Una internación voluntaria. Una locura compartida. Una historia que desarma.
"No le dije a mi vieja que me interné. Quería que fuera algo íntimo y eso con ella no se puede. Quería que fuera sobre mí, no sobre ella. No quería que me acusara de acusarla de ser responsable de que hubiera terminado acá. Además, yo no terminé en la clínica. Lo que quiero es volver a empezar".
Adentro es el relato crudo de la vida de un grupo de internos en un neuropsiquiátrico, pero también un salto al interior de la mente de una mujer en guerra con lo que no puede controlar. Es la exploración de una conciencia perturbada que, pese a todo, es capaz de reírse de los demás y de sí misma. Y la historia de una caída inevitable y de aquello a lo que se recurre para amortiguar el golpe. Cuando a la periodista María Isabel Quesada le diagnostican "depresión aguda con ideación suicida", decide internarse volutariamente en una clínica de salud mental. Supone que será un descanso en medio de una crisis personal, algo así como un spa donde recuperarse de los perjuicios de la química y las malas decisiones. No sabe que está comprando un pasaje a un tipo de locura que desconocía, la de sus compañeros de internación sumada a la propia. ¿Habrá, ahora sí, tocado fondo para resurgir, o todavía se puede seguir cayendo?
Me da pena opinar pero es muy malo. Incongruente y aburrido. Me dio un poco de gracia cuando se quiere hacer la graciosa pero al final del día es una cheta forzando cancherismo.
Para empezar es una novela que se centra en una internación psiquiátrica, cosa bastante novedosa en una literatura contemporánea que se repite en los escenarios y las temáticas. Luego, Isabel, el personaje principal, habla en primera persona con una honestidad apabullante hasta llegar a niveles incorrectos o ilógicos, pero es tan sincera que es fácil empatizar, es fácil pensar como ella, sentir como ella, sacar las conclusiones que saca, caer con ella porque uno como lector también se ilusionó como ella. Esto es un mérito de la autora que logra con una escritura muy pulida y bella atraparte y ponerte en la piel de Isabel Quesada aunque nunca hayas pisado una institución psiquiátrica ni te alinees los chakras; cuando entras a leer, Mercedes te transforma en Isabel y el derrotero también es tuyo. La novela está cargada de verdades que uno no piensa habitualmente, hay riesgos, rock, una vida de excesos controlados siempre a punto de descontrolarse, excesos que todos tuvimos sin pensar demasiado en ello. Es una novela tan honesta como su final, uno termina pensando que el derrotero de Isabel es el derrotero de la vida que todos llevamos. Es de esos libros que uno termina y se queda un rato quieto, en silencio, para guardar esa sensación hermosa que es terminar un buen libro. Lo recomiendo profundamente.
coger y merca, merca y coger. coger, coger, coger. ¿qué le pasa a la ficción argentina? parece una mesa de saldos de los 90s. insoportable. me pasa que leí al mismo tiempo dos libros de chicas con daddy issues y por favor la distancia literaria entre una y otra. una es bella y profunda, la otra habla de cocaína y promiscuidad constantemente (adivinen cuál es la editada por planeta). ojo, no soy mojigata. ¿la literatura del yo se quedó en la ricarda? las chicas piola de +40 consumimos de las recetadas y no tenemos ganas de coger, queremos comprar pilcha y ver una buena miniserie de asesinatos. dos estrellas porque una ya sabemos.
Isabel va a seguir resonando en mí. Mercedes Funes construye un relato que invita a mirar por la cerradura ese adentro que suele permanecer oculto, y lo hace con una intensidad que atrapa. Aunque el libro se lee con rapidez, su verdadera fuerza está en lo que queda: una prosa que pide pausa, relectura y reflexión.
La historia avanza con un hilo conductor claro, pero se enriquece con múltiples desvíos que aparecen como pequeños regalos, escenas y pensamientos que funcionan como bonus tracks de un disco inolvidable. Isabel es contradicción pura: resignada y combativa, frágil y arrolladora, perdida y profundamente lúcida. Ama con desesperación, se enfrenta a sí misma y elige seguir, incluso cuando todo parece desmoronarse.
Leer Adentro fue también un viaje personal. Me reconocí en referencias, épocas, miradas y silencios. Acompañé a Isabel durante su internación sin distancia emocional: me dejé llevar por su voz, por sus miedos y por su necesidad de refugio. Un libro que no se limita a contar una historia, sino que invita a habitarla.
Es una novela novedosa en su escenario y su escritura. A priori es fácil empatizar con la protagonista que por momentos se vuelve tediosa, agotadora. En un punto de la lectura me imaginé otro final y me emocioné, pero no fue tal. Me quedé con sabor a poco. Sentí profundidad, pero admito que soy más de los relatos detallados que ilustran minuciosamente las escenas. Es de rápida lectura. Para un viaje o vacaciones cortas.