Las veloces manos de Ana Rivero han transcrito el ocaso de la dictadura y el nacimiento de una nueva Constitución, la coronación de dos reyes, un golpe de estado y la investidura de siete presidentes del Gobierno.
Un original recorrido por medio siglo de democracia que reúne la sabiduría de la observación, el orgullo por una profesión que se resiste a desaparecer y una mirada cálida y nostálgica sobre unos años cruciales en nuestra historia reciente.
Ana Rivero es la mujer que más legislaturas ha completado en el Congreso de los Diputados, si bien no lo ha hecho subida a la tribuna de oradores sino justo a sus pies, desde la mesa de taquígrafos. A lo largo de cincuenta años ha desarrollado su labor desde ese lugar privilegiado, anotando cada palabra, cada gesto -y cada bronca- para elaborar el registro puro y crudo, sin añadidos, del día a día de nuestra democracia.
Este libro no es un Diario de Sesiones, pero sí levanta acta de toda una vida dedicada a registrar la historia desde el corazón del hemiciclo. Una original crónica que recoge el latido de un país que cambió de piel en 1975, bombeando sangre nueva en forma de leyes y presupuestos, pero también a través de la incorporación de la mujer a las responsabilidades públicas y de gobierno, como se explica en estas páginas.
Su recorrido por medio siglo de democracia reúne la sabiduría de la observación, el orgullo por una profesión que se resiste a desaparecer y una mirada cálida y nostálgica sobre unos años cruciales en nuestra historia reciente. Los recuerdos de Ana Rivero conforman un relato lleno de luz y taquigrafía.
> Mi valoración no pretende cuestionar la indiscutible calidad de la persona que escribe el libro. Cincuenta años al servicio del país en el Parlamento son, por sí solos, un aval más que suficiente de su calidad humana, intelectual y profesional.
Yo pensaba que el libro sería un análisis de los últimos cincuenta años a través de historias vividas en el Congreso. Sin embargo, acaba siendo un enorme cajón de sastre en el que la autora va introduciendo temas muy diversos, como sus viajes, su formación, los problemas de los taquígrafos o anécdotas personales ocurridas en ese lugar, y deja de lado episodios históricos relevantes que tuvieron lugar en ese recinto.
El estilo de escritura es denso y excesivamente detallista, con oraciones de más de veinticinco palabras para expresar ideas que podrían transmitirse en siete u ocho. Esto convierte la lectura en algo pesado y tedioso, hasta el punto de que en muchos momentos se acaba leyendo en diagonal.
En definitiva, como obra tiene indudablemente calidad, ya que aporta información valiosa sobre un oficio poco conocido, y el nivel intelectual de la autora es extraordinario. Para mí, es un libro que culmina toda una vida profesional. No obstante, termina siendo un monólogo que acaba resultando excesivamente denso para el lector.