En una apacible vereda del campo colombiano todo es paz y armonía, hasta que prestamos atención a los detalles.
Una profesora citadina llega a una vereda boyacense para enseñar en la escuela rural y, en el fondo, elaborar el duelo por la muerte de su madre. Su aterrizaje en ese paisaje frío y yermo, habitado por una pequeña comunidad campesina a orillas de un embalse, se convierte en una experiencia íntima y transformadora. En el aire transparente del páramo, los sentimientos y contradicciones humanas emergen con el amor, el miedo, la soledad, la solidaridad, la crueldad, la ternura... y la envidia, esa «tristeza o pesar del bien ajeno», ese «deseo de algo que no se posee».
Lo que hace atrapante la lectura es algo relacionado con la trama, pero que va más allá de lo que les ocurre a los personajes fluye con la naturalidad del vuelo de las garzas o de la jornada silenciosa de un pescador en la represa.
Esta novela avanza con la precisa cadencia de los hechos, envuelta en una calma paramuna donde palpitan múltiples y sutiles universos, apenas perceptibles para la mirada minuciosa de la narradora. El frágil espectáculo de la existencia, que solo puede ser comunicado por una sensibilidad dispuesta a observar la vida tal como es.
Este libro es un homenaje al campo colombiano, y a sus gentes sencillas que lo habitan. La trama transcurre en el departamento de Boyacá, pero puede pasar en cualquier vereda sin nombre del territorio nacional.
Si eres de Boyacá o estás superando el duelo de tu mamá, este libro es para ti. Si no, igual te lo recomiendo. Un libro que habla sobre la simplicidad de la vida en el campo, una historia bella de un año en la montaña. Me encantó la forma de escribir de Isabel, la forma de describir los escenarios en los que pasan los sucesos, las pequeñas reflexiones que a veces sólo son una palabra. Gracias Isabel por escribir estas historias, me llenaron el corazón y me hicieron recordar muchos momentos de mi infancia.
Me gustó mucho leer la novela de la escritora Isabel Botero. Me vi atrapado en la trama y en las diferentes microhistorias de cada uno de los personajes, algunos de ellos con nombres de flores. Me parece que algunos conflictos se resolvieron muy rápido, y siento que esto desperdició la carga dramática que se había alcanzado. Algunos ejemplos de esto, entre otros, son el desenmascarar al hombre del carro blanco, o apagar el incendio, o el aborto de Pacha, etc. Por lo demás me pareció una historia tranquila y entretenida.
Me conmovió mucho. Es un libro tiernísimo, me pareció preciosa la manera en la que retrata la ternura y sensibilidad que se vive en el campo colombiano.