«Ser o no ser mamá no es una decisión que deba tomarse para llenar un vacío;debe ser una decisión que se tome desde la plenitud.»
La idea de que las mujeres venimos al mundo a ser mamás nos parece normal, el colectivo lo anhela; pero muchas individualmente no lo sienten así. Es muy difícil decidir que no quieres nos da miedo arrepentirnos, perdernos de un gran regalo de vida, tener un bebé y no sentirnos plenas.
Esther Iturralde —life coach espiritual y autora de Síndrome de un corazón roto— nos presenta en este libro un espacio íntimo que te llevará por la reflexión profunda de tu relación contigo misma, para explorar las posibilidades, los miedos, el fomo, la incertidumbre alrededor de ser o no ser mamá; pero, a la vez, será una guía para encontrar contención frente a una decisión que difiera del deseo colectivo de procrear.
Este anhelo no es mío es un libro que honra la maternidad, pero que también muestra que no es un camino único para las mujeres. Ser mamá tendrá sus retos y sus hermosos regalos de vida, al igual que no serlo. Por eso, en estas páginas , se busca el camino auténtico del corazón individual y que cada mujer pueda honrar sus anhelos para decidir el rumbo de su autorrealización.
Este anhelo no es mío, de Esther Iturralde. Seguramente te preguntarás por qué estoy leyendo esto si yo ya tengo dos hijos, ¡ja! Verás, este libro lo vi varias veces en redes sociales y, por alguna razón, me llamó la atención. Me dedico a la educación y, honestamente, creo que la maternidad y la paternidad están en crisis. No porque no se pueda —claro que se puede—, sino porque algo está sucediendo con esta generación de padres que evita, posterga o simplemente no ejerce bien este rol. Esa fue la primera razón por la que compré el libro. Porque siempre digo: “Si no vamos a hacernos responsables de todo lo que implica ser padres… ¡no tengamos hijos!” Y quizá también lo compré por otra razón: porque aunque ya tengo dos hijos, uno nunca termina de hacerse preguntas incómodas. Ser mamá no viene con un manual (aunque a veces quisiera uno con diagramas, advertencias y botones de emergencia). Cada etapa te confronta, te mueve, te descoloca… y te invita a mirar hacia adentro. Y justo ahí está lo bueno de este libro: el AUTOCONOCIMIENTO la AUTOEXPLORACIÓN. Creo que por eso hay tantos niños que aunque tengan padres están un completo abandono. Y ahí es donde este libro me tocó una fibra. Porque más allá de las técnicas o teorías, habla de algo que pesa mucho más: la responsabilidad emocional que tenemos como adultos frente a los niños que llegan a nuestra vida. Y eso, al menos para mí, no depende de cuántos hijos tengas, sino de la disposición que tienes para crecer junto a ellos. Lo abrí con la intención de entender qué nos está pasando como generación: ¿Por qué hay tantos padres cansados, desconectados, reactivos? Y sí, sigo en la misma postura: NO TENGAS HIJOS si no vas a ser capaz de hacerte responsable de todo lo que vienes cargando desde tu niñez. Porque, al final, los hijos no vienen a completarnos, a salvarnos ni a llenar los huecos que nunca supimos nombrar. Los hijos llegan con su propia historia y necesitan adultos que sepan sostener, no adultos que sigan buscando quién los sostenga. La infancia que no sanamos se convierte, tarde o temprano, en la forma en que criamos. Y es muy fácil repetir lo aprendido, reaccionar desde la herida, educar desde lo que nos faltó o desde lo que nos sobró. Difícil es detenernos, mirarnos y decir: “aquí estoy actuando desde mi pasado, no desde mi presente.” Para mí, ser mamá ha sido también un ejercicio constante de honestidad: reconocer lo que duele, lo que pesa, lo que me formó… y lo que ya no quiero que siga formando a mis hijos. Y aunque no exista la crianza perfecta (porque no existe), sí creo que existe la crianza consciente. Esa en la que te responsabilizas de lo tuyo, para no convertirlo en la carga de ellos. RESPONSABILIDAD!!!
Ya para terminar, si te andas preguntando si vas a querer tener hijos o no, te lo digo desde ahora: este libro no te dará la respuesta. Lo que sí hará es abrir una puerta —una de esas que a veces evitamos tocar— para que empieces a preguntarte muchas cosas sobre ti: sobre quién eres como ser humano, sobre tu libertad, sobre tu historia, sobre lo que sabes y lo que aún no has querido ver. Te invita a mirarte con sinceridad, a reconocer lo que cargas sin darte cuenta, a observar las heridas que hiciste tuyas cuando eras niño y que hoy siguen guiando decisiones, reacciones y miedos. Pero, sobre todo, te recuerda algo esencial: la responsabilidad de limpiar, sanar y mejorar aquello que aprendimos sin cuestionarlo, todo lo que se quedó pegado a nosotros con el paso del tiempo. Tener hijos no es el punto. El punto es quién eres tú cuando te miras de frente. Y ese, creo, es el mayor regalo de este libro: te mueve, te confronta y te invita a crecer… con hijos o sin ellos.