Geoff Johns originally hails from Detroit, Michigan. He attended Michigan State University, where he earned a degree in Media Arts and Film. He moved to Los Angeles in the late 1990s in search of work within the film industry. Through perseverance, Geoff ended up as the assistant to Richard Donner, working on Conspiracy Theory and Lethal Weapon 4. During that time, he also began his comics career writing Stars and S.T.R.I.P.E. and JSA (co-written with David S. Goyer) for DC Comics. He worked with Richard Donner for four years, leaving the company to pursue writing full-time.
His first comics assignments led to a critically acclaimed five-year run on the The Flash. Since then, he has quickly become one of the most popular and prolific comics writers today, working on such titles including a highly successful re-imagining of Green Lantern, Action Comics (co-written with Richard Donner), Teen Titans, Justice Society of America, Infinite Crisis and the experimental breakout hit series 52 for DC with Grant Morrison, Greg Rucka and Mark Waid. Geoff received the Wizard Fan Award for Breakout Talent of 2002 and Writer of the Year for 2005, 2006, 2007, and 2008 as well as the CBG Writer of the Year 2003 thru 2005, 2007 and CBG Best Comic Book Series for JSA 2001 thru 2005. Geoff also developed BLADE: THE SERIES with David S. Goyer, as well as penned the acclaimed “Legion” episode of SMALLVILLE. He also served as staff writer for the fourth season of ROBOT CHICKEN.
Geoff recently became a New York Times Bestselling author with the graphic novel Superman: Brainiac with art by Gary Frank.
De hecho, las tres cuartas partes del libro, más o menos, las merecen (y es un tocho gigantesco). El equipo Johns-McKone (o Johns-Grummett, en ocasiones) funciona bien, e incluso la mini de Beast Boy merece la pena. Las primeras sagas son magníficas, de lo mejor que se ha hecho con los Titanes desde aquellos maravillosos años de Wolfman y Pérez: el retorno de Raven, «Beast Boys and Girls», «Titans Tomorrow» —esta es, para mí, la mejor con diferencia—, e incluso la del Doctor Light está bien, a pesar de que odio todo lo relacionado con esa basura infecta que fue Identity Crisis. Los números unitarios, centrados en algún personaje, como los dedicados a Robin o a Superboy, están bastante bien también. Hasta «The Insiders», se puede decir que estamos ante una etapa modélica de esta icónica serie.
Ahora bien, el completismo es lo que tiene, y la inclusión de chorradas mal dibujadas y peor escritas, como dos números y medio de la infame Supergirl de Loeb y Churchill, es eso: puro afán de completismo mal entendido, porque ni siquiera es tan importante lo que en esas páginas se cuenta para entender lo que ocurre en la serie principal (o sea, la de los Titanes). Luego, no sé muy bien lo que pasó, pero le dieron dos números a Gail Simone (que generalmente es una buena guionista, pero aquí no está muy fina) y a nada menos que a Rob Liefeld, el peor artista de cómics de la historia, con permiso de Don Perlin y Al Milgrom. Huelga decir que los números no aportan nada de nada, y podrían haberse omitido del Compendio sin problema alguno.
Después vuelve Johns, pero se van los artistas regulares, para dar paso a un Tony S. Daniel todavía muy verde (luego mejoraría, pero sin llegar a ser nunca un buen dibujante, en mi humilde opinión. Como guionista y narrador es inmensamente peor, eso sí), y realmente no sé si ese cambio tendría algo que ver, pero el guionista, a partir de entonces, escribió a medio gas. El retorno del Hermano Sangre, que prometía mucho, se quedó en dos números medio decentes como mucho (el de Jason Todd inflando a palos a Tim porque sí me parece una basura). Tiene cierta gracia que en ellos se intentara justificar ese tropo clásico de los cómics que consiste en que los personajes, héroes o villanos, no duran muertos mucho tiempo; sin embargo, Johns comete una cagada importante: uno de los Titanes que el Hermano Sangre «resucita» es la Paloma original, Don Hall, lo que no tendría nada de particular si no fuera porque, algunos años después, durante el evento «Blackest Night», un anillo negro intentaría la misma jugada infructuosamente, porque el alma de Don era tan pura que resultaba imposible corromperla de aquella manera. Y las dos historias las escribió el mismo guionista, lo que resulta, cuanto menos, sorprendente en un escritor con fama de enciclopedista y amante de la continuidad. En fin, cosas que pasan...
Así que, sí, el volumen recopila una etapa magnífica en la historia de los Titanes, pero también contiene morralla, bastante morralla, solo apta para completistas muy completistas. A mí me ha sacado de la lectura varias veces, lo que es una pena. Veremos si adquiero el siguiente Compendio, porque el declive en calidad de los últimos números de este tocho es palpable...