El cautiverio no solo es un estado físico, sino también psíquico, y Derik, en este poemario, nos lleva a recorrer todas las celdas de su mente: desde las más oscuras y pesadas, hasta las más iluminadas y tiernas.
Este poemario es profundamente simbólico, lleno de imágenes y figuras mentales que nos remiten a una espiritualidad casi primitiva: la luna, la tierra, el agua y el cosmos siguen siendo parte de una conexión emocional entre el humano y el espíritu, como fue antes, cuando aún no había historia.
Los poemas están construidos para cuestionar el poder, la soledad y la vida contemporánea, pero también para reflexionar sobre la fe, el amor y la naturaleza. Elementos clave como la tierra, los alimentos y los íconos culturales que aparecen dentro de las composiciones no solo cumplen una labor estética, sino también un acercamiento hacia el territorio, hacia las grietas donde muchas veces el arte no llega, para dar un poco de luz a esas vivencias.
Estos poemas exploran de una forma abarcadora una gama enorme de sensaciones y sentimientos dentro de la existencia humana y se comprometen con la palabra, la memoria y el fuego.
"Me siento en otro idioma. Soy la sombra de historias no contadas".
Escribir poesía suele ser algo sentimental, explorar y explotar el arte suele llevar a eso: la cursilería vuelta letras. Sin embargo, este poemario demuestra que la poesía también puede ser protesta y relato de vida cuando el escritor maneja la pluma de manera tan magnífica.