"Que nadie se confunda con esta mamadera de gallo -un libro de cuentos que sumados dan una novela salvaje- porque no es una autoficción, sino una autosátira con vocación de una terapia de choque que emplea todas las formas de lucha, desde los pantallazos hasta los poemas que no tienen versos sino chistes, para liberarse de las frustraciones brutales que tiende a traer la carrera de escritor colombiano". Ricardo Silva Romero
Exitoso para fracasar, excesivo con sus borracheras, excelente cocinero y trapeador, escritor desconocido…, el narrador de esta colección de cuentos ofrece una mirada fresca e hilarante sobre las aventuras y desventuras del mundillo literario y sobre cómo este no resulta ni tan sofisticado ni tan pomposo como se creería. El protagonista fracasa en reemplazar a García Márquez en México, fracasa como invitado a un festival literario, fracasa dando un autógrafo, fracasa como ganador de un premio literario, fracasa como protagonista de un escándalo, y fracasaría como escritor… si hubiera decidido no serlo.
Habla el David Betancourt sobrio y el David Betancourt ebrio; habla el David Betancourt modesto y el maestro Betancourt David ególatra. Habla el David indeciso y el escritor decidido, habla el escritor David y el Betancourt genio. En esta páginas caminan de la mano el fracasador y el triunfador, son uno solo, solo uno, indivisibles.
Deja ver la parte de atrás del mundo editorial, el lado B del mundillo literario en Colombia, el país del Sagrado Corazón de Jesús, un mundillo que debe ser igual de feo en todos lados, lleno de envidias y frustrados, incapaces de reconocer la originalidad y la novedad. El que tenga escrúpulos que no lea estas páginas, seguro se escandalizará, se quebrará como un cristal.
Un muy curioso, valiente y divertido compendio de cuentos que mezclan la propia historia del autor con su humor y sátira espectacular
En ocasiones vemos a los escritores, y más aún cuando ganan muchos premios, como maestros con talento, seguridad en si mismos y orgullosos de su trabajo.... Este libro muestra la realidad, la realidad de un autor que tiene miedo de ganar un concurso (porque nadie más participó), un autor que tiene miedo de que nadie se anime a piratear un libro suyo, un autor que tiene miedo de que olviden su nombre (así sea para criticarlo), etc.
Siento que es un libro valiente que cuenta los miedos, inseguridades, errores y curiosidades del autor a la vez que hace una sátira y comedia muy divertida.
Definitivamente David merece más reconocimiento en Medellín, pero él mismo se lo esta ganando a base de fracasos ✨
"El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo" ~ WINSTON CHURCHILL 🪶
Me da vergüenza ser de Marinilla y nunca haber leído a este ciudadano ilustre que la Esparta colombiana adoptó. Me siento indignada por el hecho de que doña Miriam nunca me haya ofrecido uno de sus libros, sabiendo que más o menos cada 15 días yo pasaba por su casa hacia Las Acacias. Siendo un barrio vecino y hasta allá no llegó la noticia, debe ser por las grandes distancias. Aunque muy raro que hasta Juan Pablo II tenga foto con uno de sus libros, me parece que el Vaticano es un poquito más lejos... ¿cuándo fue que murió el papa? Raro ...raro. Las paradojas y absurdidades de los cuentos me sacaron varias risas y unas buenas carcajadas.
Los cuentos que más me gustaron fueron: Acá se lo tenemos, El autógrafo y Un fracaso bonito.
•Yo, al contrario, desconfiaba de mí, o más que de mí o de mi talento desconfiaba de mis ganas de escribir, que viene siendo algo así como la disciplina o el oficio. • Un libro debe saber defenderse por sí solo, venderse solo y, sobre todo, presentarse solo. • Por ahí hablan del escritor profesional, o sea el que escribe mucho (así escriba mal y mierda), y yo no estaba para gastarme los años más divertidos de la vida siendo profesional en eso. • Yo quiero ser ese hombre que quiere escribir un libro pero siempre lo deja para otro día. • Si por mí fuera yo sería como Leopoldo el del cuento de Monterroso, un escritor que no escribe; el problema es que si yo no escribo Esnedy me deja de querer. • Es que Esnedy es tremenda negociante, capaz, como el ICETEX, de vender una deuda. • La literatura, leer y escribir, son otra cosa más de mi vida una actividad cotidiana. • ¿Para qué ser uno humilde? Qué güevonada. Uno no gana nada con eso. Entonces, para qué jactarse de ser humilde. Si uno presume su humildad, es un soberbio humilde. ¿O no? Un humilde soberbio. No sé. Me confundí. • El tiempo ganado se lo entregué a la escritura (o lo perdí escribiendo). • —Soy David Betancourt, un… —Iba a decir escritor, pero me dio pena— un muchacho. • Lo de siempre: un bobo preguntando bobadas a tres bobos que contestan bobadas mientras los demás bobos se hacen los interesados escuchando las bobadas de los bobos. • Por cada cuento o capítulo de novela, bajita la mano, seis meses de descanso. El método Betancourt, así llamo a mi falta de compromiso con la escritura. • Y el niño que me pidió el autágrafo por ningún lado. Dónde estás niño hijupeuta, que vos sos la trama acá. Con seguridad no se decidía el güevoncito, no le arrancaban las piernas. • ¡Basta ya! Presentar libros con todos los gastos pagos siendo un donnadie es un delito que no es menos delito porque esté normalizado. Ya no más. Señores congresistas, legislen al respecto. • No quiero estar enfermo de literatura. • Me hace sentir inseguro tanta seguridad que aparento, porque no tengo idea de cuánto tiempo esté en capacidad de mantenerla. • Le pase por el lado, despacio, para que me vieran y dijeran: ese es el escritor, ese es el escritor de ahorita, velo, qué papi, o solo suspiraran, o solo me tocaran la nalga, uno no sabe, pero qué ignorada que me pegaron. • Yo vivo para vivir sabroso, y escribir no es más que uno de mis pasatiempos; el único que me angustia, que me mortifica, por ser como una tarea, una tarea difícil. Sé que si yo dejara de escribir sería más feliz y, en consecuencia, viviría mejor. • No es fácil enfrentarse al ídolo. No es fácil acercarse a Dios. • Ni una carita riéndose ni una carita llorando ni una carita asombrada ni una carita enojada. Ni el pinche dedito ese de todo bien. Ni el corazón ese. Había un pacto, seguramente, de no reaccionar a nada mío, de no decir nada de mí, de no mencionarme, quién sabe por qué. • Vale decir que yo no siempre estoy de acuerdo con lo que pienso, y esa fue una de esas veces. • Partamos de la base que un futbolista, un exsecuestrado, un youtuber, un tuitero famoso, una reina de belleza, un presentador de televisión, un comentarista deportivo tienen más posibilides de triunfar en la literatura que vos. • El inconveniente era que por más que quería remplazar a García Márquez, no tenía ni idea de cómo remplazarlo a él ni a nadie. • Le recibí el cuaderno de mala gana y me puse veloz a buscar autógrafos, descubriendo, para mi honra, , para mi ego, que yo iba a ser su despertar autografial. El niño del autógrafo era virgen de autógrafos. • Mejor que tomar era verlo tomar. Una belleza. Cada trago que se tomaba, sobre todo los dos primeros, le maquillaban con un poquito de paz la tristeza y la angustia de la cara. • — No entiendo, David, cómo así, contá. —Pa, que me eligieron para ir a México a remplazar a Gabriel García Márquez. —Pero, David, ¿quién te eligió? —Qué importa el quién, pa, importa el qué. • Maestro, maestro, también la verdad se inventa. Y todo gran escritor es un gran embaucador. Y ser escritor es fracasar. • A mí siempre me ha sacado la rabia esa maña de los profesores de colegio, para gorriarse la clase, y de los rectores para descansar de la plaga, de llevar obligados a los estudiantes a las ferias del libro. • Qué me habré dicho en tantas hojas. Qué pereza leer.
Lo mejor del libro está en el oído: un manejo del lenguaje preciso y juguetón, con un ritmo que empuja la lectura como si alguien te hablara al lado. La prosa respira oralidad, cambia de marcha con soltura y arma escenas con puro pulso; ahí Betancourt brilla.
El reverso de ese brío es el desborde (Para mi gusto): hay exageración deliberada, mucho desparpajo y juegos metaliterarios que, a veces, se sienten más como exhibición de recursos que como necesidad del cuento. Varias piezas se alargan: el remate tarda en llegar, el chiste se estira, la emoción se diluye un poco en el camino.
El primer cuento, en cambio, me resulto una maravilla. Con el mismo tono veloz, logra una puntería rara: además de divertir, abrió un espejo incómodo sobre mis propios deseos infantiles de “ser grande” sin fundamentos. Ahí el artificio se vuelve pensamiento, y la pirueta técnica se justifico para mi.
"El fracasador" de David Betancourt es una serie de relatos en los que el autor reflexiona con mucha ironía sobre el oficio de escribir y todo lo que lo rodea: los festivales literarios, los premios, el reconocimiento, el plagio y otras escenas del mundo literario que pocas veces se muestran con tanta franqueza.
Lo que más disfruté del libro fue, sin duda, el humor. Betancourt escribe con un estilo fresco, crítico y desparpajado que me hizo reír en más de una ocasión. Yo lo leí como una recopilación de ensayos autoficcionales, aunque la sinopsis y otras reseñas lo clasifican como un libro de cuentos; no estoy seguro de en qué género encaja exactamente, pero sí de que fue una de mis lecturas más entretenidas del año. Además, resultó ser una excelente puerta de entrada a la obra del autor, a quien sin duda seguiré leyendo.
¡Qué gran libro nos regaló David! De verdad que logra la risa y eso es impresionante ya que es de una manera muy natural con un lenguaje muy coloquial de Medellín.
Un libro que se vale de la ficción para hacerlo autobiográfico. David, como personaje principal, gozando todos sus fracasos como su mejor éxito pero,lo mejor de todo, nunca deja de intentarlo. Lo mejor de esta lectura es lo contundentes que son los finales de cada cuento, tiene una prosa irónica, destructiva y hasta aveces guache que no te podes creer lo que estás leyendo.
Mis cuentos favoritos: El autógrafo Instrucciones para dejar de ser un anónimo literario Carta a la señora que exigió que me quitaran el premio IMACP
La verdad me encantó. Es básicamente una sucesión de fracasos narrados con humor e ironía.
Creo que parte de mi encanto particular con este libro se debe también al momento en el que llegó, en año nuevo, mientras el mundo entero se llena de discursos sobre logros, éxitos y metas, este libro narra lo contrario: el fracaso. Fue como un descanso frente al discurso de la mejor versión y la vida perfecta que trae consigo el nuevo año.
Esto me dio demasiada risa: “Cada que teníamos un golpe de suerte, al final terminábamos quedándonos solo con el golpe”.
Jocoso e irreverente de principio a fin. Un libro de auto ficción que funciona de cualquier forma y contiene de todo (hasta metaliteratura). Quedé con ganas de irme a vivir sabroso a Marinilla con muchos amigos anónimos y seguir leyendo a David Betancourt o Hernán Hoyos que al final son lo mismo.
Este es, sin duda alguna, mi libro favorito de David Betancourt. 📚🧢 ¿Mi opinión está muy sesgada por ser de Marinilla? Pues obvio que sí , ¡pero la verdad, no me importa!
"Por eso, y acá vuelvo a usted, señora, me senté a su espalda, en la última fila, la de los que desconfían de su talento, pero confían en la esperanza."
Muy divertido, mucho muchoooo. No solo por ser cómico, chistoso. Está escrito para degustarlo, con genialidades inesperadas que reflejan lo cotidiano y lo profundo
Me reí mucho. Quiero leer más cosas de David Betancourt, me voy a poner a buscar ese libro de Buenos muchachos que lo publicó Klepsidra aquí en Pereira. Muy bacano como escribe este man.