Entre Talca y Constitución funciona el último tren ramal, y el Gobierno le encarga a un hombre que saque a las estaciones de la ruina y el olvido. Él, que viene de afuera, observa la vida que llevan y la que no, escucha historias que parecen de fantasmas, camina donde aparentemente no hay nada turístico, aprende a cruzar el río con la voz. La tarea es demasiado titánica para alguien que no cree en el progreso. Su hijo pequeño tampoco cree que sus padres lleguen a tiempo para salvarlo. La pregunta es siempre la misma: ¿Cómo vivimos? En esta edición, quince años después de la primera, el Ramal de Cynthia Rimsky vuelve a recorrer las mismas estaciones con renovados ojos.
Cynhia Rimsky nació en Santiago de Chile, en 1962. Ha publicado Poste restante, La novela de otro, Los Perplejos, Ramal, Fui, El futuro es un lugar extraño, En obra, La revolución a dedo. Escribe crónicas y columnas para diversas revistas y da clases en la UNA. Vive en Argentina desde 2012.
Una historia que te permite conocer una parte de los pueblos y la gente que habitan entre Talca y Constitución (Chile), unidos solo por un tren (Buscarril) que circula dos veces al día. Difícil de pensar en estos tiempos, en donde tenemos ciudades llenas de automoviles, carreteras urbanas y en donde llegar primero parece una prioridad.
«No escucha la cuenta de las enfermedades que llevan los ancianos, no repite que la vida se debe tomar al pie de la letra; se atrinchera en la cabina del conductor, enfrascada en la lectura de una escueta hoja de papel. Lee sin creer en lo que lee. Agotada por el intento, muestra las palabras al conductor y ambos reprueban con la cabeza. El conductor va más allá y, con otro movimiento de cabeza, da a entender que él continuará haciendo lo de siempre y que las palabras se jodan. La cobradora sabe que la actitud del conductor es ilegible. En la Estación del Poeta enseña las palabras al jefe de estación y al conductor del otro tren; estando en desacuerdo, ambos opinan que de todas maneras las palabras van a pasarles por encima. Al sonido del pito, el jefe de estación vuelve a la oficina y los conductores».
Me ha gustado mucho cómo él lenguaje se va desplegando de a pocos en este libro, con una lentitud serena, que contraviene el ritmo de las ciudades. Personajes que pululan cual fantasmas y deambulan por el imaginario del “de afuera” y también en el de nosotros tras cerrar el libro.
Un viaje raro es esta ¿novela? donde se vuelve a recorrer las vías de un trayecto casi extinto. La importancia de una ruta para los pueblos que una vez muerto el ramal también mueren, los comercios quiebran, los hijos se van a otras partes. Un ir y venir en postales viejas que aunque no se hereden directamente hablan de algo que formó el Maule como lo conocemos, pero que también nos fue negado, porque de esas ventanillas se veía más que un paisaje, si no también el progreso y conectividad entre los pueblos
El ramal Talca Constitución esconde en su recorrido pueblos perdidos, casas deshabitadas, historias que devienen en mitos, prácticas ancestrales que sobreviven al paso del tiempo. La gente se desintegra en los diálogos, los cuales se vuelven a hilvanar en otras bocas, con otras palabras en el lento tránsito por el ramal a orillas del río Maule. Un viaje a las regiones ocultas del campo chileno, esas que aparecen en el Obsceno Pájaro o El Lugar sin Límites de Donoso, matizadas por la ausencia, la espera, la búsqueda de los significados que se van diluyendo entre las vías férreas.
No sé que acabo de leer. Podría definirla como una novela sin inicio. O en la que no importa el inicio. O en la que a mí no me importa cómo comienza porque su relevancia se encuentra en el final. Y también en esas fotos que registran lo que ya se abandonó.
Solo destacar la descripción de lugares y espacios en la región del Maule y la capital. La monotonía hace perder el interés por seguir adelante con la lectura. No encanta al lector.