Se entra al cerro subiendo por unas palabras, se va por él diciendo algo, mirando las piedras, el cielo, un bicho. Viaje interior o caminata por el afuera, entre la luz y el viento. En una segunda parte, se trata de otros cerros: los nevados de los Andes, las montañas del pintor chino Shitao o la de Saint-Victoire que Cézanne pintaba una vez y otra; y está también la montaña de los signos de Antonin Artaud.
En “Otros pasos”, la siguiente sección de este mismo libro, se asiste al hundimiento de antiguas embarcaciones, se considera el fin del mundo, se acompaña la soledad de un cometa o vemos deslizarse una langosta de cerámica. O se sienta uno en una silla. Y en la segunda parte de esta sección, ya también, se acaba por pasar a un lugar completamente desajustado y en el que se devuelven los gatos a la lumbre. (J.C.M.)
Este poemario me deslumbró ya con sus primeras páginas. Mac Lean escribe con un equilibrio justo entre erudición y sensibilidad, desde la contemplación y el asombro.
La primera parte de este libro es una exploración poética del cerro, de los elementos que lo conforman, de aquello que lo nombra. Mac Lean recorre el cerro a pie, lo recorre con palabras. Entiende que el cerro es la suma de sus partes, y que estás son tan diversas como la piedra y el cielo, el cactus y la quebrada, el canto del pájaro y los pasos del hombre. Es paisaje y es memoria, el cerro de su infancia es el mismo de sus padres: “pero sabíamos de la sombra / que traía del cerro / de los idiomas de quebradas / de la multitud de piedras blancas / sabíamos de aquellas heridas incurables / de aquellas estrellas avistadas a lo lejos / de las nadas y los riscos donde / mi padre caminaba y caminaba”.
La segunda parte, sin embargo, deja el cerro atrás y se ocupa de lo cercano. En algunos de estos poemas se esconde una gran herida; en otros, se contempla las cosas pequeñas: un grillo, una silla, una lata, bien miradas, revelan tanta materia poética como la soledad de un cometa, el cese repentino de la lluvia, el paso de la historia en las páginas del tiempo: “hace unos dos millones / ochocientos mil / años / por aquí, en Ledi-Geraru / el sol / daba vueltas alrededor de la tierra / los animales olfateaban estrellas y distancias / los árboles hablaban con los cielos”.