‘Herencia de estrellas’ es hablar de una distopía, con más forma que contenido y, sustancialmente, con mensaje Filosófico relevante de fondo, dentro de la sci fi clásica. La obra de Simak es tranquila, pausada, de tono ensoñador y costumbrista al mismo tiempo. Se encuentra a caballo entre la fábula y la fantasía, hablándonos de la búsqueda del país de las estrellas (El Otero del Trueno en la narración) por parte de sus variopintos protagonistas principales, cada cual más especial y distinto: un chico huérfano, un caballo, una bruja, un robot, una serpiente y un par de seres sensitivos. Así pues, partimos con la travesía Mística-significativa, pero asequible, (que abarca casi toda la obra) de unos supervivientes - descendentes después de la debacle tecnológica- humana que acaeció a finales del 2000 a causa del déficit social y el techo causado, precisamente, por el llamado mal desarrollo humano. Simak nos hace reflexionar acerca de un colapso humano debido a la indignación del pueblo, que destruye todo hasta quedar en la era primitiva de nuevo.
La obra la divido en tres principales partes:
En su primera parte, se nos expone la historia del artífice de tal travesía previo a la aventura: Tom Cushing, un chico huérfano que ha vivido bajo la protección de un matrimonio en la parte Universitaria del primitivo mundo futuro, en dónde se guardan los escritos que se pudieron conservar y se albergan personas mayores que intentan transmitir su conocimiento de las cosas. Allí Tom se le revela un escrito que habla de un lugar de ir a las Estrellas, en dónde se encuentran las posibles respuestas de sus antepasados más evolucionados previo al cataclismo, los cuales viajaron más allá de nuestro astro y exportaron conocimiento Alienígena u similar. En todo el tramo se nos exponen las bases de fondo significativo- argumental de la narración.
En su segunda, la más extensa, se nos narra la Travesía en sí, presentándonos a todos los protagonistas corales y sus vicisitudes e inquietudes: Tom, el chico de curiosidad inherente e idealismo imperecedero, Meg, la joven con corazón pero rechazada por el temor y desconocimiento de los otros seres que habitan el actual mundo (agrupados entre Tribales, Nómadas, Guardianes y Universitarios), Rollo, el gentil y solitario androide y único superviviente de su especie, así como el Caballo y Serpiente trémula, que encuentran compresión y aliento en los ‘seres humanos’ por fin, además de un abuelo y su nieta, seres sensitivos que tienen la capacidad de comunicarse con todo lo vivo en el planeta. En su particular viaje, compartirán experiencias, información y amistad, además de varias pruebas vitales.
Su última parte, la más ‘reveladora’ pero no la más importante (por lo menos para el autor), es el final de su ruta y la consecución de su viaje, que deriva en una charla con el señor y dueño del Otero del Trueno: A Y R, y su acuerdo con los únicos seres que han logrado traspasar y llegar a dicha fortaleza.
Éste libro es un claro ejemplo de aquello que se dice: ‘el fin es importante, pero quizá lo es más el camino’. Es pues, una Odisea aleccionadora que debe disfrutarse mientras se acompaña a sus protagonistas a lo largo de sus páginas, ya que el que espere una consecución cerrada o contundente, hallará la decepción cómo respuesta. Simak habla de la esperanza frente a la desolación y la vuelta a comenzar, además de un camino alternativo hacía éste, alejado del desarrollo anterior a la catástrofe.
La obra, debido a su tardía escritura, bebe de las fuentes de: Jack London (con la base argumental de su gran obra: La peste escarlata, en un mundo de vuelta a sus comienzos y su debacle tecnológica y social), Heinlein (por él mismo: y su teoría de los multiseres inteligentes en un mismo organismo vivo), y por ende ,el mago de Oz., Le Guin ( por su fondo más fantástico que de Sci fi, adornado con sumas descripciones. Pero prefiero mil veces más a Simak narrando) y hasta Silverberg (con sus cerebros hibernados, albergando información vital para la civilización. No obstante, el de Simak es más coherente y lógico). Cartas a su favor es que quizá Cameron bebió de ésta para basar, en parte, el argumento de su primer éxito: Terminator, en referencia a un mundo futuro en el cual la tecnología es totalmente erradicada por rábia y a los Androides, como consecuencia evolutiva lógica de ésta. Y, así mismo, hay una distopía reciente (y presumo que no es la única) que bebe de las fuentes de ésta obra de Simak: la de Verónica Rossi, con todo ése mundo dividido entre la tecnología y los primitivos, y sus seres que sentidos sumamente desarrollados.
Así pues, una historia serena pero disfrutable (si logras sumergirte y captar su onda) y de claro fondo filosófico más que sentenciador ( y eso que contiene un buen puñado de ideas, no totalmente innovadoras pues algunas beben del gran Heinlein, no para desarrollarlas sino para reflexionarlas), de tono encantador y que mezcla con bastante logro la Fantasía clásica con la Sci fi futurista. No está nada mal para ser setentera; una época algo decrépita en calidad dentro de éste maravilloso género.
“Cuando existe la esperanza, hay que aferrarse a ella incluso a su más ínfima expresión. Aceptas cualquier indicio de ella, por pequeño que sea; lo mimas; lo cuidas; no permites que desaparezca”