—¡Los muertos regresan! —La voz que salía de dentro de la caperuza parecía más bien salida de cualquiera de las tumbas que estaban a escasos metros, detrás del seto y los cipreses—. Métetelo en la cabeza, Chulas. Los muertos no olvidan. Siempre vuelven.
Esta es la historia de Maruja Tubio, la Morocha, durante los terribles años de la posguerra, en una aldea perdida de Galicia, La Barrosa, donde nunca sucedía nada. Hasta que ocurre lo inevitable…
El tedio y la rutina en la que viven sus habitantes desaparecen ante la serie de acontecimientos que se abalanzan sobre la comarca, echando por tierra la tranquilidad del lugar y en especial en la taberna de las Morochas. El ritmo trepidante e intimista de la narración hace que transporte al lector hasta el Rego do Baltar y lo haga sentir un vecino más de la aldea.
Pocas veces disfruto tanto del desarrollo de los personajes como en este libro. El autor lo cataloga como novela histórica, aunque yo lo veo más como una novela costumbrista, incluso con ciertos toques de realismo mágico. La historia se centra en una aldea, o en lo que fue una aldea allá por los años 60, apenas a un par de kilómetros de Sanxenxo, y a la vez tan lejos "de la civilización" (la aldea no cuenta ni siquiera con electricidad). Sin querer entrar en detalles para no hacer spoiler, recomiendo mucho la lectura de este libro. Es un claro homenaje a esas mujeres resilientes y fuertes que decidieron que no iban a seguir soportando el mundo que los hombres habían construido para ellas, pero todo desde una visión cotidiana, sin épica ni adornos.