Carta abierta de un exfiscal a un país bajo la corrupción.
Carlos Gajardo fue el fiscal que lideró el caso Penta, uno de los mayores escándalos de corrupción en Chile en las últimas décadas y que afectó a la clase política de manera transversal. El caso terminó con su salida de fiscalía. Ahora, dedicado a ejercer como abogado y analista en medios de comunicación, se refiere a la crisis que atraviesa la justicia chilena.
Tras las revelaciones del Caso Audios y el tráfico de influencias de Luis Hermosilla, sus críticas al manejo de los casos más emblemáticos y su mirada sobre la crisis de las instituciones cobra mayor relevancia. En esta "carta abierta" aborda desde su experiencia y conocimientos temas como el poder, el sistema penal, su salida d de la fiscalía, el rol de la justicia, la asimetría entre lo privado y lo público, la ingerencia de lo político y la impunidad. Así como las grandes amenazas que se ciernen sobre el país, el crimen organizado y los tiempos inciertos que se avecinan.
“Pero al final lo que queremos como sociedad es tener funcionarios públicos haciendo su pega. Al final del día, tampoco es algo tan extraordinario ni tan difícil.”
Siempre que veo al abogado Carlos Gajardo en la tv hablando de temas judiciales, le presto mucha atención. Por todo lo que dice, es alguien que me genera credibilidad. Me cae bien. Después de leer su libro, me simpatiza aún más. Sin tapujos y con valentía, aborda un tema complejo: la corrupción en Chile.
A modo de autobiografía, el autor nos cuenta de sus inicios como abogado y, sobre todo, su trabajo como fiscal en el Ministerio público. Ahí enfrentó casos emblemáticos vinculados a delitos económicos en Chile, como Penta o SQM, que incluían cohecho, fraude tributario o financiamiento ilegal de la política. Llevó a juicio a empresarios y políticos, enfrentándose, incluso, al propio poder judicial.
El libro habla de temas que me molestan. Es indignante ver la impunidad con la que opera parte de la clase política (tanto de izquierda como de derecha) y los grandes empresarios. Al parecer la justicia no es igual para todos y el poder compra salidas alternativas, como clases de ética, acuerdos o simplemente el cierre de los casos. Por eso, en tiempos de tanta desinformación y una prensa que parece cómplice, libros como estos son necesarios. Nos muestran una realidad incomoda, pero también acerca estos temas a la gente. Ahora bien, para ser sincero, pese a lo interesante del contenido, el libro es algo simple. Creo que le faltó mayor profundidad en algunos casos. Yo quería saber más y me quedé con la sensación de que varias cosas ya las conocía por la prensa. Pero bueno, el libro esta escrito de forma cercana y permite que estos hechos sigan en nuestra memoria (así como también aquellas frases como el despreciable “raspado de olla” o la ingeniosa “somos tontos…” que le da título al libro). Eso para mí es valioso ya que en Chile tendemos a olvidar rápido y ser demasiado generosos con quienes no lo merecen.
Durante mi adolescencia, solía escuchar que Chile era un país libre de corrupción. Nos enorgullecíamos de eso, pero la realidad era muy distinta. Ojalá algún día la situación mejore y quienes deban rendir cuentas, lo hagan. Llámenme iluso, pero todavía tengo algo de fe.
Reflexión incómoda pero necesaria sobre la fragilidad de la ética pública en Chile. Invita a repensar el rol del Ministerio Público, la cultura de cumplimiento normativo y, en definitiva, nuestra tolerancia social frente a la corrupción “de cuello y corbata”. "Al final lo que queremos como sociedad es tener funcionarios públicos haciendo su pega. Al final del día, tampoco es algo tan extraordinario ni tan difícil."
Creo es más un ensayo extendido o recordatorio que un libro tan macizo. Le alcanza, no obstante, para exponer con claridad lo que a tantos chilenos nos indignó: la impunidad de la corrupción. El texto tiene reiterados ripios de redacción, más allá del disclaimer inicial del autor sobre sus limitaciones al respecto.
Trabajé como apoyo de navidad en una librería, durante ese tiempo solo un par de libros llamaron mi atención, siendo este uno de ellos. Los sucesos relatados ocurrieron en una etapa de mi vida en que recuerdo mejor mi obsesión con la serie Glee en lugar del escándalo político-económico que vivía mi país, no me molesta particularmente, tenía 14-15 años y aprendí bastante inglés. Lo que sí me incomoda admitir es que cuando alcancé madurez y conciencia social, no me molesté en investigar o informarme sobre estos casos, a pesar de que son bastante mencionados hasta el día de hoy. Por ello, leer este libro fue completar un rompecabezas del cual solo conocía el título y la esquina de las clases de ética. Es cierto que sigo siendo bastante ignorante sobre cómo funciona la justicia en Chile, pero creo justo decir que entender estos casos de la mano del fiscal que las investigó me ha dado un marco general que me intranquiliza bastante, básicamente todo depende de que estos (en su mayoría) hombres poderosos hagan su trabajo con una decente medida de ética y moralidad, y eso es mucho pedir. Admiro y agradezco el trabajo del fiscal Gajardo para hacer todo lo que estaba en su poder por investigar estos crímenes y ser imparcial con los delincuentes, no fue un libro perfecto pero seré parcial porque todos los chilenos deberíamos saber lo que sucedió, cómo sucedió y quiénes fueron las personas que se vendieron y con ello traicionaron a la patria (no eres patriota por odiar a los inmigrantes o a la delincuencia, eres patriota cuando pones primero a la ciudadanía invisible y muda en vez del empresario que te ofrece dinero por ser su mozo). -Con todo el respeto a los que trabajan de mozos en servicio al cliente :)
me da la impresión de que algunos acá abajo exigen un tratado de 1000 páginas sobre corrupción y dinámicas de poder... El libro no lo pretenende en ningún minuto, es cortito, pero creo que todo chileno debería leerlo, refresca los casos mas importantes de corrupción de la dècada pasada y lo conecta con los actuales, con nombre y apellido
"Somos tontos hasta las doce” es una obra muy personal escrita por el exfiscal C. Gajardo, en la que relata su historia personal y profesional. Según sus propias palabras, su motivación para escribir este breve pero esclarecedor libro fueron las revelaciones de las conversaciones entre el abogado L. Hermosilla y el exfiscal M. Guerra, en las que confabulaban para apartar a Gajardo y Norambuena de los casos más importantes sobre financiamiento ilegal de campañas políticas.
El libro es sencillo y transparente respecto a las motivaciones de Gajardo para dedicarse a las leyes y cómo se comprometió con profesionalismo y rigor a investigar casos de alta complejidad y gran exposición mediática, a pesar de los obstáculos que encontró en el camino.
Cabe destacar que el texto deja muy claro cómo el sistema político, en su conjunto, movió y utilizó todos los medios posibles para detener una investigación que involucraba a todos los partidos políticos y que podría llegar hasta las campañas de los expresidentes M. Bachelet y S. Piñera. Los antecedentes expuestos demuestran que grandes empresas del país utilizaban medios ilegales para traspasar fondos a diversos candidatos. No obstante, cuando la bola de nieve siguió creciendo, el peligro de derrumbar todo el sistema se hizo demasiado grande. Y, como dicen en EE. UU., “too big to fail”. La investigación tuvo que detenerse.
Leer estas páginas produce algo de rabia. Recuerdo personalmente ser testigo de los meses en que se destapó la olla del financiamiento ilegal y, con poca sorpresa, ver cómo se les puso freno y se usaron oscuras manipulaciones para detenerlos. Obviamente, no es sorprendente que, pocos años después, el país estallara en protestas nacionales y violentas en contra del sistema político y la élite de Chile. Los mismos que temblaron y se asustaron cuando las calles se llenaron de personas protestando fueron los que plantaron las semillas de la insurrección. No quiero decir que esta investigación fue la única causa, pero debe estar entre las principales. Este libro es muy necesario para la memoria política nacional."
Somos tontos hasta las doce intenta ser una reflexión sobre la justicia chilena en tiempos de descomposición institucional, pero su lectura deja la impresión de un alegato personal más que de un análisis estructural. Carlos Gajardo, figura pública desde el caso Penta, escribe desde la experiencia del desencanto: un exfiscal que conoce los engranajes del poder y las resistencias que impiden cualquier reforma real. Ese punto de partida podría haber dado lugar a un ensayo lúcido sobre la corrupción y la fragilidad del Estado de derecho, pero el texto se inclina hacia la exposición autobiográfica y el ajuste de cuentas.
La prosa es directa y el tono busca la indignación del lector, pero el resultado carece de distancia crítica. Gajardo recurre a la primera persona como plataforma de denuncia, sin transformar su experiencia en una interpretación más amplia de los procesos judiciales y políticos del país. Los diagnósticos sobre el Ministerio Público, el poder empresarial o la clase política resultan previsibles y se reiteran sin aportar nuevos datos.
El libro gana relevancia coyuntural por la coincidencia con el Caso Audios y el deterioro de la confianza pública, aunque su tratamiento roza el panfleto. Lo que podría ser una contribución al debate termina como testimonio autorreferencial, donde la figura del autor eclipsa el fenómeno que intenta explicar.
En "Somos tontos hasta las doce", el reconocido exfiscal Carlos Gajardo —famoso por su rol en los casos Penta, SQM y otros de connotación pública— nos introduce en los entretelones de las investigaciones que lideró. El autor expone la dificultad y la sensación, a veces utópica, de hacer justicia en Chile, especialmente cuando los investigados ostentan grandes cuotas de poder. El libro no solo se centra en lo judicial, sino que también nos permite conocer la dimensión humana de Carlos Gajardo: desde sus orígenes en Curicó y su traslado a la capital para sus estudios, hasta sus primeros pasos en el sistema judicial. Luego aborda los casos más mediáticos bajo su cargo, como el de María del Pilar Pérez (conocida en los medios como "la Quintrala"), dando paso al Caso Penta, que lo inmortalizó con la famosa frase que da nombre a este libro. Mientras se avanza en la lectura, el libro deja una amarga sensación de injusticia y de la impunidad que gozan ciertos privilegiados. Gajardo deja en claro que en este país, en muchos casos, se encarcela a los más pobres, no a los criminales poderosos. Aun así, se agradece profundamente este ejercicio de revisionismo y denuncia para que la ciudadanía no olvide dónde reside el verdadero poder detrás del poder.
Este libro no cuenta nada nuevo, nada que no sepamos. Todo lo relatado es público y, de alguna manera se sabe.
Pero leerlo de primera mano, enterarse de detalles reveladores de una fuente directa, no tiene precio. Es más, es un importante testimonio de cómo son las cosas y de cómo se puede horadar a la democracia chilena. Vale mucho la pena leerlo y tenerlo en los hogares como un recordatorio de lo que no se debe hacer en política y en ningún ámbito de la vida.
Es un libro muy sencillo y rápido de leer. Una especie de descarga de Gajardo sobre como se dió todo el proceso de Penta, SQM y un poco el rol de Hermosilla. Todo está explicado brevemente, no es un libro complejo ni periodístico, pero es entretenido y entendible para cualquiera. Quizás su "pecado" sea ser muy autobiográfico, pero -al menos en mi caso - es interesante leer y conocer más al ex fiscal. Recomendable para refrescar la memoria de algunos nombres que se nos han estado escapando en los últimos años.
La vida del fiscal, esta comprometida con la justicia, no asi con unos compañeros, que tratan de persuadir por otros lados, beneficiandose con politicos y tratar asi de cambiar El rumbo de los negocios qué tienen a mal traer, abogados que se vendieron de una manera vergonzante, y que algunos que tienen ética por lo estudiado deciden dar un paso atras y no contemplar lo que a sus espaldas estan sucediendo.
Un libro liviano, escrito como si estuviera hablando. Estaba pasando por un largo bloqueo lector y este texto logró atraparme gratamente, leyendo entre reuniones, momentos libres o cortos paseos en micro. Pueden pillarse algunos errores de redacción, pero también tiene, dentro de un lenguaje sencillo, un vocablo muy interesante para aprender palabras nuevas (favorito personal: pírrica/o). Así que lo recomiendo y lo guardo con cariño en mi estante.
Me pareció una interesante combinación entre crónica jurídica-biográfica. A ratos sentí que faltó profundidad en el abordaje de los delitos, las causas y las dinámicas de poder, mientras se priorizaba más la manera en que el autor vivió los hechos. Varios casos se abordan muy tangencialmente, solo como contexto. Por esto último, creo que el título le queda un poco grande.
Este libro es entre un pequeña auto biografía y una crónica sobre algunos de los casos más importantes de Chile: caso SQM y caso Penta. Gajardo es uno de los fiscales principales a cargo de estos casos y nos relata en un lenguaje sencillo como se dio el trabajo legal y de investigación, con el agridulce resultado de exponer a los culpables, pero la sobre influencia que tienen los más poderosos para influir sobre la ley.
El libro es muy corto y Gajardo relata de forma entretenida como se fue destapando la manipulación maliciosa del sistema tributario. En resumen, se coordinaba alguien del SII y algún contador/financiero de una empresa (en este caso SQM y Penta) para emitir facturas/boletas fraudulentas, de forma en que se manipula la devolución de impuestos, generando una ganancia monetaria para los involucrados.
De una persecución de agravantes con las manos en la masa, pasamos a un relato amargo donde la manipulación política se sale con la suya. Las cabezas grandes de la política y empresas se salvaron a través el tráfico de influencias. La parte más decepcionante es cuando entra en juego Manuel Guerra, el fiscal encargado de pasar todo el trabajo por el lodo, para salvar a los imputados. De todas formas, el libro termina en una nota de positivismo al futuro. Estos casos con los de Hermosilla, son instancias para ir mejorando la transparencia en la política y el tráfico de influencias. Se evidencian las malas prácticas, para que en el futuro se puedan evitar o perseguir.
En el muro de la vergüenza tenemos a: Carlos Eugenio Lavín y Carlos Délano (grupo Penta, los de las famosas clases de ética) y políticos que se beneficiaron para sus elecciones Jovino Novoa, Ena von Baer, Iván Moreira, Pablo Zalaquett, Laurence Golborne y Andrés Velasco Brañes. Como dato curioso, la frase "el raspado de la olla" se le asocia a Iván Moreira porque en unos de los correos solicitando financiamiento para su campaña, pide ayuda a Penta usando esa frase.
En un libro muy enriquecedor. Es una parte importante de la historia política y criminal de Chile. Se aprende de como funciona la fiscalía y da pasa a aprender para mejorar las instituciones chilenas involucradas con los impuestos y la ley.
Tuve el placer de tener clases con Inés Horvitz quien levantó mi interés por las causas penta y sqm Un Libro que retrata las fallas del poder judicial sin ser difícilmente técnico, cualquiera podría leerlo teniendo o no teniendo conocimientos sobre derecho, una de las lecturas más relevantes sobre el poder judicial chileno
La frase de bielsa que cita (traguen veneno, que todo se equilibra) resume la sensación con la que me quedé al terminar el libro, hay una conexión de hechos que atrapa la lectura y las reflexiones de cierre muestran la visión panorámica
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Muy buen libro que explica de manera muy amigable y fácil de leer uno de los principales casos de corrupción del país. Totalmente recomiendo a quienes les interesa el tema o simplemente quieren entenderlo mejor .
Es un relato personal necesario de cómo se manejan y han manejado los abusos de poder en nuestro país. Cuestión que aumenta y aumenta sin tener, al parecer, solución inmediata. Quede con gusto a poco en cuanto a extensión. Felicitaciones al ex fiscal y abogado Carlos Gajardo por su libro.
Libro entretenido e interesante para saber cómo funciona la justicia chilena de primera fuente. Por sobre todo creo que es un libro bastante pedagógico, al menos, para alguien que no pertenece al mundo de las ciencias sociales. Lectura sencilla y ágil.
Me interesó mucho durante la lectura que esté escrito desde la propia perspectiva del autor, que pueda recorrer su historia y mirar los hechos con distancia. Dentro de la frustración, me contagió un poquito de esperanza su trabajo y su visión.