Haikus de oficinista propone un recorrido por la rutina de quien, día tras día, habita un cubículo fuera de su hogar. La jornada transcurre al ritmo de un horario prestablecido, acompañada por pequeños elementos: el polvo en el teclado, la piel de las mandarinas y el aroma del café. En una época en que los días se repiten con una precisión casi poética, este libro invita a detenerse en lo pequeño y disfrutar la belleza en lo inesperado.
En esta antología, la autora afina su mirada para registrar la belleza –y a veces la melancolía– de la rutina laboral, esa que transcurre entre el metro, escritorios, bandejas de entrada, a veces ventanas, y cafeteras compartidas. Con sensibilidad y humor, Galleguillos logra lo que parece imposible: hacer poesía desde los rincones grises del mundo oficinista, nuevamente, utilizando el paso del tiempo (el día laboral) como hilo conductor, al igual que en su primera antología “Haikus de Cuarentena” (donde utiliza las estaciones del año).
La autora despliega un inventario emocional de los días laborales en Santiago de Chile. Está claramente ambientando en Santiago: sus versos breves capturan momentos ínfimos de una ciudad claramente reconocible para quienes hemos vivido en ella.
Como una forma de resistencia contra el automatismo y con algo de ironía, la autora pone en escena las tensiones de la vida moderna —el cansancio, la desconexión, la alienación— pero también los gestos de cuidado y ternura que aún pueden brotar en medio de la rutina.
Pero además conmueven por su honestidad. Son reconocibles, familiares. Cada uno deja la sensación de haber sido vivido antes por quien los lee. Pero lo más llamativo es la forma en que, sin buscarlo, nos permiten ver pequeños fragmentos del imaginario de la autora. No se disfrazan ni simulan profundidad; simplemente se abren. Son pedacitos de mente que se asoman con franqueza, a veces con ternura, otras con resignación o una leve ironía.
Haikus de oficinista es, en definitiva, un ejercicio de contemplación en tiempos de velocidad. Un recordatorio de que incluso en los lugares más anodinos —la cola de la farmacia, un vagón lleno de pelusas, la cocina vacía de la oficina— hay poesía esperando ser mirada. Y esa mirada, Victoria Galleguillos la ofrece con destreza y calidez.
Mientras lo leía, muchas veces, me sorprendí sonriendo. ¡Cada Haikus me encantó! Admiro el talento de Victoria de hacer de lo simple, algo tan bello. Si quieren sorprenderse y apreciar lo cotidiano en versos tan llenos de mucha reflexión, "Haikus de oficinista" es una excelente recomendación.