todo lo anterior ya fue un caos… pero todavía no viste nada. Nova y los chicos por fin descubren la verdad detrás del engaño más asqueroso de todos: el verdadero Sam, su hermano, sí está vivo. No es el impostor que ella ingenuamente dejó entrar a su casa en el libro anterior; es un chico real, roto, atrapado y vendido como si fuera un objeto. Y ese descubrimiento le cae a Nova como un balde helado, porque no sólo confirma que Nico la manipuló desde adentro, sino que literalmente usó la identidad de su hermano para destruir su confianza.
Cuando finalmente lo enfrentan, Nico huye, y vuelve corriendo con su padre, ese líder enfermo de la Human Extinction League que mueve hilos desde las sombras. el padre ordena desenterrar a “Elena”, la mujer que estaba enterrada bajo la casa de los cinco, y al parecer vamos a ver qué pasa en el próximo libro.
En el medio de todo eso, Nova tiene que trabajar con Luther, y ahí empieza el arco más interesante del libro. Ella lo acompaña a un club sexual—sí, un club sexual literal—para una misión. Y lo que empieza como una operación termina siendo una bomba emocional, porque Luther, que la había odiado con una convicción casi religiosa, empieza a mirarla distinto. Ella lo provoca sin querer, él se tensa, se le activa todo, y entre el ambiente, la adrenalina y la química que venían reprimiendo… las cosas cambian. Mucho.
Es la primera vez que ves a Luther abriéndose un poco, mostrando que debajo del enojo hay fuego, y que ese fuego es para ella. Y ella, como siempre, siente antes de comprender.
Después viene la parte más fuerte del libro: rescatar al verdadero Sam. Lo encuentran en una subasta donde literalmente están vendiendo personas como si fueran ganado. Lo compran pagando una cifra millonaria, un número que duele porque es como admitir que un ser humano tiene precio. Pero lo sacan de ahí, lo sacan vivo, y lo llevan con ellos. Y ahí es donde el libro se vuelve… raro. Muy raro.
Porque Sam, que técnicamente es su hermanastro—aunque no la vio crecer, aunque no compartieron nada real hasta ese momento—se integra al grupo demasiado rápido. De un día para el otro está ahí, en la casa, durmiendo entre ellos, comiendo con ellos, hablando como si siempre hubiera sido parte del círculo. Y luego viene la escena más incómoda del libro entero: Sam entra en medio de una orgía del grupo… y se une. Y no sólo eso: termina perdiendo la virginidad ahí mismo, en una escena que te deja mirando la página pensando “¿qué acabo de leer?”. La energía se vuelve tan rara que te saca completamente de tono. No encaja emocionalmente, no encaja narrativamente, no encaja moralmente. Es como si el libro decidiera irse a un lugar extraño sin aviso.
Y encima, vos venías pensando que el quinto del Phoenix iba a ser Nico, que todo apuntaba a eso, que toda su interferencia tenía sentido por la profecía… pero de repente no, aparece Sam, y es él, y el libro lo mete de una forma tan abrupta y tan incómoda que no sabés si reír, llorar, o cerrar el Kindle y hacerte un café.