Quizás no se le dé la importancia debida a esta mujer, por aquello de su coqueteo político con cierta izquierda, pero allá cada uno. Victoria Camps ya no forma parte del Consejo de Estado, pero debería ser considerada la mejor CEO para cualquier empresa de desarrollo personal. Desde que leí El gobierno de las emociones, cuya mayor virtud recuerdo que era la de diseccionar y explicar conceptos complejos de una manera estructurada y muy accesible, no la había vuelto a catar. Ahora, con ochenta y cuatro años, la clarividencia de siempre y en medio del duelo por el fallecimiento de su marido, el filólogo Francisco Rico, escribe este ensayo sobre un tema de lo más candente, cuya tesis es que la raíz de la desconfianza social está en eso que llaman "individualismo", dado que concebimos de forma distorsionada el concepto de libertad: la libertad apropiada por las ideologías de derecha e izquierda, la libertad negativa y positiva, la libertad de los antiguos y de los modernos, la libertad reduccionista y el libertarismo, etc. Como siempre, es una artista de hacer fácil lo difícil. Con suma claridad -es tan accesible que recomendaría el ensayo a cualquier adolescente con inquietudes-, desmadeja el hilo que más le conviene de las tesis de destacados filósofos con obra reciente publicada (Wendy Brown, Frédéric Lenoir, Byung-Chul Han, Michael Sandel, Pascal Bruckner, Nancy Fraser...) para ir confeccionando sus propuestas para un nuevo contrato social en una sociedad más humanizada. Si bien es cierto que añade determinados capítulos (sobre la esperanza, la bioética, el buen envejecer y la educación) que son síntesis de otras de sus obras ya publicadas, al menos no trata de imponer con nostalgia aquellas formas anacrónicas y kumbayás de un mundo más comunitario, sino que desvela unos cuantos ases en la manga más imaginativos, cuestionando, por ejemplo, la tiranía de la meritocracia, y que tienen que ver con el camino hacia la igualdad, la justicia distributiva, la dignidad en el trabajo, etc. No llega a profundizar demasiado, pero por lo menos abre el debate.