Algunas reseñas lo juzgan por extensión y poca profundidad, pero a mí me parece un libro acertado porque tiene comentarios inteligentes y agudos sobre los sesgos, con buenos ejemplos que se extrapolan a lo cotidiano. El libro va a eso, no es una disquisición del lenguaje o filosofía analítica, que tal vez sería más estéril salvo para el experto.
Por otro lado, deja algunos espacios en blanco inteligentemente para que el lector con cierto trasfondo los rellene, lo que lo hace muy divertido.
Los sesgos sí están diferenciados, tal vez un par son similares, pero es un tipo de libro que, a pesar de ser corto, da mucha tela para cortar en uno mismo y para pensarse. Es para que la procesión vaya por dentro.