"Gilmer Mesa es el gran descubrimiento de la literatura colombiana de los últimos años. Tiene un estilo propio, una prosa desgarradora y rebelde que logra darle encanto a la tristeza, el abandono y la injusticia que son los espantos trágicos de los colombianos. Esta novela narra el germen doloroso de la identidad de nuestro paí los desaparecidos, los olvidados y el amor iracundo que los impulsa a sobrevivir".
Dany Hoyos
"Se diría que el que se va no vuelve, pero en este reguero de pesadillas que es Colombia, Mesa logra sin que le tiemble la mano, como cualquier Dante de barriada, entrar a saco en las entrañas del miedo, desenterrar a punta de gran literatura el horror, jalarnos las patas y recordarnos que más allá de ese vacío, de ese descenso al maelström, todo es infierno en este paraíso". Carlos Mario Aguirre, de El Águila Descalza
"Aranjuez, el barrio narrado por Gilmer Mesa, vuelve en esta novela para hablar de sus espantos, de esos lamentos que se oyen desde las ventanas del manicomio vecino, abandonado como el barrio, como la cuadra, como la esquina, como el cementerio en el que se extravía la memoria de los muertos. Un tránsito dantesco por infiernos habitados por Lloronas contemporáneas deja constancia de todo lo que esta sociedad a la deriva ha callado, porque no lo puede decir, porque nada pasa si lo dice". Cristina Toro, de El Águila Descalza
Sobre la obra de Gilmer Mesa se ha
"Si el escritor es una persona que sueña por los demás, yo diría que Gilmer no solo sueña sino que desentraña, escudriña e interpreta nuestras pesadillas y sé que paga un precio personal (en tiempos en los que nadie está dispuesto a pagar un precio personal por nada) por hacernos digerible esta realidad envenenada. El universo mítico-real que ha ido construyendo libro a libro trae de suyo una mirada nueva, sincera, dura, luminosa y atroz, tierna y cruenta, aguda, vibrante, que nos reconcilia con la literatura como transmisión de experiencia más que como ejercicio de prestigio". Luis Miguel Rivas
"Nadie como Gilmer Mesa para exhibir con ternura y crudeza la espina clavada en el corazón de Colombia, el corazón de nuestra América". Fernanda Melchor
"Gilmer Mesa tiene la lucidez original de mirar el país desde la periferia. En La cuadra narró el conflicto urbano desde la esquina de su barrio, y ahora en Las Travesías nos lleva a la Colombia profunda del campo que no ha podido ser nación". Alonso Salazar
Te zambulle en el infierno, dónde las adicciones nos superan y los buscones no encuentran; una novela de duelos aplazados, de complicidad inconsciente, pero ante todo una novela de culpa y a pesar de las tinieblas también es una historia de amor, amor de una madre. Nuevamente Gilmer le da voz y dignidad a los "deshechos de la sociedad", va hasta el fondo del alma y describe las consecuencias no sin antes dejar implícitas las causas que definen por qué hacemos lo que hacemos
Amo a Gilmer y a toda su obra, pero creo -ahora mismo- que este es su primer descache. No es un mal libro, tiene todos los elementos que lo han llevado hasta donde está, pero ese es precisamente el problema. Se percibe una fatiga creativa, un montón de historias que bien podrían ser La Cuadra o Aranjuez, pero con recursos ya agotados, reflexiones redundantes en su narrativa.
Si bien el tema de los desaparecidos se desmarca, en primera instancia, de sus obras anteriores, la apelación a doña Luz como relatora se va tornando en un cúmulo de microhistorias que no parecen ir a ningún lado y no agregan nada.
Igualmente, no todo es malo. Entre todas esas historias hay muy buenos momentos, especialmente, a mi parecer la historia de La Silbona y la de Patasola, que ahondan en las circunstancias que los llevaron a sus respectivos desenlaces, método del que Gilmer es un maestro total.
No lo catalogo como un mal libro, pero sí que me deja pensando qué sigue para Gilmer, entendiendo que no se prevé una intencionalidad en cambiar sus formas, o al menos el escenario de sus narraciones. Porque él ha manifestado en múltiples ocasiones que le interesa indagar en la condición humana, en los porqués de la violencia, y fijarse en un eje semántico no está mal; el problema es que el contexto/escenario que insiste en poner de telón para sus obras lo termina llevando siempre a las mismas disquisiciones, las mismas historias, las mismas conclusiones.
Llama la atención porque ha dicho también, en múltiples ocasiones, citando a alguien que no recuerdo, que los autores se la pasan su vida escribiendo el mismo libro, y que al final sus obras completas terminan siendo sólo capítulos de una gran obra. Para mí, seguir esta lógica puede terminar por degenerar la calidad de la suya.
He terminado el libro hace unos días, termine agitado y con muchas emociones y después de pensar en que escribir como reseña , voy a tomar como lo hace el autor, una canción que exprese el sentimiento y la indolencia de nosotros como sociedad:
"Anoche escuché varias explosiones Putun, patá, putun, peté Tiros de escopeta y de revólver Carros acelerados, frenos, gritos. Eco de botas en la calle Toques de puerta. Quejas. Por Dioses. Platos rotos Estaban dando la telenovela, por eso nadie miró pa' fuera
¿Adónde van los desaparecidos? Busca en el agua y en los matorrales ¿Y por qué es que se desaparecen? Porque no todos somos iguales ¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que los trae el pensamiento ¿Cómo se le habla al desaparecido? Con la emoción apretando por dentro"
Este es un libro de historias, no de narración. O sea, su potencia reside en todas las historias que cuenta usando -de buena manera en casi todos los casos- el recurso de convertirlos en típicos mitos colombianos; eso me gustó.
No me gustó el tono moralista de absolutamente todos los personajes, cosa que los hacía a todos sonar igual. No hay diferenciación entre ellos.
«Nos acostumbramos a domesticar el horror para apaciguar la culpa», escribe Gilmer en este texto cargado de dolor, angustia y muerte. Todo pueblo, todo barrio, toda cuadra de Antioquia tiene su llorona, un duende y un patasola que se confunden entre el acá y el más allá.
En nuestra tradición oral, solemos explicar lo inexplicable -sobre todo aquello que tememos o de lo que no queremos hacernos responsables- inventando espantos, mitos y leyendas que superen la realidad. En este libro pasa lo contrario: quisiéramos que la superstición fuera un calmante para el alma ante lo atroz del mundo y la indolencia de quienes lo observamos impávidos, cuando la realidad resulta más dolorosa y triste que nuestros espantos.
El universo de Gilmer está narrado con dolor y escrito con rabia. Los espantos de mamá no escapan a este estilo, al que se le suma la angustia del alcohol: que ansiedad tan berraca y que dolor en la boca del estómago al leer esas escenas en primera persona donde la necesidad de un trago -qué va, de una botella- es más grande que cualquier pena. Para luego vomitar palabras, porque no es que a este texto le falten puntos, es que le sobra dolor.
Es también un homanaje a las madres, a las que cuidan con historias, palabras y café. Un homenaje a los desparecidos, a los que no conocemos e ignoramos, y a sus buscadores, quienes tratan de todas las formas posibles que sean recordados -por ellos y por el estado indolente-. Esta historia es un llamado a que todos, todos volvamos la mirada a la cuadra y a sus gentes, a nuestra compasión, a su respeto.
Gilmer Mesa nos lleva de la mano a un infierno Colombiano conocido por muchos, en el cual hay historias de dolor, desaparecidos, dolientes, madres y malhechores. Como un Dante moderno y cuentista, el autor nos sumerge con una narrativa ahogante en el inframundo de una realidad tan dolorosa como cierta y de conocimiento necesario. Esta es la primera novela que leo de él y no puedo esperar por hundirme de nuevo en otro de sus mundos.
Inverosímil, los monólogos son infumables y las disgregaciones dan ganas de evitar el siguiente capítulo. Nada se puede tomar en serio de estos personajes acartonados y pretensiosos. Me infectaron de bloqueo lector, pero ya estoy tomando antibiótico. Ni en digital la hubiera publicado.
Que denso. Este es el libro que más me costó leer de Gilmer, creo que me desconectaba un poco va a historia de su mamá y perdía de foco la historia principal. Gilmer siempre se ha caracterizado por usar un lenguaje muy amplio con palabras que rara vez usamos en el argot común y no sé por qué esta vez me costó un poco más leerlo.
Más allá de eso cada historia es profunda y desgarradora, tiene ese toque y sello del autor, cada historia, cada relato te deja conmocionado y conmovido.
También me impactó mucho leer sobre el alcoholismo, es la primera vez que leo sobre un protagonista alcoholico y me sorprendió mucho cómo funciona su mente y lo fuerte de las recaídas.
3.5
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me pareció una forma impresionante de ilustrar la realidad de Colombia utilizar leyendas y mitos populares para presentar la historia de personas desaparecidas por el conflicto y la realidad poco favorecedora para las clases medias y bajas. fue una lectura bastante shockeante pero en un buen sentido.
creo que hay en gilmer mesa un afán encomiable de coser el espiritismo propio de la pobreza colombiana con las afugias que la plagan y la llenan de un misticismo escapista: un deseo de rehacerse en otro mundo porque el propio es insondable.
pero creo también que a la idea la corroe la prosa ya gastada y el tedio empecinado del autor. duele decirlo porque este hombre me ha dado anchas alegrías y espero me dará más. en esta ocasión no fue así. es el primer libro suyo que leo que me hizo querer acabarlo célere; no por saber qué pasaba o por ansias de rumiar la conclusión - que es la misma una y otra vez -, sino por no tener que sufrirlo más.
En los espantos de mamá, Gilmer Mesa confirma que su escritura no es solo memoria ni testimonio, sino una cartografía del dolor humano. Desde las primeras páginas nos sumerge en ese territorio difuso donde los muertos siguen hablando y los vivos apenas respiran.
Siempre nos hemos debatido entre el miedo y la fascinación por las historias de fantasmas, y este libro juega precisamente en ese filo, el del goce oscuro que produce mirar el abismo. Cada relato, porque así se siente, como una serie de círculos del infierno, nos arrastra por los pasillos de la violencia, la culpa y la redención.
Gilmer, fiel a su estilo, no nos ofrece respiro. Cada historia comienza con un fragmento de La divina comedia, y no es gratuito: sus personajes, como los de Dante, descienden a sus propios infiernos, buscando a tientas una luz que casi nunca llega.
Hay desaparecidos, adicciones, venganzas, torturas y amores enfermos. Pero también hay humanidad, aquella que persiste incluso entre las ruinas.
Este es un libro donde los muertos, aunque yacen en fosas comunes y cargan el rótulo de NN, parecen descansar más que los vivos. Porque los vivos, esos que caminan entre las sombras, cargando el peso de sus culpas y pérdidas, son los verdaderos espantos.
Gilmer Mesa, el Dante colombiano, vuelve a recordarnos que el terror no está en los fantasmas, sino en lo que somos capaces de hacer para sobrevivir a ellos.
Quizá el libro que más tiempo me tomó leer de todas las publicaciones de Gilmer, y esto tal vez porque vengo de leer la serie de Santiago Posteguillo, donde las oraciones cortas, las escenas entre miles de puntos y pausas, hicieron de ese tipo de lectura la más cómoda para mis hábitos, y en esta entrega de "Los Espantos de mamá", fue un bombardeo de párrafos entre comas infinitas donde estaba la adicción del protagonista y el duelo eterno de múltiples décadas del cual mi país ha sido víctima. Siento que las voces y los estilos propios están en peligros de extinción, y la capacidad de sentarte en una esquina, llevarte a un cementerio, hacerte sentir el terror al caminar en la oscuridad y ver una luz parpadear con solo conectar palabras, oraciones y párrafos, es un talento que Gilmer ha sabido reinventar y a mí me ha sabido conectar. Un 4 estrellas sólido, que curiosamente se queda atrás después de un triple 4.5 en sus previas entregas.
This was perhaps the book that took me the longest to read out of all of Gilmer's publications. This may be because I came fresh from reading Santiago Posteguillo's series, where the short sentences—scenes set amidst thousands of periods and pauses—made that style of reading the most comfortable for my habits. Conversely, this installment of Los Espantos de mamá was a bombardment of paragraphs amidst infinite commas, housing the protagonist's addiction and the eternal, multi-decade mourning of which my country has been a victim.
I feel that distinct voices and unique styles are an endangered species. The ability to sit you in a corner, transport you to a cemetery, and make you feel the terror of walking in the dark and seeing a flickering light—solely by connecting words, sentences, and paragraphs—is a talent Gilmer has managed to reinvent, and one that truly resonated with me. A solid 4 stars, which curiously trails behind the triple 4.5 of his previous books.
Los espantos de mamá es la última obra del gran escritor Gilmer Mesa, proclamado como uno de los mejores hablando del género de la literatura contemporánea. Es un libro que nos invita a conocer y reflexionar sobre la historia de nuestro país, haciéndola más amena y entretenida mediante historias de espantos que la misma gente de los barrios de esta ciudad creaban tal vez para darle una explicación a una situación que ya la tenía, pero que era más difícil de afrontar.
El personaje principal de esta historia es un tipo amante del licor que logra conseguir un trabajo con rosca por un amigo suyo en un cementerio, en el que empezaría su infierno; esto porque de alguna manera comienza a "abrir los ojos" y a darse cuenta de muchas cosas que lo hacían sentir parte del problema, pero sobre todo, temor; temor que siempre calmaba o con aguardiente, o en la casa de su madre, quien se vuelve un personaje importante de esta historia contándole a su hijo las historias de los espantos (que en realidad tenían nombre propio) que vivió en el barrio, como La llorona, El duende, El cura sin cabeza, La patasola, entre otros.
El libro hace un paralelismo entre estos espantos y lo que de verdad debería causarnos miedo, que son el poder del país, los asesinatos, y sobre todo, la desaparición forzada, tema que me parece muy interesante, pues esta obra se publica unos meses después de la problemática que captarán de inmediato con la siguiente frase: "Las cuchas tenían razón". Para nuestro personaje principal, este tópico también comienza a quitarle el sueño, y al final del libro, el autor nos deja un final abierto sobre si él y su madre terminan siendo una víctima más de este terrible infierno.
Me parece una obra espectacular que debería leer cada una de las personas de este país, como lo dije al inicio, para conocer y reflexionar sobre la historia del mismo, y así no repetirla.
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Libro 8️⃣2️⃣ de 2025 🇨🇴. En Los espantos de mamá de Gilmer Mesa nos arrastra sin piedad al Cementerio General de Medellín, ese lugar donde yace la geografía del olvido colombiano. No se trata solo de un lugar de sepulcros, sino de un personaje vivo que respira muerte y que contiene capas de criminalidad enterrada: desaparecidos que nunca tuvieron nombre, víctimas de limpiezas sociales disfrazadas de justicia moral y cadáveres que alguien decidió que debían seguir perdidos.
La novela es un recorrido dantesco por los infiernos de las violencias reales de nuestro país, encarnadas en los rostros de los protagonistas de los mitos de nuestro folclore.
La desaparición forzada es el hilo negro que atraviesa toda la obra. Es la mutilación de la certeza, ese purgatorio emocional en el que las madres preguntan eternamente por sus hijos a fantasmas que no responden. La Llorona contemporánea no mata, busca.
El protagonista, un alcohólico y desempleado que por la rosca política termina en un puesto en el cementerio, se convierte en testigo involuntario de verdades que nadie quiere desenterrar. Su cruz no es heroica, sino la de aquel condenado a ver lo que la sociedad prefiere ignorar.
Mesa escribe con rabia, que también es ternura. Sus párrafos son torrentes que no respiran, como la angustia misma. No busca redención, sino verdad. Y esa verdad, descubierta en los pasillos de un cementerio, es el único camino posible hacia la paz: reconocer que vivimos sobre tumbas que nunca queremos nombrar.
Es un relato vivo que nos lleva de la mano por historias escabrosas y rememora momentos o personajes de su novela Aranjuez. Lo tienes que leer.
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Uffff Cuando estaba en el colegio y comencé a leer, le huía a la literatura colombiana, no solo me recordaba a todos los libros que me olbliganan a leer sino que también me parecían incómodos, difíciles pero sobre todo me recordaban mucho a lo que pasaba día día. Yo a los 12 a año lo único que quería era un mundo ficticio donde irme. Este año fue distinto me propuse leer literatura colombiana, leer autores colombianos y sobre todo dejar de evadir lo que pasaba.
La narrativa es increíble, la forma de escribir de gilmer es absorbente, en el momento en que lo comencé a leer no quise parar. No por lo que contaba, si no como lo contaba.
Es un libro incómodo, con historias incómodas, pero es increíble. Me llevo muchas reflexiones, con una perspectiva aunque conocida un poco distinta.
Quiero describir si el poner a las mujeres como centro de las historias fue algo aleatorio o premeditado. El libro muestra la figuras femeninas, como ese centro de comunidad, apoyo y reunión. Lo dijo en autor en muchas entrevistas que vi, sonó hijos de la mamá, para mí nunca habrá algo más poderoso que el amor de una madre. Que la figura misma de una madre. En muchos momentos, las mujeres de este libro son símbolo de resistencia y tenacidad ante un sistema indolente.
Que buen libro, que buen personaje, que buena escritura, increíble.
Qué libro tan SOBREVALORADO Es más la publicidad que la historia.
Empece el 2026 con este libro y me llevé una decepción muy muy grande. Es un libro muy redundante, no explora las verdaderas emociones y me refiero a lo terrible que es la desaparición de un hijo, todas las emociones que ahí pueden converger.
El pobre desarrollo de su personaje queda en que es un borracho y no sabe hacer nada más.
Si bien el libro tiene un mensaje fuerte y es la impunidad de las desapariciones en Colombia pienso que no fue del todo bien desarrollado porque nunca hubo un obstáculo real más allá de “es que acá no hay registros” “es que no sé por dónde empezar” “es que esto no es lo mío” … muy decepcionante, los obstáculos de nuestra realidad en Colombia son otros, los favores políticos, las bandas y otro tanto de razones que solo se logra visualizar con la historia de Lucia. Me faltó.
Por otro lado, la trama principal está combinada con unas historias, un poco extrañas en su hilo conductor, que cuenta su madre y que a fin de cuentas pues solo resaltan la impunidad de nuestro país pero nada más. Las sentí un poco como relleno y algunas más interesantes pero no pasaba nada más con ellas.
Creo que tenía expectativas muy altas :( Recuerde que a veces los libros son solo publicidad.
Esta novela cuenta los horrores de la Colombia que queremos olvidar, el dolor de las personas que sufrieron el carne propia los mas oscuro de la pobreza, las pesadillas en las que desencadena la realidad. Una brutal identidad de nuestro país donde los desaparecidos son los otros, donde los olvidados los dejamos enterrados en la memoria de los que los sufren.
Leer la obra fue como quitarme esa capa de protección que ponemos en nuestro cuerpo para evitar enloquecernos con las historias reales que volvemos espantos, y esa capa que debo volver a poner en su sitio para no caer en el desconsuelo, la ira y la impotencia que nublaría mi vista y volvería más amarga mi realidad.
La lectura no es fácil no conocía esta forma de escribir sin puntos y sin espacios, como las historias contadas por cuenta cuentos que inhalan historias para tenerlo a uno pegados. Los personajes oscuros donde no hay Esperanza si mucho resignación, en los que desde mi opinion de lectora curiosa les falto construir o cerrar, pero tal vez sea solo la idea del escritor para a que cada uno le de un final según sus gustos o peor aún según su realidad
”Confundidos sus huesos, mezclada sus demandas en un lodazal de gritos mudos cuyos ecos son el olvido y la indiferencia, siendo apenas chillidos que nos molestan, porque nos recuerdan nuestra negligencia con la muerte ajena, y nuestro contubernio con el olvido”
“Es la historia de los desaparecidos, no es que nos matemos menos, es que ahora escondemos mejor a los muertos”.
“si algo tiene poder y fuerza de contagio es la enemistad y el odio, una deja de ser persona para transformarse en objetivo”
“Lo más fuerte y poderoso que tenemos los seres humanos son nuestras debilidades”
“Es llamativo como todos los que desordenan lo hacen arguyendo un orden”
“se metió de policía para continuar ejerciendo su perversidad legalmente, que puede haber mejor en la vida que poder vivir de la propia corrupción”
Los espantos de mamá me recordó de inmediato a las crónicas de Molano, ese mismo pulso que retrata un país vivo, herido, lleno de historias tan reales como tristes.
Aquí, la desaparición, la violencia y la corrupción no son solo temas: son presencias que se sienten, se escuchan y se encarnan en cada relato. El autor logra convertir los miedos colectivos en mitos, en espantos que no solo asustan, sino que explican cómo hemos aprendido a sobrevivir al dolor.
La escritura tiene una fuerza que permite escuchar las voces, reconocer los tonos, las edades, lo coloquial y lo íntimo. No se trata solo de contar lo que pasó, sino de mostrar cómo nos ha marcado como país. Leer este libro es asomarse a la desolación que ha dejado la desaparición en Colombia, pero también a la humanidad que se resiste a desaparecer del todo. Una lectura necesaria y profunda, aunque duela.
Hasta el momento, este es el libro de Gilmer que menos me ha enganchado. En algunos momentos se siente pesado de leer y se siente un poco repetitivo con sus anteriores entregas. Ahora, esto no significa que no haya un compuesto literario muy interesante en las figuras que usa para poder enmarcar la crudeza de un conflicto armado que ha estado incrustada en Medellín y en todas las gentes que han visto sus horrores. Sin duda, las conversaciones que tejen capítulo tras capítulo, entre una madre que conoce bien el pasado y la transformación del barrio y su hijo viendo repetir la historia en medio de espantos, permite ver la magnitud de la continuación de la violencia y su agudización propia de un conflicto prolongado que ha silenciado millones de víctimas y dejando historias, lagrimas, lamentos y deudas. Realmente es muy interesante cómo logra Gilmer retratar los personajes propios de los mitos y las leyendas colombianas como los medios que dialogan entre los límites del inframundo y los horrores de lo mundano. Ahí, se comprende muy bien el dolor, la ausencia, la reflexión y el impulso temerario que ha llevado a personas comunes y corrientes a convertirse en los espantos que, de boca en boca, aparecen en los diferentes pueblos que han vivido la violencia en este país.
Mi parte favorita, por la profundidad en la que se teje el personaje y cómo se desenvuelve la transformación sobre la bondad y la maldad, es el Duende.
Recomiendo igual mucho todo lo que está haciendo Gilmer y aplaudo su trabajo.
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Me encantó, de verdad. Es una de esas lecturas que te sacuden sin gritarte, que te hablan bajito pero te dejan temblando. A través de las historias cotidianas de una mamá, el libro logra mostrar algo mucho más grande: toda la violencia que el país ha ejercido, silenciosamente, generación tras generación. Hay un eco de ternura y miedo en cada relato. Esa mezcla tan colombiana entre sobrevivir y seguir cuidando, aunque duela, aunque el mundo se caiga alrededor. La autora logra que uno vea a esa mamá como espejo —una mujer que carga los sustos del país, los de su casa y los de su memoria. Es un libro que duele, pero también abraza. Que muestra la fuerza de las mujeres que crecieron entre el miedo y aun así siguieron contando historias, porque contar es resistir.
"Antes de empezar ya estaba vencido, me vencieron la vida y el sistema, que siempre gana por W y de antemano; un sistema que está hecho para desaparecer cosas, plata y gente, nunca para encontrarlos, y una vida que es simplemente una nada llena de muertes". El libro está lleno de frases para subrayar, de frases que te arañan por dentro porque duele saber cómo la injusticia en Colombia se empecina siempre con los mismos, cómo hay gente que nace jodida y muere jodida. Duele mucho ver de frente cómo nunca cambia nada, cómo nadie busca a los desaparecidos, cómo sufren las madres que han perdido a sus hijos y mueren esperando que alguien les dé razón o siquiera las escuche. Gilmer Mesa hace que odies ese país que tanto amas.
Retomando el entorno donde vivió Mesa, su madre nos cuenta historias violentas y terroríficas que marcaron el barrio. Historias de desplazados y desaparecidos por la violencia junto con los falsos positivos son los protagonistas. Madres buscadoras de sus hijos para darles una sepultura y descanso en paz, desesperadas ante la indiferencia, que es "tan culpable como el victimario ", contrasta con la solidaridad de las mujeres del barrio ante la adversidad . Podría ser un libro de cuentos, que magistralmente los une con historias transversales que guían al lector hasta el final, aunque este nunca llega. Narrativa continua sin párrafos que dificulta su lectura.
Es un libro que se siente como sentarse a escuchar los cuentos de una mamá interesantes, duras y llenas de vida. A través de esos "espantos", el protagonista recuerda su infancia y todo lo que aprendió gracias a ella. Son relatos cortos que se van uniendo mostrando una familia que sobrevive con humor, amor y valentía. El personaje principal se siente súper real y cercano. Punto negativo: no tiene párrafos ni puntos aparte, así que leerlo a veces se hace pesado y me costó terminarlo. Pero la voz es tan fuerte y tan de barrio que igual atrapa. Es un libro distinto, crudo y muy humano.
Un libro que relata la realidad que hemos vivido no solo en Aranjuez, sino en toda la ciudad de Medellín y -yendonos más allá - en toda Colombia. Un país que le ha apostado a la guerra como sinónimo de poder y control, un pais que levanta sus edificios encima de sus desaparecidos.
Olvidamos lo que no se nombra y que gran homenaje hace Gilmer nombrando a los desaparecidos y a los buscadores y recordándonos que en este país normalizamos la muerte y la violencia porque es lo único que conocemos.
Es un libro que se siente un poco apresurado, Gilmer tiene una habilidad increíble con las palabras y la narración pero en Los Espantos de Mamá no fluye de la misma manera que en los anteriores (que me han parecido todos libros bellísimos y dolorosos). Todos los personajes hablan igual y a veces los capítulos concluyen de una manera demasiado simple. Me imagino que también fue complejo para él hablar de su propio alcoholismo.
Sin embargo, espero el próximo libro de Gilmer
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Su particular estilo hace que de entrada sea raro acoplarse a su lectura, pero por lo mismo va transcurriendo con una prosa especial que hace que el lector se sumerga, viva y hasta se identifique en la historia de cada uno de los "espantos".
Seguro volveré al universo de Gilmer Mesa y su escritura cruda y ruda, que golpea y deja un morado indeleble en la conciencia.
El final da resaca o como decimos en Colombia, guayabo.
Gilmer Mesa nos hace un recorrido por el infierno donde el horror de las madres buscadoras en Colombia se funde con los mitos más conocidos del país. Estos relatos no son solo terror, sino espejos de una guerra que sigue desenterrando desaparecidos. En medio de este paisaje emerge la figura materna como una aliada incondicional, cuya sensibilidad sostiene al autor en su batalla personal contra el alcoholismo.
Traté de leerlo pero no me enganchó. Desde mi experiencia, sentí que los personajes eran demasiado artificiales, iguales todos, demasiado "correctos" en su manera de ver las cosas. Por otro lado, siento que hay frases que sobran o que son redundantes. Leeré otro libro de Gilmer Mesa para poder comparar. Quizás esta no es su mejor novela.