leerás, gracias por abrirme la cabeza.
Cuando empecé Bloodborne lo hice cargado de prejuicios. Había escuchado que los juegos de FromSoftware eran injustos, excesivamente difíciles, diseñados para frustrar al jugador e incluso, mal hechos (hay partes que están mal hechas y mal diseñadas, discuto con el que quiera). Pensaba que no eran para mí porque me llamaban la atención juegos más calmados. Aun así, me dejé guiar, y lo que encontré no fue solo un videojuego exigente, sino una experiencia que me obligaba a enfrentarme a mis propios límites. Después vinieron Elden Ring y, por último, Dark Souls, cerrando un recorrido que ya no era solo mero entretenimiento, sino algo casi personal y dándome la sensación de que había experimentado tres obras maestras sin igual.
Algo parecido me ocurrió con Berserk. Fue el segundo manga que leí (sigo en ello), y también llegué a él con reservas. La violencia explícita, la crudeza del dibujo y la oscuridad de su mundo parecían excesivas. Sin embargo, a medida que avanzaba, comprendí que esa dureza no era gratuita. Al igual que en los videojuegos de FromSoftware, el sufrimiento no está ahí para impresionar, sino para construir un mundo coherente, hostil y profundamente humano.
Tanto Berserk como Dark Souls presentan universos que no se adaptan al espectador. No hay concesiones, no hay explicaciones claras, no hay una mano que te guíe. El mundo es cruel y seguirá siéndolo independientemente de lo preparado que estés. En los juegos mueres una y otra vez; en el manga, Guts avanza a través de una violencia constante, física y emocional. Pero en ambos casos hay algo fundamental: el mundo no cambia, cambias tú. En otras palabras, te obliga a avanzar sin estar listo.
Progresar en Dark Souls no significa que los enemigos se vuelvan más fáciles, sino que aprendes a observar, a tener paciencia, a aceptar el error como parte del camino. Berserk transmite una idea similar: la vida de Guts no mejora mágicamente, pero él sigue avanzando, incluso cuando todo parece empujarlo a rendirse. Esa insistencia, casi obstinada, es lo que convierte la dureza en una forma de aprendizaje.
Con el tiempo entendí que estas obras no tratan sobre la victoria, sino sobre la resistencia. No prometen finales felices ni redención asegurada. Y precisamente por eso pueden resultar profundamente significativas para personas que atraviesan momentos de depresión o de frustración emocional, como podemos pasar todos en algún momento. No ofrecen un mensaje vacío de optimismo, sino algo más honesto: que seguir adelante, incluso sin garantías, incluso cansado y derrotado, ya es un acto de valor.
Este libro, al poner en diálogo Berserk y Dark Souls, no solo analiza sus similitudes estéticas o narrativas, sino que combina esa experiencia compartida: la de enfrentarse a un mundo que no te debe nada y aun así decidir continuar. Para mí, tanto el manga como los juegos me obligaron a romper prejuicios, a aceptar la dificultad y a entender que el crecimiento no nace de la comodidad, sino de la perseverancia. Y quizá por eso, en medio de tanta oscuridad, terminé encontrando algo parecido a la luz
La edición y las ilustraciones son preciosas, las obras que transita son de lo mejor que se ha escrito nunca, berserk y el universo de FromSoftware son obras maestras sin ninguna duda irrepetibles. No obstante, el texto no está a la altura, y da tumbos entre unas obras y las otras soltando referencias y divagando entre una filosofía muy superficial y los cruces con la vida misma del escritor en un intento de hacer el texto más cercano. Los capítulos no tienen una estructura clara, muchas veces se quedan vacíos e inconclusos, los conceptos se repiten en dos frases seguidas y las redundancias y los errores me sacaron de la narración. Dicho esto, me gustó leerlo por recordar y aprender muchos de los detalles que recoje de obras que amo. Una oportunidad perdida, ya que el proyecto era tremendamente especial, tan especial que pese a lo negativo valoro mucho la propuesta y la valentía de hacerlo real.