"Para un arquitecto, esta casa sería una aberración arquitectónica. Un típico petit hôtel de principios del siglo xx que, sin embargo, no cumple con ninguna regla, no se rige por los lugares comunes de la distribución y es tan fácil perderse en su interior como volver al punto de partida sin pensarlo. Pero ningún arquitecto entra a la casa, apenas albañiles o trabajadores por hora. Es cuestión de seguir las indicaciones para llegar a un cuarto, a la cocina, a los baños o al comedor.
Hay algunos carteles con instrucciones escritos a mano con una caligrafía prolija. Eso es todo lo que se necesita para entender el hotel familiar sin nombre. A una casa se la vive, se la camina, se la duerme, no se la explica."
En esta novela donde lo doméstico se vuelve siniestro, Flor Canosa nos invita a recorrer la geografía de una casa que muta cada quince años y a adentrarnos en la genealogía de una familia atravesada por los silencios y el misterio. Sergio llega desde el interior del país a las puertas de un hotel familiar atendido por Nuria, su marido e hijos. El ingreso inocente de este huésped a la casona será un antes y un despué como toda experiencia vital, este hombre sufrirá una transformación que lo atravesará a él, a la familia y la casa entera. El espacio mutará a tal punto de volverse asfixiante. Queridos respiren y contengan el aire, no se sale como se entró de La tercera aberración.
Si bien la alegoría que se hace entre el hotel del libro y los personajes que desaparecen en él, con la dictadura argentina y los desaparecidos realmente impresiona y la ambientación está muy lograda, me ha faltado algo, quizás acción.
Descubrí a la autora con este libro, y tengo que decir que me encanto su escritura. Lo lees en uno o dos días, no porque sea ligero, sino porque es imposible soltarlo. Tiene personajes muy marcados, capítulos breves pero intensos. Todo ocurre en un hotel, donde las habitaciones cambian de lugar cada cierto tiempo, con entidades que hacen presencia, un edificio al lado en el cual siempre hay movimiento y musica muy alta, y esa sensación de desconcierto que tienen los personajes de saber que hay algo más, y que a la vez ignoran. Es un libro que me hizo volver a revolver en la historia, una novela que conecta con la memoria de un país y nos recuerda algo que no debe olvidarse.
Flor Canosa, que viene del nicho del weird, de la ciencia ficción más cárnica y abominable, teje en esta novela una historia donde los horrores de la dictadura y los de una casa que no para de transformarse se entremezclan en una delicia de lectura ágil, impactante, que no da tregua, y que mantiene el misterio hasta la última página. No está muerto lo que cambia eternamente.
Es uno de esos libros que comencé sin tener las expectativas demasiado altas y que sin embargo no he podido soltar hasta acabarlo. En plan dictadura argentina, los protagonistas son propietarios de un hotel que posee una particularidad muy especial, y es cada 15 años cambia su forma y sus planos. Cada vez que se produce un cambio, alguno de sus habitantes es engullido por el propio edificio, se cree que emparedado, pero lo cierto es que nunca aparecen. La autora juega con la alegoría del hotel, la propia Argentina, que hace desaparecer a los inquilinos, igual que la dictadura militar haría con miles de ciudadanos argentinos.
Habiendo leído ya varios libros de Flor sabía que, además de una calidad asegurada, me esperaba la inmersión en un género sin medias tintas ni tapujos. Sus libros no son "mezcla" o "con tintes". Sus libros son "weird", son "ciencia ficcion", son "fantástico"; que si suman otros elementos pero tienen claro su esencia.
En este libro la premisa es clara (toda la oscuridad viene despues). Una familia para nada normal que vive en una casa paranormal en una época para nada normal de Argentina (o si?). Una hotel familiar de pasajeros que cada 15 años se resetea, mostrando nuevas facciones, ocultando habitaciones y desapareciendo personas. Dentro de la casa hay gente incompleta, por incapacidades, discapacidades y desapariciones.
Flor maneja de una manera impecable todas las capas posibles del relato. El íntimo, el grupal y el social de una época ya por si oscura.
Buenos Aires, Argentina, 1978. Plena dictadura militar.
Una casa encantada que és també hotel canvia la seua disposició cada quinze anys, engolint persones, desapareixent bebés, ocultant habitacions i creant nous espais difícils d'entendre: a això li diu la família 'aberració'. Bonica i antiga per fora, per dins devora la família que l'habita: tenim la bebé desapareguda engolida per la casa, la mare que dirigeix la casa i intenta donar-li una aparença de normalitat, el pare del qual tothom sap que viola gent però ningú en diu res, la filla que hereta el trauma, la que intenta fer plànols de l'hotel per entendre'l però li és impossible donar-li coherència, el fill al qual la casa li podreix les dents, la casa del costat on treballa gent còmplice dels militars i que sempre té la música molt alta per tapar els crits que s'hi senten... I un bon dia, prop de la tercera aberració, ve Sergio, un xic fill d'un militar d'aquells als quals els fan treballets els de la casa del costat, que ve a Buenos Aires fugint dels seus propis fantasmes i que intentarà fugir de l'hotel quan veja que està encantat, però no sabem si l'hotel li ho permetrà, si permetrà fugir a ningú dels seus habitants de la tercera aberració.
M'ha costat un poc pillar-ho perquè no sóc argentina, i l'al·legoria d'Argentina com un hotel no es fa tan òbvia per als forasters, trobe jo. Però és un llibre lleuger i molt addictiu. M'ha recordat un poc a Piranesi, de Susanna Clarke, en el sentit de la casa com a microcosmos que engull a les persones i les empresona.
Aquest llibre té uns personatges simbòlics i interessants, ben dibuixats, i una trama ben cohesionada que manté l'atenció de principi a fi. El millor personatge de tots, per suposat, la casa, que té més vida i més capacitat d'acció que tots els seus habitants, que en són presoners i víctimes. És una reflexió també sobre la llar, l'espai de confort, el que normalitzem, i els secrets que ens en fan presoners.
Es llegeix en una vesprada, i ben a gust. M'encanta allò simbòlic, m'encanten les cases encantades, i m'ha encantat aquest llibre. Afegim Flor Canosa a la llista d'escriptores de les quals estar pendent.
El terror del hogar convirtiendose en una pesadilla es un tema que me encanta. Esta novela encima llena la casa con unos personajes que están desquiciados y que también dan un toque de miedo de vez en cuando. Y situar la historia en la última dictadura en Argentina!? Aplausos.
El mejor de todos es el gato, Cronos, que está construido de manera excelente y se vuelve imprescindible. Me encantó.
Poco interesante. La autora utiliza muchos símbolos para narrar, pero que la mayoría carecen de sentido. La terminé solo para no criticar sin justificación