Un viaje en el sentido literal, metafórico y espiritual. Comienza en Londres, finales de los 70, barrios marginales, un reducto de jamaicanos que entre las revueltas racistas policiales encuentra su lugar en un bar llamado La Cripta. Y a traves de la música que se escucha ahí, que pinchan, que bailan la protagonista Yamaye conoce al amor de su vida. Pero no es una historia de amor romántico, es una historia sobre injusticias, marginación, ancestros, familias desestructuradas, mujeres racializadas y Jamaica como lugar feliz y de recuerdo. Me ha gustado, la traducción es curiosa tratando de adaptar el lenguaje slang jamaicano ingles al español de una forma creativa aunque un poco confusa. Hacia la mitad se me hizo algo pesado pero la tercera parte lo ha compensado con creces.