Al empezar este libro no sabía muy bien con qué me iba a encontrar, pero qué maravilla ha sido descubrir esta historia 😭💛. Todo comienza con Eilidh, una joven criada que encuentra a Grimalkin en los establos de Thirlestane Lane y lo cuida con todo su amor… hasta su muerte (por primera vez) en 1902.
Pero Grimalkin no se va del todo, regresa una y otra vez, en distintas vidas gatunas y observando cómo cambia el mundo a su alrededor 🕰.
Y ahí está la magia de este libro: aunque está narrado desde los ojos de un gato, lo que realmente hace Alex Howard es contarnos un siglo entero de historia con una delicadeza y un cariño inmenso. Desde la invención de la electricidad, hasta los cambios sociales, los olores de las calles de Edimburgo, los nuevos inventos… todo contado desde una perspectiva única, melancólica y tierna.
Confieso que si alguien me hubiera dicho que es un libro sobre historia, probablemente no lo habría leído. Pero la forma en que el autor lo construye es tan cozy, poética y original, que terminas completamente inmerso en el libro.
Algo que disfruté especialmente fueron las notas al pie de página: Desde los primeros entusiasmos por la electricidad y la Segunda Ley de Alumbrado Eléctrico (1909), hasta los revolucionarios descubrimientos de Freud con La interpretación de los sueños, todo está tejido con una naturalidad que hace que el conocimiento fluya sin esfuerzo.
Howard describe los cambios de cada época con una sensibilidad exquisita. Es imposible no imaginar los olores victorianos a carbón y estiércol de caballo que desaparecen con el tiempo, sustituidos por el aroma ácido y metálico de la parafina y el plomo de los coches de la década de 1940. Cada detalle contribuye a que sientas que realmente estás caminando por esas calles antiguas de Edimburgo junto a Grimalkin.
También quiero destacar las “Observaciones de Grimalkin” al final de cada capítulo, que aportan un toque de humor y que se vea mucho más original. Además, el uso de la jerga escocesa le da al libro una identidad única, un carácter genuinamente local que lo diferencia de cualquier otra narración histórica.
Aunque es un libro relativamente corto (algo más de 200 páginas), lo sentí denso en contenido y muy rico en matices. Las descripciones son tan precisas que permiten visualizar cada habitación, cada cambio de época, etc. Los personajes secundarios, especialmente Eilidh, me conquistaron. La lealtad de Grimalkin hacia su ama, ese deseo de permanecer junto a ella hasta el final de sus días; representa la melancolía, la devoción y la belleza de los vínculos que trascienden el tiempo.
Los capítulos son breves, los saltos temporales están muy bien medidos y la ambientación refleja de forma impecable las diferencias sociales de cada era: desde los más adinerados hasta quienes vivían con lo justo. Todo está narrado con una prosa pausada, elegante y filosófica, lo que hace que, aunque en algunos momentos se sienta un poco pesado, nunca pierda su magia.
En definitiva, "El gato fantasma" es un libro perfecto para desconectar y viajar a otra época. Es una lectura que mezcla historia, nostalgia y ternura de una manera tan delicada que te deja con ganas de más.