(3.5/5) Estimulante, poético, derriba mitos. Toda una píldora contra el racismo y la islamofobia, además de una lección de ética espiritual. E informativo.
Pero también un opúsculo contradictorio, fantasioso en parte (iluso, podríamos decir), algo lógico proveniendo de un autor que, en pos de la justicia y la verdad, pese a pertenecer a la cultura occidental, se refugia en un Islam un tanto idealizado, en vez de haber acudido a herramientas que tenía más a mano...
Me explico. Lo que es extraño es que Abdennur, pudiendo haber hallado herramientas políticas y espirituales éticas más directas en la mística cristiana, la sabiduría griega, el psicoanalisis post-lacaniano, y un largo etcétera, acuda a un cherry picking en el Coran y los hádices. Empeño muy bueno y que ojalá tenga éxito, pues pertenece a un grupo minoritario dentro del Islam.
Son muchos los budistas, cristianos, marxistas, heideggerianos (etctera) capaces de defender casi punto por punto lo que aquí desarrolla Abdebnur. Siempre es un wishfull thinking, impulsando unas tradiciones y sentencias y tapando (o negando) textos y sentencias más duras y agresivas (así como la realidad práctica, que contradice el ideal de los textos).
No es un ataque a la religion, sino poner de manifiesto que la búsqueda de lo ético espiritual se puede hacer en todas las tradiciones (o casi), pero que eso se puede quedar en una defensa del "buen salvaje anarquista" como hace Abdebnur (recomiendo como antídoto "Post-Anarquism" de Saul Newman), cayendo en un delirio ideal que mantenga el status quod terrible de todas las religiones instrumentalizadas por el poder.
Convertirse al Islam como acto ético no difiere de convertirse a otras creencias filosóficas, ideologicas o religiosas. Quizás haga falta algo más: menos etiquetas, más eclecticismo, y menos dosis de utopismo... Todo esto suele quedarse en poco efecto práctico, pese a que, subrayo, leer libros como éste hacen un gran favor a la tolerancia y la justicia. Siempre y cuando no se tome el Islam como el único camino, ni se caiga en el proselitismo unívoco del autor.
Dicho esto, sí, es plausible entender el Islam como anarquismo místico. Y ojalá esa interpretación tuviese éxito. Como también se la deseo al cristianismo como anarquismo místico, al budismo zen y a la filosofía europea.... Pero soy escéptico si nos quedamos a un nivel romántico y puramente mistificador: demasiado etéreo.