Explorar más allá de lo cotidiano es como ir a pescar. Hay que ser pacientes para encontrar algo. Y de la nada ¡pum! Un fenómeno aprieta la carnada y la caña mágica se apura en atraerlo. No es una caña tan especial. Es como todas las demás, solo que, en el instante en que el fenómeno queda anclado, esta se encarga de protegerlo. Su deber no es asesinarlo, sino más bien, observar. No todos los días aparecen fenómenos. A veces, te salen zapatos o latas. Pero este libro está lleno de fenómenos, y bien pescados. Desde el minuto uno, en esa fiesta de disfraces. O en esa casa inmaculada, donde viven dos autómatas, o un padre e hijo. Este último en particular fue el que más me gustó. Irónicamente, me pareció el más pulcro en su estilo. Se llama “Orden y limpieza”. Para colmo, tengo el don de reírme hasta de lo más incómodo. Creo que lo hago para no llorar. Varias veces me puso en esa situación. Me resultó tan bueno y absurdo en su final que me estallé de risa. Hubo otro, que me pareció un homenaje a Holden Caulfield. Uno criado a base de chocolatada y pitusas. Y trata de la historia de un adolescente en la escuela, que siente que nadie lo quiere y nada le sale bien. Pero tiene no, DEBE hacer algo para alcanzar esa redención. Se llama “Como una rata”.
Hace un tiempo, tuve el honor de escuchar a su autor, en vivo, leyendo “El vuelo de la cigüeña”. Su voz tranquila narraba una historia absurdamente oscura y sencilla. Quedé impactado, como con el resto de relatos; todos envueltos de silencio y precisión. Eso es lo que me recomienda mi tallerista a la hora de escribir. “Decir mucho con pocas palabras”. Se llama igual que el autor de este libro. Recomiendo que lo lean. A mi me resultó genial.