No es una gran obra literaria pero no engaña a nadie. Es un producto digno: un thriller bien planteado, bien escrito, de lectura absorbente.
Está narrado en primera persona por la detective de origen coreano Hazel Cho, que recibe a una misteriosa y riquísima cliente (Madeline) que le encomienda la búsqueda de su desaparecida ahijada Mia, una niña adolescente que vivía internada en el orfanato que da título a la novela. El tono de la narradora es desenfadado y desenvuelto salpicado de humor e ironía. Para mí, eso es un mérito y un punto a favor.
La parte negativa es que parece que hemos leído muchos libros muy parecidos a éste: está trufado de tópicos del género policial. Un botón de muestra: detective con vida desastrosa de la que puede salir si resuelve este caso. Aquí es una joven treintañera coreana que vive en el barrio neoyorkino de Chinatown compartiendo piso con un improbable aspirante a policía.
A favor: la fluidez narrativa, el tono ligero salpimentado con un humor soterrado siempre presente.
Es evidente que el autor tiene oficio. Sabe graduar la emoción y utiliza una técnica clásica del folletín decimonónico: finales del capítulo en punta, que te impelen a seguir leyendo adictivamente, lo que los anglos llaman "cliffhanger".
No es una obra original, pero se lee muy bien y se pasa un buen rato con las andanzas de la detective Cho. Eso se agradece. No es "alta literatura" no es Cervantes, no es Shakespeare (como diría el gran Andrés Amorós), pero dentro de su género está bastante bien, le pongo un 7,5.