"Gilmer Mesa es el gran descubrimiento de la literatura colombiana de los últimos años. Tiene un estilo propio, una prosa desgarradora y rebelde que logra darle encanto a la tristeza, el abandono y la injusticia que son los espantos trágicos de los colombianos. Esta novela narra el germen doloroso de la identidad de nuestro paí los desaparecidos, los olvidados y el amor iracundo que los impulsa a sobrevivir".
Dany Hoyos
"Se diría que el que se va no vuelve, pero en este reguero de pesadillas que es Colombia, Mesa logra sin que le tiemble la mano, como cualquier Dante de barriada, entrar a saco en las entrañas del miedo, desenterrar a punta de gran literatura el horror, jalarnos las patas y recordarnos que más allá de ese vacío, de ese descenso al maelström, todo es infierno en este paraíso". Carlos Mario Aguirre, de El Águila Descalza
"Aranjuez, el barrio narrado por Gilmer Mesa, vuelve en esta novela para hablar de sus espantos, de esos lamentos que se oyen desde las ventanas del manicomio vecino, abandonado como el barrio, como la cuadra, como la esquina, como el cementerio en el que se extravía la memoria de los muertos. Un tránsito dantesco por infiernos habitados por Lloronas contemporáneas deja constancia de todo lo que esta sociedad a la deriva ha callado, porque no lo puede decir, porque nada pasa si lo dice". Cristina Toro, de El Águila Descalza
Sobre la obra de Gilmer Mesa se ha
"Si el escritor es una persona que sueña por los demás, yo diría que Gilmer no solo sueña sino que desentraña, escudriña e interpreta nuestras pesadillas y sé que paga un precio personal (en tiempos en los que nadie está dispuesto a pagar un precio personal por nada) por hacernos digerible esta realidad envenenada. El universo mítico-real que ha ido construyendo libro a libro trae de suyo una mirada nueva, sincera, dura, luminosa y atroz, tierna y cruenta, aguda, vibrante, que nos reconcilia con la literatura como transmisión de experiencia más que como ejercicio de prestigio". Luis Miguel Rivas
"Nadie como Gilmer Mesa para exhibir con ternura y crudeza la espina clavada en el corazón de Colombia, el corazón de nuestra América". Fernanda Melchor
"Gilmer Mesa tiene la lucidez original de mirar el país desde la periferia. En La cuadra narró el conflicto urbano desde la esquina de su barrio, y ahora en Las Travesías nos lleva a la Colombia profunda del campo que no ha podido ser nación". Alonso Salazar
Amo a Gilmer y a toda su obra, pero creo -ahora mismo- que este es su primer descache. No es un mal libro, tiene todos los elementos que lo han llevado hasta donde está, pero ese es precisamente el problema. Se percibe una fatiga creativa, un montón de historias que bien podrían ser La Cuadra o Aranjuez, pero con recursos ya agotados, reflexiones redundantes en su narrativa.
Si bien el tema de los desaparecidos se desmarca, en primera instancia, de sus obras anteriores, la apelación a doña Luz como relatora se va tornando en un cúmulo de microhistorias que no parecen ir a ningún lado y no agregan nada.
Igualmente, no todo es malo. Entre todas esas historias hay muy buenos momentos, especialmente, a mi parecer la historia de La Silbona y la de Patasola, que ahondan en las circunstancias que los llevaron a sus respectivos desenlaces, método del que Gilmer es un maestro total.
No lo catalogo como un mal libro, pero sí que me deja pensando qué sigue para Gilmer, entendiendo que no se prevé una intencionalidad en cambiar sus formas, o al menos el escenario de sus narraciones. Porque él ha manifestado en múltiples ocasiones que le interesa indagar en la condición humana, en los porqués de la violencia, y fijarse en un eje semántico no está mal; el problema es que el contexto/escenario que insiste en poner de telón para sus obras lo termina llevando siempre a las mismas disquisiciones, las mismas historias, las mismas conclusiones.
Llama la atención porque ha dicho también, en múltiples ocasiones, citando a alguien que no recuerdo, que los autores se la pasan su vida escribiendo el mismo libro, y que al final sus obras completas terminan siendo sólo capítulos de una gran obra. Para mí, seguir esta lógica puede terminar por degenerar la calidad de la suya.
Te zambulle en el infierno, dónde las adicciones nos superan y los buscones no encuentran; una novela de duelos aplazados, de complicidad inconsciente, pero ante todo una novela de culpa y a pesar de las tinieblas también es una historia de amor, amor de una madre. Nuevamente Gilmer le da voz y dignidad a los "deshechos de la sociedad", va hasta el fondo del alma y describe las consecuencias no sin antes dejar implícitas las causas que definen por qué hacemos lo que hacemos
Este es un libro de historias, no de narración. O sea, su potencia reside en todas las historias que cuenta usando -de buena manera en casi todos los casos- el recurso de convertirlos en típicos mitos colombianos; eso me gustó.
No me gustó el tono moralista de absolutamente todos los personajes, cosa que los hacía a todos sonar igual. No hay diferenciación entre ellos.
Inverosímil, los monólogos son infumables y las disgregaciones dan ganas de evitar el siguiente capítulo. Nada se puede tomar en serio de estos personajes acartonados y pretensiosos. Me infectaron de bloqueo lector, pero ya estoy tomando antibiótico. Ni en digital la hubiera publicado.
Qué libro tan SOBREVALORADO Es más la publicidad que la historia.
Empece el 2026 con este libro y me llevé una decepción muy muy grande. Es un libro muy redundante, no explora las verdaderas emociones y me refiero a lo terrible que es la desaparición de un hijo, todas las emociones que ahí pueden converger.
El pobre desarrollo de su personaje queda en que es un borracho y no sabe hacer nada más.
Si bien el libro tiene un mensaje fuerte y es la impunidad de las desapariciones en Colombia pienso que no fue del todo bien desarrollado porque nunca hubo un obstáculo real más allá de “es que acá no hay registros” “es que no sé por dónde empezar” “es que esto no es lo mío” … muy decepcionante, los obstáculos de nuestra realidad en Colombia son otros, los favores políticos, las bandas y otro tanto de razones que solo se logra visualizar con la historia de Lucia. Me faltó.
Por otro lado, la trama principal está combinada con unas historias, un poco extrañas en su hilo conductor, que cuenta su madre y que a fin de cuentas pues solo resaltan la impunidad de nuestro país pero nada más. Las sentí un poco como relleno y algunas más interesantes pero no pasaba nada más con ellas.
Creo que tenía expectativas muy altas :( Recuerde que a veces los libros son solo publicidad.
Hablando estrictamente de la parte formal y como siempre desde la más sincera y consciente subjetividad, creo que es el momento de que Gilmer Mesa se aventure a hacer un ensayo... O un pasquín.
En Los espantos de mamá todavía habita esa narrativa implacable de La cuadra y Aranjuez, pero para mí, el ritmo sufre horrores por ese montón de diatribas que hacen que todos los personajes sean el mismo personaje, con reflexiones muy válidas, pero que al final le roban al libro un poquito de la magia que le permite a un lector tener su propia discusión con un texto.
Es completamente válido que esto fuera lo que quisiera el autor, me parecen tópicos que se deben hablar y que, teniendo uno una plataforma, debería defender, pero siento que le costó un precio muy alto a la calidad final de la historia, y me pregunto si era el lugar, que probablemente lo fue para muchos, pero no para mí y mis prejuiciosas expectativas.
Dicho esto, las historias que parecen mentira pero siguen siendo realidades en muchos rincones de este país y del mundo, se sienten vertiginosas, imperativas, muy leales a la escritura que he conocido y celebrado del autor, el final, con alegato y todo, penetra y perdura.
¿Es Gilmer Mesa el más importante faro moral de nuestra época en Colombia? No, no lo es; pero él parece creer que si y que su labor es iluminarnos al resto con su profunda sabiduría incuestionable, llenando (o más parece, rellenando) cada página del texto con frases y reflexiones repetitivas pensadas con el objetivo de evitarle al lector la dura tarea de pensar por si mismo, de sacar sus propias conclusiones o de inferir las posibles enseñanzas que de las historias se deriven, porque para eso está Gilmer: para decirte qué debes pensar, quiénes son los buenos y quiénes los malos del paseo, como deberiamos actuar o incluso como deberíamos ser.
En este libro todos los personajes tienen un tinte moralista y sermonero: hablan todos igual, piensan todos lo mismo, sufren todos del mismo mal y aun así, el narrador a duras penas logra arañar por encimita (para ponerlo en términos del mismo Gilmer) esos sentimientos que pretende explorar: los que produce en el buscador la desaparición o la muerte de los seres queridos, presentádolos más como una anécdota, un chisme de barrio o de pasillo que como un drama humano con tintes de tragedia.
Las historias, algunas de ellas realmente inverosímiles (risibles algunas por parecer totalmente traídas de los cabellos) no tienen continuidad a causa de tantas reflexiones y frases de cajón tiradas aquí y allá, construidas y reconstruidas una y otra vez para decir lo mismo que ya se dijo diez o quince páginas atrás. Los personajes carecen de profundidad y más parecen caricaturas creadas por un borracho en el tercer dia de rasca que el ejercicio juicioso de un escritor que busca develar las profundidades del alma de una sociedad enferma como la nuestra.
Poco se salva de este libro. Quizás una o dos historias que sobresalen y llegan a tocar alguna fibra. Por eso, a diferencia de los demás libros de Gilmer, este genera en el lector el deseo de apurar su terminación, convirtiéndolo en un reto a la voluntad y el orgullo que se traduce en agradecimiento al final por poder terminar una tarea que se antoja titánica por lo tediosa y el insufrible tono de cantaleta que se percibe en todo el libro de principio a fin.
He terminado el libro hace unos días, termine agitado y con muchas emociones y después de pensar en que escribir como reseña , voy a tomar como lo hace el autor, una canción que exprese el sentimiento y la indolencia de nosotros como sociedad:
"Anoche escuché varias explosiones Putun, patá, putun, peté Tiros de escopeta y de revólver Carros acelerados, frenos, gritos. Eco de botas en la calle Toques de puerta. Quejas. Por Dioses. Platos rotos Estaban dando la telenovela, por eso nadie miró pa' fuera
¿Adónde van los desaparecidos? Busca en el agua y en los matorrales ¿Y por qué es que se desaparecen? Porque no todos somos iguales ¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que los trae el pensamiento ¿Cómo se le habla al desaparecido? Con la emoción apretando por dentro"
«Nos acostumbramos a domesticar el horror para apaciguar la culpa», escribe Gilmer en este texto cargado de dolor, angustia y muerte. Todo pueblo, todo barrio, toda cuadra de Antioquia tiene su llorona, un duende y un patasola que se confunden entre el acá y el más allá.
En nuestra tradición oral, solemos explicar lo inexplicable -sobre todo aquello que tememos o de lo que no queremos hacernos responsables- inventando espantos, mitos y leyendas que superen la realidad. En este libro pasa lo contrario: quisiéramos que la superstición fuera un calmante para el alma ante lo atroz del mundo y la indolencia de quienes lo observamos impávidos, cuando la realidad resulta más dolorosa y triste que nuestros espantos.
El universo de Gilmer está narrado con dolor y escrito con rabia. Los espantos de mamá no escapan a este estilo, al que se le suma la angustia del alcohol: que ansiedad tan berraca y que dolor en la boca del estómago al leer esas escenas en primera persona donde la necesidad de un trago -qué va, de una botella- es más grande que cualquier pena. Para luego vomitar palabras, porque no es que a este texto le falten puntos, es que le sobra dolor.
Es también un homanaje a las madres, a las que cuidan con historias, palabras y café. Un homenaje a los desparecidos, a los que no conocemos e ignoramos, y a sus buscadores, quienes tratan de todas las formas posibles que sean recordados -por ellos y por el estado indolente-. Esta historia es un llamado a que todos, todos volvamos la mirada a la cuadra y a sus gentes, a nuestra compasión, a su respeto.
Gilmer Mesa nos lleva de la mano a un infierno Colombiano conocido por muchos, en el cual hay historias de dolor, desaparecidos, dolientes, madres y malhechores. Como un Dante moderno y cuentista, el autor nos sumerge con una narrativa ahogante en el inframundo de una realidad tan dolorosa como cierta y de conocimiento necesario. Esta es la primera novela que leo de él y no puedo esperar por hundirme de nuevo en otro de sus mundos.
Retomando el entorno donde vivió Mesa, su madre nos cuenta historias violentas y terroríficas que marcaron el barrio. Historias de desplazados y desaparecidos por la violencia junto con los falsos positivos que son los protagonistas. Madres buscadoras de sus hijos para darles una sepultura y descanso en paz, desesperadas ante la indiferencia, que es "tan culpable como el victimario ", contrasta con la solidaridad de las mujeres del barrio ante la adversidad . Podría ser un libro de cuentos, que magistralmente los une con historias transversales que guían al lector hasta el final, aunque este nunca llega. Narrativa continua sin párrafos que dificulta su lectura.
creo que hay en gilmer mesa un afán encomiable de coser el espiritismo propio de la pobreza colombiana con las afugias que la plagan y la llenan de un misticismo escapista: un deseo de rehacerse en otro mundo porque el propio es insondable.
pero creo también que a la idea la corroe la prosa ya gastada y el tedio empecinado del autor. duele decirlo porque este hombre me ha dado anchas alegrías y espero me dará más. en esta ocasión no fue así. es el primer libro suyo que leo que me hizo querer acabarlo célere; no por saber qué pasaba o por ansias de rumiar la conclusión - que es la misma una y otra vez -, sino por no tener que sufrirlo más.
Traté de leerlo pero no me enganchó. Desde mi experiencia, sentí que los personajes eran demasiado artificiales, iguales todos, demasiado "correctos" en su manera de ver las cosas. Por otro lado, siento que hay frases que sobran o que son redundantes. Leeré otro libro de Gilmer Mesa para poder comparar. Quizás esta no es su mejor novela.
Tenía altas expectativas con este libro, pero no logré terminarlo. La narrativa es intensa y continua, sin pausas ni separación de ideas, y eso me desconectó de la historia. El tema me pareció muy interesante, pero el estilo de escritura no es para mí.
Que denso. Este es el libro que más me costó leer de Gilmer, creo que me desconectaba un poco va a historia de su mamá y perdía de foco la historia principal. Gilmer siempre se ha caracterizado por usar un lenguaje muy amplio con palabras que rara vez usamos en el argot común y no sé por qué esta vez me costó un poco más leerlo.
Más allá de eso cada historia es profunda y desgarradora, tiene ese toque y sello del autor, cada historia, cada relato te deja conmocionado y conmovido.
También me impactó mucho leer sobre el alcoholismo, es la primera vez que leo sobre un protagonista alcoholico y me sorprendió mucho cómo funciona su mente y lo fuerte de las recaídas.
3.5
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Es mi primer libro de Gilmer Mesa y, tras terminarlo, me dieron ganas de leer toda su obra. Es crudo, directo, reflexivo y punzante. Transforma el mundo de los espectros en ese universo de seres desdichados que pudimos ser nosotros mismos y eso tiene un valor literario enorme. Aquí palpita la calle, el barrio, la periferia atenazada siempre por los violentos de todas las orillas. Y está la borrachera ahí, latiendo, agazapada, hasta que se desboca. Me habría gustado saber qué pasó con Lucía, pero, como tantos otros protagonistas del libro –que es una novela sobre los desaparecidos–, supongo que así debía ser, que ella también desapareciese como el mismo protagonista cuando se va despidiendo antes de que los emisarios de la muerte también lo encuentren al final del libro.
Leer este libro es descender a los infiernos lenta y dolorosamente, en caída libre. Todas las formas de desesperanza y sufrimiento están acá, guiadas por el Caronte Mesa.
En este país, que es una gran fosa común a cielo abierto, los muertos no descansan ni en el cementerio. Este rincón del mundo va a la deriva y está a la merced del dolor, la indiferencia y el desconsuelo. Los desaparecidos, los condenados a vagar eternamente en la memoria de quienes los buscan, son fantasmas que se esconden en cifras y estadísticas frías.
nadie como gilmer yo lo describo como un nea intelectual, inteligente, interesante .. lo conozco en persona entonces me imagino su voz leyendo cada uno de sus libros.
tiene la medida justa en sus reflexiones.. en dos frases te deja reflexionando 4 horas... o te hace erizar la. piel sus conclusiones.. llenas de realidad.. en cada uno de sus libros se siente la cercanía y que escribe con el corazón con emoción con sentido de pertenencia en la historia..
Este es un libro dolorosísimo narrado desde un lenguaje cruel pero real; no alcanza uno ni a tragar saliva. Se nota la rabia, la frustración, el dolor y ese mismo lenguaje hace que el libro sea pesado para leer aunque vale toda la pena del mundo. En este libro se narra la historia de una cuadra, pero también de una ciudad y de un país, y aunque sea ficción que lamentable es que esta sea la historia de Colombia. En este libro se te mete Colombia en el estómago!
Espantos como la patasola, el duende y la llorona, vuelven en este libro a personificar monstruosidades de nuestra sociedad: las desapariciones, la violencia, y la indiferencia con la que las aceptamos. La redacción continua, sin párrafos, resulta en una atmósfera envolvente y agobiante (por momentos también impenetrable) que aunque dificulta un poco la lectura también refleja el estado del protagonista.
me pareció una forma impresionante de ilustrar la realidad de Colombia utilizar leyendas y mitos populares para presentar la historia de personas desaparecidas por el conflicto y la realidad poco favorecedora para las clases medias y bajas. fue una lectura bastante shockeante pero en un buen sentido.
3,5 ⭐️ Las historias, que parecen más bien de ficción pero que todos sabemos que son reales. Lo que pasa es que se nos olvidan, o mejor, ni nos queremos acordar. Gilmer escribe sin puntuar. Me cuesta un poco pero no deja de ser interesante su escritura tan particular y llena de adjetivos.
Una crítica increíble a la sociedad colombiana que vive llena de espantos que camuflamos en fantasía porque la realidad es simplemente horrenda, o como lo diría gilmer más bonito:
“Por eso aquí hasta los que no creemos terminamos creyendo en espantos porque es más fácil creer en ellos que hacernos cargo de las cosas que tenemos al lado en la realidad y espanta más que haya gente que desaparece sin dejar rastro y otra que borra esos rastros”
Un libro lleno de frases profundas que nos dejan pensando la noche entera.
Gracias má por tantas historias, gracias Gilmer por ponerlas en papel.
Me gustó el libro hubo frases y citas que me marcaron, pensé que iba a hacer más lineal y con una historia más conectada. Me gusta el formato del libro esperaba más del protagonista pero creo que parte del propósito del autor era mostrar el lado oscuro de los espantos, incluso si uno se termina convirtiendo en una. Mis espantos favoritos fueron:
-El del duende -El de la pareja que tenía una cigarrería -El de la cantante -El dolor invisible
Muy desgarrador y muy impotente que este país tenga habría desaparecidos.
En los espantos de mamá, Gilmer Mesa confirma que su escritura no es solo memoria ni testimonio, sino una cartografía del dolor humano. Desde las primeras páginas nos sumerge en ese territorio difuso donde los muertos siguen hablando y los vivos apenas respiran.
Siempre nos hemos debatido entre el miedo y la fascinación por las historias de fantasmas, y este libro juega precisamente en ese filo, el del goce oscuro que produce mirar el abismo. Cada relato, porque así se siente, como una serie de círculos del infierno, nos arrastra por los pasillos de la violencia, la culpa y la redención.
Gilmer, fiel a su estilo, no nos ofrece respiro. Cada historia comienza con un fragmento de La divina comedia, y no es gratuito: sus personajes, como los de Dante, descienden a sus propios infiernos, buscando a tientas una luz que casi nunca llega.
Hay desaparecidos, adicciones, venganzas, torturas y amores enfermos. Pero también hay humanidad, aquella que persiste incluso entre las ruinas.
Este es un libro donde los muertos, aunque yacen en fosas comunes y cargan el rótulo de NN, parecen descansar más que los vivos. Porque los vivos, esos que caminan entre las sombras, cargando el peso de sus culpas y pérdidas, son los verdaderos espantos.
Gilmer Mesa, el Dante colombiano, vuelve a recordarnos que el terror no está en los fantasmas, sino en lo que somos capaces de hacer para sobrevivir a ellos.
Los espantos de mamá me recordó de inmediato a las crónicas de Molano, ese mismo pulso que retrata un país vivo, herido, lleno de historias tan reales como tristes.
Aquí, la desaparición, la violencia y la corrupción no son solo temas: son presencias que se sienten, se escuchan y se encarnan en cada relato. El autor logra convertir los miedos colectivos en mitos, en espantos que no solo asustan, sino que explican cómo hemos aprendido a sobrevivir al dolor.
La escritura tiene una fuerza que permite escuchar las voces, reconocer los tonos, las edades, lo coloquial y lo íntimo. No se trata solo de contar lo que pasó, sino de mostrar cómo nos ha marcado como país. Leer este libro es asomarse a la desolación que ha dejado la desaparición en Colombia, pero también a la humanidad que se resiste a desaparecer del todo. Una lectura necesaria y profunda, aunque duela.
"Sí, ma: las personas creamos mitos para protegernos del miedo. Así construimos una realidad alterna en la que lo aterrador deja de serlo, porque obedece a lógicas distintas a las nuestras. De ese modo, negociamos con el miedo, convenciéndonos de que lo que realmente asusta no es lo horrendo, sino lo ilógico."
A veces la realidad y la ficción se unen.
Mitos y leyendas son los que ocurren en el barrio.
Madres sin hijos. Muertos sin tumba.
Montañas de huesos sin reconocer, clasismo hasta en los cementerios.
Medellín es tierra de muertos vivientes, de locos, de historias paranormales que son la cotidianidad para muchos.
Puntaje 3.0 El libro estuvo interesante algunas buenas historias, pues los anterior digo que me partieron , mejores pero bueno el lectura entretenida que te hace pensar de la muerte y todo lo que conlleva
Quizá el libro que más tiempo me tomó leer de todas las publicaciones de Gilmer, y esto tal vez porque vengo de leer la serie de Santiago Posteguillo, donde las oraciones cortas, las escenas entre miles de puntos y pausas, hicieron de ese tipo de lectura la más cómoda para mis hábitos, y en esta entrega de "Los Espantos de mamá", fue un bombardeo de párrafos entre comas infinitas donde estaba la adicción del protagonista y el duelo eterno de múltiples décadas del cual mi país ha sido víctima. Siento que las voces y los estilos propios están en peligros de extinción, y la capacidad de sentarte en una esquina, llevarte a un cementerio, hacerte sentir el terror al caminar en la oscuridad y ver una luz parpadear con solo conectar palabras, oraciones y párrafos, es un talento que Gilmer ha sabido reinventar y a mí me ha sabido conectar. Un 4 estrellas sólido, que curiosamente se queda atrás después de un triple 4.5 en sus previas entregas.
This was perhaps the book that took me the longest to read out of all of Gilmer's publications. This may be because I came fresh from reading Santiago Posteguillo's series, where the short sentences—scenes set amidst thousands of periods and pauses—made that style of reading the most comfortable for my habits. Conversely, this installment of Los Espantos de mamá was a bombardment of paragraphs amidst infinite commas, housing the protagonist's addiction and the eternal, multi-decade mourning of which my country has been a victim.
I feel that distinct voices and unique styles are an endangered species. The ability to sit you in a corner, transport you to a cemetery, and make you feel the terror of walking in the dark and seeing a flickering light—solely by connecting words, sentences, and paragraphs—is a talent Gilmer has managed to reinvent, and one that truly resonated with me. A solid 4 stars, which curiously trails behind the triple 4.5 of his previous books.
Sin escapar de la autoficción, Gilmer mantiene el ritmo osado e incansable presente en toda su obra, desde un diálogo constante que nos deja entrever toda la trama. A diferencia de sus otros libros, este se siente más cercano al estilo de una novela, con un personaje protagonista que, en medio de atareadas dificultades, se ve imbuido en un dilema humano y existencial que lo conflictúa consigo mismo y con su sociedad.
A diferencia de sus otros libros, Gilmer trae la voz de una madre para narrar las historias de los fantasmas de nuestra sociedad colombiana, atravesada por el malestar que siempre nos aqueja y parece que no nos abandona: la violencia.
Aquí veo una evolución narrativa que intenta apostar por otras voces, manteniendo el mismo universo, pero arriesgando más a nivel literario al actualizar los mitos de la sociedad, mientras se analizan de manera desgarradora los males de un país que sigue sin poder enterrar a sus muertos. Muestra uno de los lugares más siniestros de nuestra condición humana, que no es solamente el rencor reprimido por la carga histórica de sabernos colombianos, sino el modo en el que, de una u otra forma, todos somos parte víctimas, victimarios, cómplices y perpetuadores de la barbarie; quizá por no superar, o no saber cómo todavía, encontrar las maneras de sobreponernos a un legado enfermo al que hemos sido orillados por una sociedad enferma y abandonada por sus propios errores.
Ojalá las voces en la literatura colombiana como la de Gilmer, nos sigan haciendo más conscientes de los males que nos quejan, para seguir buscando nuevos modos de ser desde la subjetividad que es el único campo desde el cual podemos aportar a la transformación social.