Cazador, de Roy Bocarte, se erige como una de las propuestas más potentes y singulares de la narrativa contemporánea de género, logrando lo que pocos autores consiguen: una atmósfera que se siente física. Es una obra que no solo se lee, sino que se padece y se disfruta a través de una tensión constante que no da respiro al lector.
Lo que hace que esta obra destaque por encima de otras del género es la humanidad herida de sus personajes. Bocarte no se conforma con arquetipos; construye protagonistas con aristas, sombras y una profundidad psicológica que los hace saltar del papel. La figura del "Cazador" es un espejo de las contradicciones más profundas del ser humano: la lucha entre el deber, la supervivencia y los restos de una moralidad que se desmorona.
La prosa del autor es una escritura afilada y directa, que huye de los adornos innecesarios para centrarse en la pegada emocional y en la descripción de un mundo que, aunque hostil, resulta fascinante en su decadencia. El ritmo está medido al milímetro, alternando momentos de una acción visceral con pausas cargadas de una melancolía que se queda grabada en la mente.
Lo que más valoro es:
El World-building: La ambientación es tan rica y detallada que el entorno se convierte en un personaje más, influyendo en cada decisión de la trama.
La evolución de la narrativa: La historia esquiva los giros fáciles y apuesta por una progresión orgánica que culmina en un final tan lógico como impactante.
La voz propia: Roy Bocarte demuestra una personalidad literaria arrolladora, alejándose de los clichés para ofrecer algo fresco y auténtico.
En definitiva, Cazador es una fantástica obra que mezcla géneros y que logra que el lector sienta la humedad, el miedo, y sobre todo la desesperanza de un mundo que se derrumba.