Un diablo chiquito cruza la Argentina en una caravana infernal. Lo guían una ciega y dos monjas que filman y postean cada asesinatos, mutilaciones, resucitaciones para volver a matar, plagas y pueblos en ruinas; el diablo parte huesos, quema cosas, domina animales, suelta tormentas eróticas, marca niños e instala gobernadores corruptos. Se divierte viralizando sus “milagros”, mientras crece ganando seguidores fieles.
A su paso, el país enloquece. Se forma una Cruzada Argentina en su contra. Las sectas satánicas se multiplican. Aparecen líderes mesiánicos y la política profundiza su farsa. Las figuras de la vieja televisión se pierden en la era del streaming, mientras la sociedad intenta sobrevivir con delirios mediá reality shows prometen resolver las crisis y buscar un candidato que congele la inflación descontrolada, entre otras cosas.
Con la ironía desopilante que lo caracteriza, Leandro Ávalos Blacha despliega la batalla entre el bien y el mal en un mundo donde la verdad y los valores dejaron de tener sentido. Sin etiquetas políticas –como fascismo, libertarismo o populismo–, el caos y la locura que desatan los bandos en esta pesadilla argentina excede es una pesadilla americana.
Locurón de novela. Horrible y carnavalesca. Argentina y actual. Me encanta su estructura, sus personajes. Me reí mucho. Podría ser un libro sobre la simulación. ¿Dónde está lo real cuando hay puro espectáculo? Nadie parece afectado por la violencia. La sangre salpica a todos lados, como en la escena final de The Substance. Diría que hay que tener estómago para leer algo así, pero no. El horror está en todas partes y nos hemos acostumbrado a él.
Me sorprendió cómo desde una trama tan irónica, graciosa y rara, se pueda entender un mensaje político tan interesante. Un libro repleto de divertidas referencias a la "cultura pop argentina" pero que a su vez usa las redes sociales y lo absurdo de los realitys shows para dar una crítica a este mundo moderno que nos enfrentamos.
Disfruté este libro desde el inicio con una narración y trama que me parecieron muy originales. Lo recomiendo.
Esta es la tercera lectura del año. Creo que es un libro rarísimo para un año rarísimo. Desconozco si es que de aquí logro sacar algunas reflexiones coherentes o si hay algo de cordura en mí que permita reseñar esta lectura. De lo contrario, iniciamos la temporada de antireseñas.
Mientras leía este libro pensaba mucho en algunos intereses intelectuales que me rondan en la mente a propósito de lo que ha ido ocurriendo en el mundo en las últimas semanas. Así fue que, al terminar el capítulo “Un dios armado”, escribí algo parecido a lo siguiente, en la página en blanco que la edición dejó disponible:
Lo adverso emerge en la ribera de la superficie, detrás de las paredes, detrás, en la penúltima cima de la humanidad inerte, que, tosca, se arroja al destino como un sol que cae sobre estelas abiertas. Pienso: la penumbra deshonra el bastión de la humanidad. Pienso: es un escándalo, un exabrupto, es la muerte en la plenitud de la vida, y todo pasa como el aire por las heridas abiertas. La pesadilla americana ¡del mundo!
Conversaba con un colega profesor de Química que, ansioso por las noticias desafortunadas que llegan desde el norte del mundo, me decía que esperaba —en tono jocoso— la muerte de Trump. Yo le respondía, medio en serio, medio en broma, que la temporada de magnicidios estaba pronto a suceder, pero que, no obstante, nada de lo que ocurre logra conformar realmente una crisis política, que faltaba aún, principalmente porque nosotros somos la crisis, la habitamos, entra por nuestra respiración, está impregnada en nuestra piel, es producto de nuestro consumo y disfrute, y nosotros somos producto de ella también.
Cada una de las noticias terribles que sacuden el mundo y nuestro territorio no conforman más que un escándalo, un exabrupto, una conmoción pública que no colma las paciencias acostumbradas al dolor. No logramos dimensionar la realidad porque vivimos en otra dimensión, siempre distinta, distinta al dolor palestino y al dolor venezolano, distinta al estadounidense y al iraní, y son distintas dimensiones nuestramericanas también. Cada una de las realidades vividas constituye un reality show en la dimensión contigua. De esta manera, Leandro Ávalos Blacha escribe una obra que retrata —con el tono irónico que lo caracteriza— una humanidad en crisis.
Ambientada en la Argentina de los últimos años, pareciera ser un texto escrito desde la urgencia, aquella urgencia del escritor que no tiene tarima todos los días, como quien la tiene en los matinales chilenos de cada mañana para hablar de la contingencia; que no se logra comunicar bien en las reflexiones, que prefiere y necesita escribir, y logra esta obra conformada como un relato coral para abordar el tan anhelado fin, pero de una forma distinta a la imaginada. Esta vez no son las armas de destrucción masiva que harían volar todo por los aires, sino, por el contrario, es el sistema que, por sus propias lógicas llevadas al extremo (un extremo el cual habitamos), se colapsa de tal manera que lo hace implosionar hacia bien adentro, hasta desaparecer, consumiendo las conciencias que afectan la interacción y nos obliga a matarnos los unos a los otros, por el placer de vivir mientras tanto aquello ocurra y terminar con la tan alejada noción de comunidad, perdida en los anales de la historia humana.
Este libro, dividido en cuatro partes, va conformando un todo de la tragedia: un diablo chiquito que, como un troll ferviente, desata el caos y se burla (“jeje”) con parsimonia. A su haber, la contraofensiva mesiánica, asesinando por honor de la Iglesia, para revivirla o, más bien, para matarlos a todos, mientras esto se viraliza en streaming dentro de reality show para la esperanza de la salvación argentina contra la inflación.
Luego, el fin de la televisión, que en este libro se logra bastante bien, pues nos sitúa sobre la crisis de una humanidad coaptada por el espectáculo, en que lo farandulero, lo banal y lo grotesco conforman el diario vivir de las personas hambrientas de juicio y castigo. Ya no es necesario lo televisivo: el sistema se ha vuelto inherente al ser humano. Y es que justamente aquello está en la premisa que plantea Mirtha (con evidente guiño a Mirtha Legrand), que en conversaciones telefónicas anhela su posición mediática: “mientras haya una televisión encendida, Elvira, habrá una persona soñando” (170).
La esencia de este libro está en esa ensoñación que al mismo tiempo es la perdición y que calza como anillo al dedo con aquellos versos del poema “La aurora” de García Lorca, que alrededor de 1930 observa la ciudad de Nueva York, el emblema del capitalismo financiero, con evidente desesperanza: “Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes / como recién salidas de un naufragio de sangre”. Lo insomne, o derechamente lo dormido, lo anestesiado, la falta de reacción al descontrol, al naufragio de sangre, asume una actitud perdida de la razón; es una neblina mental que ya no encuentra su claridad en las emociones o la empatía, menos en el pensamiento. Al final, todo lo importante y lo único es: “Show o nada, mi amor. Show o nada” (244).
Es un libro que no predice, pues entristece, el ya triste acto de sedación mediática que genios de la mentira como Trump catalogan en sus actos criminales, ya sea en Venezuela con la inexistencia del Cartel de los Soles o las acciones injustificadas y asesinas de la neogestapo en su territorio que, renombrada como ICE, a vista y paciencia de todos los ojos del mundo, pornográficamente, asesina con alevosía a balazos y nos miente en la cara con su justificación. Es un libro que no ridiculiza la ya ridícula actuación de Milei que, mientras su país se quema sin consuelo, canta como un rockero en una tocata escolar y, sin sazón, como un hombre triste se besa con la cantante para exponer el fin de nuestra era: es el semiocapitalismo de la catarsis.
Tengo que confesar que las primeras 52 páginas me costaron un horror y es que, a diferencia de las otras novelas que leí de Leandro, en esta el despelote más extremo te lo tira en la cara al principio. Después baja un par de decibelios (pero siempre dentro de niveles avaloblachescos por así decirlo jaja) y todo va cobrando sentido. Pesadilla Americana es una novela argentinísima, llena de referencias a los tiempos que se viven; está cargada de cultura pop y personajes perfectamente identificables para el lector local. Dicho esto, tal vez no sea un libro para cualquiera, pero como argentino lo disfruté muchísimo y se terminó convirtiendo contra todo pronóstico (repito, el primer capítulo puede representar un desafío hasta para el lector más intrépido) en mi favorito del autor. Este país tendrá futuro siempre que tenga a la Gran Señora Mirtha de su lado. Nota: 👹👹👹👹👹
Imaginate que se fusionen lo bizarro de Laiseca y la oralidad pop de Puig. Imaginate al diablo llegando a la Argentina. Imaginate a Mirtha Legrand como la final girl de nuestro país. Eso. Demencial. Todos deberían leer a Ávalos Blacha.
¿Quién se podría imaginar al diablo eligiendo Argentina como su tierra prometida? Leandro Ávalos Blacha vuelve esta pesadilla algo real y posible, con personajes que resuenan en el presente y no vemos tan lejana su relación con lo perverso. No hace falta ir más allá del primer párrafo para que como lectores nos sintamos incómodos y descolocados por un particular narrador en primera persona, quien prácticamente no usa verbos y abusa de las oraciones cortas. Para Ávalos Blacha, el Diablo no se destaca por su poder de oratoria (es como un niño aprendiendo a hablar) si no por su capacidad de sumar adeptos utilizando su magia oscura. Vemos avanzar la trama a través de distintos personajes. Primero por el ya mencionado diablo, causante de todos los problemas en esta Argentina ficcional. En el segundo capítulo toma protagonismo una fiel creyente y su diálogo interno con nadie menos que Dios, quien le da órdenes para organizar un contra ataque al Maligno. La tercera parte de la novela se compone de un diálogo telefónico a lo largo de varios días entre dos personajes que hasta el momento parecían secundarios: Mirtha Legrand (así como escuchaste) y la “madre” del diablo. Imposible explicar este vínculo por fuera de la prosa de la novela… ¿O hay algo que no sepamos? A partir del anteúltimo capítulo es, para mí, cuando todo pierde un poco de densidad. Usando como recurso la segunda persona en la narración, nos ponemos en el lugar de la “mucama” y mejor amiga de Mirtha, Elvira. La novela decide cerrar con un narrador omnisciente que sigue a Mirtha y la consagra como heroína de esta historia y nuestra Argentina. Difícil es explicar la trama de esta historia que todo lo real lo vuelve una hipérbole, donde la violencia se cruza con lo grotesco y la sangre sale a borbotones, sin tampoco dejar de lado una fuerte crítica al mundo de la política y el espectáculo, mostrando lo dispuestos que están a la perversidad.
Pesadilla Americana es una novela ferozmente argentina y una sátira desbocada del presente. Con su característica ironía desopilante, Ávalos Blacha despliega una caravana infernal liderada por un "diablo chiquito" que recorre el país sembrando caos, viralizando atrocidades y ganando seguidores. A su paso, la Argentina enloquece: surgen cruzadas, sectas satánicas, líderes mesiánicos y una política convertida en farsa absoluta.
Es una obra que no tiene piedad. Desde las primeras páginas, un torbellino de humor negro, referencias a la cultura pop local (desde Mirtha Legrand hasta el streaming) y una violencia grotesca golpea al lector, representando un desafío inicial que luego se transforma en una lectura compulsiva. Tras ese caos inicial, la novela encuentra su ritmo y va tejiendo una crítica mordaz a la sociedad mediática, las redes sociales, los reality shows y la pérdida de valores en un mundo donde el bien y el mal son espectáculos.
Más allá del absurdo y la carcajada, hay una inteligente y profunda reflexión política. El autor evita etiquetas partidarias para mostrar un caos que excede fronteras: la pesadilla es argentina, pero también americana. Los personajes, perfectamente identificables para el lector local, y la épica absurda de sus enfrentamientos, convierten al libro en una experiencia única, hilarante y a la vez triste, por lo precisa que resulta su espejo deformante de la realidad.
Pesadilla Americana no es para cualquiera. Es una novela desquiciada, brutal y argentinísima, que recompensa al lector que se atreve a subirse a su caravana infernal con una de las sátiras más originales y agudas de la narrativa contemporánea.
Un diablo chiquito cruza Argentina en una caravana, generando caos a su paso y sumando seguidores. Se forma una Cruzada Argentina que busca poner un freno a las sectas satánicas que empiezan a pulular en el país, pero no sin intereses políticos. ¿Quién está lo suficientemente limpio para hacerle frente a este diablo? Y más aún, ¿quién no va a ceder a la tentación?
«¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! El reino del Señor lo hacemos entre todos.»
"Argentina, no lo entenderías" es la frase que se me pasaba por la cabeza mientras leía esta maravilla. El autor pone a nuestro país como escenario de este enfrentamiento legendario y nos cuenta esta historia plagada de referencias a nuestras costumbres, a nuestra historia, a nuestras instituciones. Es un libro que me resultó hilarante, tan irónico que no pude evitar reírme, a pesar de que mucho de lo que sucede no es gracioso per sé. Más aún, hay cosas que dan tristeza, como los manejos políticos, la corrupción, el fanatismo. Sin embargo, está tan bien narrado, que es inevitable subirse a este barco y disfrutar de la novela.
Es una historia rara, divertida, desquiciada, brutal. Cada narrador tiene su voz y es muy marcada. La epicidad de esta novela se completa con la heroína menos (no, más) pensada: la chiqui Legrand, una institución por sí misma. Verdaderamente un loco.
«-Argentina sin inflación no es Argentina, Nelly. Y si no es eso siempre va a haber otra cosa preocupando.»
La primer parte del diablo pensé que me iba a acostar leerla, pero no, me gustó la construcción del personaje y su forma de hablar. Mientras lo leí, estaba en un constante ke? Que al final no sé si me da gusto. A la mitad del libro estuve por abandonar, pero cuando llegue al diálogo de Mirta con Nélida, se me hizo más llevadero y lo terminé todo en un día desde la mitad.
Raro, no sé cómo definirlo. Me gustaron todas las referencias de memes argentinos ADRIANAAAAA. Pasas de la risa al asco en dos palabras, hay que lograr eso!
Entre las referencias argentinas, los personajes entrañables y una escritura diferente en cada capítulo, una lectura fascinante. Primer libro que leo del autor. Gran descubrimiento. Ya quiero leer más
Es un loco de principio a fin. Vas del asco a la risa en el transcurso de dos renglones. Creo que solo si sos argentino podes entender los guiños y lo que quiere transmitir el libro sobre nuestro país. Y que esté todo en manos de la Chiqui es sublime. Muy entretenido
Excelente, loca como todo lo que escribe, con una heroína compleamtente inesperada. No sé si estaré espoileando (por las dudas, activé el aviso) pero creo que la premisa de la que partió Ávalos Blacha es "nos va a enterrar a todos".
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Después del flechazo instantáneo que significó para mí "Berazachuset" llegó "Pesadilla Americana" y el combo distópico conurbanense fue espectacular. Es una novela coral, el coro: Un diablo Chiquito La doña elegida de Dios Dios Mirtha Legrand Y la participación estelar de Elvira