No había leído nada de la autora: sólo las conocía de nombre a ella y a su obra más conocida, Cadáver exquisito. Mi mamá me prestó este libro y fue una grata sorpresa: son noventa carillas (empieza en la 9 y termina en la 99 y conociéndola ahora más sé que no es fortuito) en las que reflexiona sobre la lectura y la escritura desde una visión personal. Es quirúrgica, obsesiva, de citas implacables. Los ejemplos, autores y conceptos que usa me fueron familiares y útiles para ilustrar sus ideas. Siendo un escritor de blog, de sobrecitos de azúcar y lector empedernido, me resultó un libro estimulante.
Como me ocurrió en un taller de Leila Guerriero, su método es muy personal y a veces pareciera que quiere convencernos de que es la única forma correcta. Si bien soy de esa escuela que propone el trabajo duro, del corregir constante que tiene su summum en Borges, se presenta como una ética en la que todo lo bueno requiere de un esfuerzo previo. Y conecta para atrás y arma un sentido: tuvo que trabajar de secretaria veintidós años antes de dedicarse a la escritura, tuvo que leer decenas de libros para escribir un párrafo. Pero tal vez a otros les funciona vivir las aventuras y narrarlas (la línea de Jack London, digamos). O son intuitivos, volcánicos y sin mayores lecturas escriben rápido, con faltas de ortografía tal vez, pero de una manera que cautiva.
La primera mitad del libro aparecen Quiroga, Borges, Cortázar, Saer y otros clásicos curados bajo su escrudiño; siempre me interesan las miradas personales sobre autores y un corpus que estimo y releo seguido. En la segunda, en cambio, nos cuenta más acerca de su proceso creativo: cómo escribió su primera novela —de la que hoy reniega—, su hit Cadáver exquisito que con su Premio Clarín le abrió las puertas al éxito, Las indignas de 2023 y la que está gestando ahora sobre Buenos Aires.
En resumen, es un libro que se lee en una hora y vale la pena para cualquier persona que quiera escribir en cualquier formato. Siguiendo la idea de uno de sus capítulos, es un logrado cover de On Writing de su adorado Stephen King. También es recomendable para aspirantes a todo tipo de arte (la autora es Licenciada en Artes, además), por mostrar tras bambalinas del artista o escritor que tanto se mistifica y que muchas veces tiene más de oficio y de vocación que de inspiración divina.