Después de un pequeño parón lector, me animé con esta novela por recomendación de @chus, y fue todo un acierto. Desde las primeras páginas me atrapó por completo: es un libro absolutamente adictivo.
El inspector Carlos Gallego, junto a su equipo formado por Germán Porteiro y Pepa Oteiro, se enfrenta al asesinato de una novicia que aparece muerta tan solo siete días después de ingresar en un convento. Un crimen en el que nada es lo que parece y que, lejos de resolverse fácilmente, se va complicando con la aparición de nuevos asesinatos.
La historia está cargada de secretos, fanatismo religioso y terapias de conversión, todo ello envuelto en una trama de suspense muy bien construida y con una fuerte crítica social. Es de esas novelas que no te permiten soltar el libro porque siempre pasa algo que te obliga a seguir leyendo.
La pluma del autor me ha parecido increíble: directa, clara y muy efectiva. Te guía hacia un posible culpable para, de repente, darte un giro inesperado que te hace volver a desconfiar de todo y de todos. Los giros argumentales son constantes y, en mi caso, muchos de ellos no los vi venir.
La lectura es muy ágil y los personajes están muy bien construidos. Los tres investigadores me han encantado; tienen una química estupenda y algunos diálogos y salidas que me sacaron más de una sonrisa en plena investigación.
Además, el ambiente no podía ser mejor: Vigo. Es una de mis ciudades preferidas y la conozco bastante bien, así que me resultó muy fácil meterme de lleno en la historia y visualizar cada escenario.
El final me sorprendió mucho y, aunque no me lo esperaba, ese cierre abierto con uno de los protagonistas me dejó con muchas ganas de más.
⭐ 9/10