Mamá, si durmieras con una aguja bajo la almohada,¿recordarías tus sueños?
La enfermedad va borrando poco a poco los contornos del pasado de una mujer que es visitada todos los días por su hija. Atrapada en un mundo de brumas, la madre se aferra al bordado como si solo con hilo y aguja pudiera retener algo de sí misma. En sus dedos temblorosos habita una memoria, y en ese gesto repetido, casi ritual, comienzan a emerger fragmentos de una historia familiar marcada por el silencio y por la desaparición de una de sus hijas, cuya ausencia pesa tanto como su recuerdo.
Con una prosa delicada y feroz, Juliana Muñoz Toro construye una novela sobre los vínculos femeninos, el abandono y las formas que toma la memoria —aun la más rota— para dibujarnos un futuro. Un relato íntimo y punzante donde el olvido no es el final, sino una puerta entreabierta hacia los secretos del pasado.
Escritora y periodista bogotana. Estudió la maestría de Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York y es autora de varios libros que combinan las trampas de la memoria con el realismo lírico como "24 señales para descubrir a un alien", "A la sombra de un naranjo", "Diario de dos Lunas", "El vuelo de las jorobadas", "La Quitapenas" y "Albina". También es docente y bordadora de historias.
«El tiempo nos desteje naturalmente: de abrigo volvemos a ser ovillo y podemos transformarnos en algo más. En cambio, la desmemoria nos desborda y no volvemos a ser iguales: las hebras rotas; la tela de lo que fue, rasgada.»
«¿Sabes por qué las mujeres bordamos para esperar? (…) Porque la espera se acaba cuando tomamos la labor (..) es aquí en la tela, donde se entrelazan todos los tiempos y quienes no están se hacen presentes.»
«Los hilos perdidos», de la autora colombiana Juliana Muñoz Toro, me permitió realizar un viaje a la memoria de muchos momentos que tuve el privilegio de compartir con mi abuelita materna. Cada vez que veo tejidos o leo al respecto me acuerdo inmediatamente de ella y su cajita de costura. Mi mami también tejió, en menor medida -todavía tengo su máquina de coser-, pero en varios diciembres las tres nos sentamos a bordar individuales navideños; son recuerdos que me acompañarán el resto de mi vida, «con el hilo habitábamos cómodamente nuestro silencio y nos sentíamos una al lado de la otra (…).»
La autora nos regala un relato bellísimo acerca de la pérdida de memoria de la mamá y cómo la aguja y el hilo son su ancla al mundo, «La única forma en que podía ayudarla, por lo menos a que pensara en algo más que en los laberintos en los que ella sola se metía, era cuando le pedía que bordara algo para mí. De esa manera, recuperaba su rol de madre y sacaba fuerza, decisión. La creatividad derrotaba su dependencia.» Además, evoca experiencias de la niñez asociadas al tejido, y el recuerdo de la hermana desaparecida.
Leyendo cada página se destaca la labor de cuidado hacia la mamá, el duelo, lo complejo que es ver a un ser amado perder la memoria, la necesidad de aprovechar los momentos de lucidez para recordar el pasado. De igual manera, afrontar la ausencia de un ser querido: ¿por qué se fue?, ¿dónde estará?
Es un libro hermoso en el que me sentí acompañada por mis dos angelitos, mi abuelita y mi mami, lo que lo hace inolvidable.
¡Super recomendado!
¿Ya lo leyeron?
*Más reseñas en mi blog de instagram @luzangelalectora
Este libro no se abre con el paso de derecha a izquierda de sus guardas. Inicia en el tacto. Quieres tocar esos hilos de la portada, sentir la trama, su puntadas, descifrar esas figuras puestas en infinito. Desde que llega a tus manos sientes el detalle, la nostalgia, el ingenio con el que ha sido creado.
Te quieres quedar ahí, tocando. Sabes que esas pájaras tienen una historia. La tuvieron, la tienen, la tendrán. Si eres detallista verás la aguja que ha atravesado todo pero que pincha el vientre de la mayor. Todas se entretejen y ahi en ese infinito hay ya una historia, y una ronda a la vez.
Abres. Empiezas a desmadejar.
Las primeras palabras son contundentes. Una imagen es clara, la de una tela de araña que se revela en el ramaje de los huesos de la mano. Sabes, al leer este párrafo, que el libro te conmoverá. Las manos de la abuela siempre han estado presentes entre tus fibras. Sentí que sería mi historia, que volvería a ese cuarto de costura en el que pasé muchas tardes en compañía de su respiración, sus pequeños tarareos y la media luz de la máquina.
Al pasar las páginas sentirás, tal vez y también, como me pasó a mi, punzones de aguja en el corazón, cerca al pecho. Esos punzones son el tiempo que viene a visitarte. Las historias familiares, los recuerdos que nos son experiencia, nos conforman a todas como una extraña trama. Y para eso existen los libros como este.
Sabes, ¡por supuesto!, desde la quinta línea que este libro se trata de la memoria. Pero no. Ante todo, se trata del tiempo. De ese que no vemos sino en las pequeñas cosas: en un chocolate bien caliente y servido, en las tardes en compañía del silencio de la soledad de la abuela, en la máquina y su magia para convertirse en un ave o en una nave espacial. En este caso será de las manos de ella, tu madre, la caja de costura de tu hermana y los rincones de esa casa mientras bordas en su compañía.
El tiempo es indescifrable. Se materializa en la memoria y en la desmemoria. Al mismo tiempo sólo lo podemos ver en un pañuelo bordado, en la bufanda tejida, en el uniforme confeccionado. La madre, la hija y la hermana se encuentran en esos des-tiempos, son una y son todas deshilachadas, des-conocidas. Se pierden tanto que, a veces, sólo se ven en los sueños.
Creo que este libro se trata del tiempo cuidado. O del cuidado del tiempo. Cuando el pasado se borra no hay nada más que rehacer el presente. No hay secretos que no se revelen nunca, no hay pasaje o ausencia que quede infinita. Todo vuelve, retorna, se gesta y se hila nuevamente en otras formas.
Aquí la lengua es el hilo, la palabra se pierde y si se pudiera todo se narraría, como los quipus, tocando, sintiendo, viendo los colores y las texturas de esas figuras pasadas por la aguja. El nudo y su textura es la historia, solo sintiéndola, tocándola, pasando tu cuerpo por ella, podrás descifrar el pasado y el futuro de las Moiras.
Gracias Juli por este libro y por tannta inspiración.
Me siento atravesada por este libro. Me siento inrerpalada por los intentos de mis manos por bordar telas y tejer lanas que me acerquen a mi mamá y a mi abuela, a tener en común un pasatiempo que nos una cada vez más y prolongue el olvido que estamos destinadas a vivir.
Este libro movió mis fibras, me dió imágenes bellísimas y tejió una relación inolvidable entre sus personajes. Además, refuerza aún más mi amor por el mundo de los hilos!
si fuera por mi, le pondría un 5 solo por las frases y por la historia, la memoria que guardan las palabras escritas en este libro. fue una muy bonita experiencia de lectura y por eso merece un 4.5
Amo a las escritoras colombianas. Este libro de Juliana es espectacular, es como hacer un bordado, con calma, sintiéndose acompañada y en permanente diálogo. Precioso