Desde el marco se observa el pasado, el presente, el futuro. Trozos de realidad se cuelan por los cristales, devolviendo la mirada a quien se asoma. Una maceta puede quebrar el horror, abriendo paso a la ternura. Ventanas, palcos del miedo, balcones de la historia, recuadros de la vida interior, testigos del paso del tiempo.
Una maravilla visual de principio a fin. Y si, digo visual, porque el texto que hay es prácticamente mínimo por no decir casi inexistente. Es increíble como se puede decir tanto sólo a través de imágenes, casi sin palabras. Una historia cruda pero bonita, tierna, dulce y sobre todo esperanzadora.
Traje este libro a casa porque me causó mucha curiosidad no ver una sola letra en sus primeras páginas. ¿Cómo cuentas una historia sin decir una palabra?. Bueno, Sea Chuang cuenta la historia de una chica que perdió a su padre y su capacidad de moverse por si misma y ahora vive postrada en una silla de ruedas y de alguna forma vemos con ella lo que sucede a través de su ventana. Es una historia preciosa, muy fácil de leer, desgarradora, conmovedora, todo a la vez. Aunque me quedé con ganas de más me gustó muchísimo y espero seguir encontrando historias que lo digan todo sin decir una palabra.
¡Hermoso! Las ilustraciones son muy expresivas y los textos que acompañan cada capítulo son muy bonitos, aunque en realidad es un libro prácticamente sin diálogos. Me llegó al corazón. Lo recomiendo para niños, jóvenes y adultos aunque el tema es fuerte.