Mi queja principal ¿qué novedad, no? es que no hay descripciones lo suficientemente sangrientas. Todo lo demás es interesante aquí, de verdad, aunque pudo haberlo sido más.
...No, ustedes no pueden preguntarme cómo es posible que un libro que habla mayormente de distintas guerras carezca de descripciones lo suficientemente sangrientas. Me niego. No.
Escenas y demás:
*El asunto de Catón, Marcia, Hortensio y Filipo: en el que un hombre, creyendo que amar es una debilidad, dice "no, gracias", se divorcia y entrega a su esposa a otro. Sobreviene el sufrimiento.
*Rhiannon. Oh, ¡qué mujer!sabe defenderse (le da sus buenos golpes al cabrón de su ex marido y a la nueva chica en la que este está interesado. ¡Ja!), tocar el arpa, elaborar queso, cantar, es alta… estoy ligeramente fascinada, honestamente.
*La muerte de los soldados de la decimotercera legión: todos mueren. Todos. Tarde o temprano, en batalla o por mano propia. Todos.
*La novena legión VS. los nervios: Quinto Tulio Cicerón me pareció, dadas las circunstancias, un buen comandante… y admito renuentemente que me da gusto que haya salido vivo de esa.
*El asedio y toma de Avarico: eso fue rápido y efectivo, sí señor.
*La doble circunvalación de Alesia es… impresionante, diría yo.
*Ese momento en el que, por culpa de la escasez de alimento, las mujeres, los niños y los viejos son echados fuera es jodidamente triste.
Inclementes dioses, ¿por qué esa pobre gente?
*El segundo matrimonio de Catón y Marcia: ver a Catón enamorado y feliz es raro. Díganme que no, los reto.
No, ya en serio. Si un tipo como ese es capaz de enamorarse, ¿cómo esperamos nosotros, aquellos que no tratamos de ser tan duros e inflexibles activamente, resistirnos a sentir amor?
*El cruce del Rubicón: bueeeno, César intentó que ese acontecimiento no ocurriera… cediendo pero con límites, por supuesto, ¿porque quién aceptaría voluntariamente entregar todo lo que controla, ser juzgado y probablemente exiliado y quedar completamente derrotado por sus enemigos?
"Aquí está. Todavía puedo darme la vuelta. Todavía no he abandonado la legalidad, la constitucionalidad. Pero una vez que cruce este río más bien mediocre, paso de ser un servidor de mi patria a ser un agresor contra ella. Pero ya sé todo esto. Lo sé desde hace dos años. He pasado por todo: he pensado, he proyectado, he programado, me he esforzado muchísimo. He hecho concesiones increíbles. Incluso me hubiera conformado con Iliria y una legión. Pero en cada paso del camino he sabido y he comprendido que ellos no cederían. Que estaban decididos a escupirme, a hundir mi cara en el polvo, a reducir a la nada a Cayo Julio César. Que no es nada. Que nunca consentiría ser nada. Tú lo has querido, Catón. Ahora puedes conseguirlo. Tú me has obligado a marchar contra mi patria, a volver la cara contra la legalidad vigente. Y tú, Pompeyo, estás a punto de descubrir cómo es enfrentarse a un enemigo de verdad competente. En el momento en que Toes se moje los pies me convertiré en un fuera de la ley. Y para quitar esa mancha de mi nombre, tendré que ir a la guerra, luchar contra mis compatriotas… y ganar."
*Cuando el gobierno de Roma abandona la ciudad, también abandona las arcas del Tesoro. Llenas. Muy, muy llenas.
Yo, no murmurando en lo absoluto: grupo de ineptos, incompetentes, desperdicios de oxígeno y espacio, ¿¡cómo carajos esperan luchar una guerra si carecen de dinero!?
¡y encima, cuando descubren su descuido, los cónsules encargados no son capaces de simplemente regresar a por los fondos monetarios! ¡argh!
*El motín de la novena legión, lo que produce ese acontecimiento dentro de César y el castigo inmediato… y el que será dado en el futuro.
"Esa parte de mi vida está cerrada para siempre. No volveré a abrir esa puerta. No me queda nadie que me quiera como una mujer ama a su hijo o a su padre, y mi pobre y pequeña esposa es una desconocida que ama más a sus gatos que a mí. ¿Por qué no iba a ser así? Ellos le han hecho compañía, le han dado algo parecido al amor. Mientras que yo nunca estoy allí. Yo no sé nada del amor, excepto que hay que ganárselo. Y aunque estoy completamente vacío, siento crecer en mí la fuerza. Esto no me derrotará. Me ha liberado. Cualquier cosa que tenga que hacer, la haré. No queda nadie que me diga que no puedo hacerlo."
Cuando César partió de Roma, lo hizo con el afán de explorar y conquistar tierras conflictivas y cuyo respeto por la república no era el suficiente… y es lo que ha estado haciendo. Ha luchado batallas, atemorizado —tanto física como psicológicamente— a tribus hostiles y a sus líderes a lo largo de la Galia, saqueado lo que se podía saquear y hasta ha vendido a pobladores traidores y mentirosos en el mercado de esclavos. Todas sus acciones las ha realizado y las seguirá realizando, por supuesto, en nombre de Roma… y en el suyo propio, claro está. Después de todo, Aquel que se halla aterrorizando adecuadamente a enemigos varios, aportando riquezas a las arcas del Tesoro y peleando aun a pesar del inmenso dolor provocado por las muertes de su hija y su madre merece reconocimiento y gratitud, opina él.
Lamentablemente, ciertos miembros del Senado están por demostrarle que no comparten su opinión… y por obligarlo a él —un ciudadano correcto, intachable y quien respeta las leyes escritas y no escritas— a tomar medidas extremas…
A ojos de Vercingetórix de los arvernos, estar bajo el dominio de los romanos es igual de malo que estar bajo el de los germanos. No hay diferencia, sostiene él, y no le importa cuánto jure y perjure Cayo Julio César lo contrario. Romanos y germanos son extranjeros y su objetivo es someter a las tribus cueste lo que cueste.
Bueno pues, Vercingetórix no aceptará esto silenciosamente. El arverno ya está harto y cansado de que César vaya por ahí aplastando pueblo tras pueblo y va a detenerlo, oh sí… y si para lograrlo deberá buscar aliados que acepten unir a sus diversas tribus y designarlo a él como líder a quien seguir… lo hará. Después de todo —y teniendo en cuenta que se podrían obtener muchos guerreros de producirse tal unión—, ¿cuán difícil podría ser derrotar a César y a su más disciplinado que numeroso ejército?
Si bien perder a su esposa Julia ha sido un trago amargo, Cneo Pompeyo Magnus lo está superando lentamente y tal pérdida, de ningún modo, va a dar paso a la caída de su influencia como el primer hombre de roma. No. Él no lo permitirá. Y tampoco permitirá, de hecho, que nadie lo reemplace. Ha luchado para ganarse la importancia que actualmente posee y no la perderá ante, por ejemplo, un aristócrata patricio como Cayo Julio César… quien le ha escrito para hacerle una oferta profundamente ofensiva. No interesa que, hace no tanto, Magnus haya estado casado con su hija: esa relación ha quedado rota, César se está volviendo demasiado popular y una figura amenazante no es algo que deba ser soportado; así, Pompeyo decide que empezará a usar su poder como cónsul sin colega para provocarle dificultades a su antes aliado y pariente… y quién sabe, ¿quizás hasta logre desprestigiarle permanentemente?
Desgraciadamente, existen personas decididas a usarlo para cumplir sus objetivos propios y muy dispuestas a engañarle de ser necesario hacerlo… y puede que, cuando se dé cuenta de eso, ya sea demasiado tarde…
En opinión de los boni, Cayo Julio César se está volviendo demasiado notable, apreciado y poderoso. Ese arrogante hombre se siente un rey, creen, y traerá la ruina de la república. Y eso es algo que ellos no, de ninguna manera, van a tolerar. Deben exterminar totalmente las ambiciones de ese sujeto, saben, mas también saben que necesitan a alguien de fuera de su círculo… y si ese "alguien" al cual necesitan es un Pompeyo de Picenum… bueno. Tienen la herramienta para atraerlo y atarlo a su lado, al menos, y no existe sacrificio alguno que no estén dispuestos a hacer con tal de destruir a su enemigo más problemático.
Desafortunadamente para su objetivo, dicho enemigo contará con más seguidores leales y aliados comprometidos de los que esperan…
Cleopatra VII —poderosa faraón, Isis en la Tierra, Hija de Ra— es reina de Egipto y Alejandría… hasta que llega la tercera inundación de su reinado (la más baja de todas las inundaciones registradas alguna vez), ocurren aumentos de precios, protestas airadas y, finalmente, un golpe en toda regla mediante el cual la reina es depuesta.
Ante tal suceso, Cleopatra decide que no se va a quedar de brazos cruzados y ordena al sumo sacerdote del templo de Ptah que le dé dinero para poder empezar a comprar un ejército… y el sacerdote obedece. ¿Genial, no? Sí, sí que lo es.
Lo que no es tan genial, sin embargo, es que, además de acatar su orden, el sumo sacerdote le habla sobre rumores que están comenzando… rumores referentes a que, si la reina no tiene un hijo varón, las cosas seguirán marchando mal… ¿pero qué puede hacer ella? no es que no quiera quedar embarazada, no; es, simplemente, que su esposo es un niño y ni siquiera la mira … ¿y dónde, dónde, va a hallar a un hombre (no, a un dios) lo suficientemente bueno como para entregarse a él y darle un hijo?
Afortunadamente, un augurio anuncia que un dios del Oeste se acerca y una conversación posterior a su visita al templo parece confirmarlo.
Desafortunadamente, para su llegada falta un tiempo que Cleopatra no desea esperar… ¿y cómo podrá convencerlo de que vaya a Egipto si actualmente no es ella quien está en el trono, de todos modos?