Axel Devin es hijo y nieto de campeones de la Fórmula 1. Lleva muchos años entrenando para seguir con el legado familiar y, por fin, ha llegado su momento de competir en la máxima categoría del automovilismo y así demostrar lo que vale, independientemente de cual sea su apellido. Durante su infancia y adolescencia ha desarrollado un complejo de inferioridad que le lleva a pensar que todo lo que hace no es suficiente para poder escapar de la gran sombra de su padre. Axel necesita que confíen en él, no por ser familia de, sino por ser quien realmente es.
Su llegada a Hygge, su nuevo equipo, no será como él esperaba. Johan, su jefe de equipo, no le quiere allí; y los mandamases ven en él una máquina de hacer dinero por ser hijo de quien es, lo que alimenta ese complejo que lleva arrastrando tantos años. Axel solo quiere disfrutar del deporte que ama, pero las presiones que sufre le impiden disfrutar conduciendo el monoplaza. Todo ello le llevará a comportarse de forma chulesca, impertinente y obstinada, impidiendo a los demás conocer quién se esconde detrás de esa fachada, agravando así el problema.
Johan es el nuevo jefe de equipo de Hygge. Él lleva años buscando cumplir su sueño de ganar el mundial de constructores, a costa de sacrificar su vida familiar hasta el punto de separarse de su mujer y vivir alejado de su hijo Aaron largas temporadas, lo que le lleva a sentirse un malísimo padre. Su problema aparece cuando los pilotos de su equipo resultan ser: Fabian, el cual lleva unos años en la escudería, pero con unos resultados mediocres; y Axel, ese novato engreído que parece quererlo todo por ser hijo de quien es, a pesar de estar debutando en la categoría reina. Él necesita ganar para poder sentirse bien consigo mismo y demostrar que todo ese sacrificio ha merecido la pena, pero no lo tendrá fácil con los pilotos, sobre todo con Axel, quien le traerá por la calle de la amargura. Que Aaron sea fan acérrimo del monegasco tampoco ayuda, ya que se verá en la tesitura de tener que pedirle autógrafos a una persona que le irrita sobremanera. Pero gracias a eso, y a empezar a ver el esfuerzo de Axel, pasarán más tiempo juntos y limarán esas asperezas impuestas por los prejuicios, lo que desembocará en unos sentimientos que no se pueden permitir tener.
He disfrutado muchísimo de la historia de Axel y Johan. Para empezar, los primeros momentos entre ellos, cuando no se soportan, son muy divertidos y entretenidos. Ver sus tira y afloja constantes, y esas chispas que saltan en sus broncas pero que dejan entrever algo más que empieza a nacer entre ellos es una verdadera delicia que será una constante en la obra. Porque, como en todo buen slow burn, la relación entre ambos avanza muy despacio. La tensión entre los protagonistas es algo palpable hasta su culminación al final del libro.
Todos los problemas que surgen cuando son conscientes de sus sentimientos están tratados de una forma muy real. De todo ello me quedo con que da igual cuanto quieras protegerte, siempre habrá gente que quiera dañarte y juzgarte, por lo que lo mejor que puedes hacer es amar sin ataduras y ser feliz.
En definitiva, ambos protagonistas son muy reales. Están en dos momentos muy diferentes de sus vidas, pero ambos buscan cumplir sus metas y anhelan una felicidad que, hasta el momento, se les ha sido negada.
Pero no todo son los protagonistas, ya que en esta novela tenemos un plantel de secundarios bastante interesante. Primero tenemos a Aaron, el hijo de Johan, quien nos traerá esa inocencia típica de la infancia, pero también nos mostrará el anhelo de un niño por estar con su padre.
Luego después tenemos a Andrea, compañero y amigo de Johan en Hygge, además de ser el ingeniero de carrera de Axel, lo que le coloca en un lugar privilegiado a la hora de ver lo que se cuece entre ambos. Él aparece en contadas ocasiones, pero demuestra la lealtad que tiene hacia su amigo en todo momento.
Pero de entre todos los secundarios destacan: Fabian, el piloto compañero de Axel en Hygge; y Dibra, la primera mujer en competir en la Fórmula 1. Ambos también se llevan a matar desde el principio del libro. Él es un bocachancla que necesita un curso de control de la ira; mientras que ella es un amiga fiel de Axel con problemas de mal humor, sobre todo cuando Fabian está cerca. Ambos serán los protagonistas de la siguiente novela de la autora y tienen un capitulo introductorio al final de este libro, el cual me ha dejado unas ganas enormes de conocer su historia.
NOTA: 9 / 10