Haber leído Espírito Animal de Adriana Criado ha sido todo un viaje que, si bien me veía venir, no esperaba que me fuera a marcar tanto como lo ha hecho y la razón es muy sencilla: Adriana ha dado a sus protagonistas de problemas reales con los que empatizar, y siendo el tema principal del libro la sanación, el reguero de lágrimas que he dejado mientras lo leía podría llenar ríos.
Los dos protagonistas de este libro ya los pudimos conocer en Espíritu Salvaje y no deberían necesitar presentación pero aquí va: Mackenzie es una joven entusiasta, diseñadora de moda y soñadora que arrastra el trauma de un pasado que no la deja avanzar. Tate, por su parte, es un joven dedicado por completo a Oasys: sus caballos, su pueblo Nahkoia y sus amigas. Pero él también tiene un problema: él es mestizo y no se siente ni blanco ni nahkoia, y la difícil relación con su abuela materna hace todo más complicado.
Es cierto que, lejos de ser un cowboy romance simple y al uso, Adriana Criado ha sabido dar un libro de romance diferente dentro de lo que uno puede esperar dentro de esta categoría de libros, además, que algo bien hecho es la existencia REAL de los cowboys, con caballos como protagonistas y no solo un mero escenario estético de fondo. En este sentido, lo prometido es entregado, no como otros libros virales que tienen de cowboyromance el rancho que aparece en la cubierta.
Perdón, dejo de ser tan hater.
Algo bien trabajado en este libro y, como bien he dicho al principio, es la sanación. En este ámbito, la autora ha hecho un trabajazo y he conectado con los personajes desde el primer momento. Es cierto que, de primeras, Mackenzie es la que se lleva la palma porque no solo está hundida en el trauma del accidente, sino que también está condicionada por la necesidad de avanzar y ser capaz. Su viaje, por tanto, es palpable desde el inicio hasta el final. Creo que a través de este personaje la autora ha plasmado a la perfección las subidas y caídas, lo tortuoso del camino de la recuperación y lo fáciles que son las sonrisas públicas que callan todo un agujero negro. Por eso Mackenzie me ha enamorado, y verla en este libro ha sido precioso.
Tate, por su parte, ha sido el que más me ha conmovido. Es cierto que puede parecer complicado sentirse identificada con un personaje cuya identidad personal y social está dividida entre una persona blanca y un nativoamericano, pero es el sentimiento de pertenencia el que Adriana ha descrito tan bien que es imposible no identificarse. Creo que la fuerza de este personaje ha residido precisamente en encontrar ese punto intermedio que hay en la vida: esa forma que tenemos de relacionarnos con el entorno pero también con lo que elegimos, y el cómo el resultado de esos dos mundos colisionando es lo que somos. Es por eso que me ha encantado toda su trama y es que lo que Adriana ha hecho con los nahkoia ha sido, simplemente, perfecto.
Ahora bien, ¿qué puedo decir del friends to lovers que tenemos en este libro? Que es perfecto, que arrasa con todo, que a pesar de ser algo que no me suela gustar porque nunca le veo la chicha, Adri ha conseguido darle unos giros que me han tenido llorando por estos dos personajes. Porque, en serio, a veces uno solo piensa en lo solo que está y lo bonito que es leer a dos personas enamorarse y quererse, aunque no existan.
Creo que queda bien claro que he amado este libro con toda mi alma, pero si no, déjame ser más directo: LEE ESTE LIBRO. LEE LA BILOGÍA. LLORA CONMIGO. ESTOS COWBOY ROMANCE TIENEN CABALLOS, TIENEN CUADRAS, TIENEN TODO LO QUE DEBERÍA TENER UN ROMANCE DE ESTE ESTILO Y TE LO ESTÁS PERDIENDO. ASÍ QUE MUEVE ESOS DEDOS Y ENCARGA EL LIBRO (preferiblemente en tu librería de barrio de confianza). ¿A QUÉ ESTÁS ESPERANDO? VAMOS.