El juicio que sacudió al mundo contado por la periodista española que más horas ha pasado en la sala.
«Un relato preciso y fascinante del proceso de Gisèle Pelicot en Aviñón. Para entender lo que sucedió en la sala del tribunal, debes leer este libro». Britta Sandberg, Der Spiegel
«Quiero que este proceso sea público para que la vergüenza cambie de bando».
Estas fueron las palabras de Gisèle Pelicot para explicar su decisión de abrir a los medios y la sociedad el juicio por los abusos que sufrió por parte de su marido, quien durante una década la drogó y permitió que al menos cincuenta hombres desconocidos la violasen mientras ella estaba inconsciente. Este macrojuicio transformó a Gisèle por completo y, sin ella pretenderlo, la convirtió en símbolo de algo mucho más grande, marcando un punto de inflexión en la percepción pública de uno de los casos más perturbadores de los últimos años.
Este libro trata de ir más allá de los titulares. En un intento por encontrar respuestas a lo inexplicable, y sin haberlo premeditado, Raquel Villaécija fue la periodista española que presenció durante más horas este proceso judicial que se extendió desde principios de septiembre hasta mediados de diciembre de 2024. El tiempo pasado en ese espacio cambió su la sala del juicio, los pasillos cargados de tensión, la cafetería donde los acusados conversaban con normalidad y con los cuales acababa intercambiando saludos involuntarios... Como periodista, pero sobre todo como mujer, Villaécija empezó el juicio con muchos interrogantes y lo acabó con algunas respuestas, no solo sobre qué ocurrió, sino especialmente sobre por qué ocurrió.
Estas páginas retratan a los protagonistas del caso -tanto a los acusados como a quienes los defendieron, los conocieron y los señalaron- pero también hablan de nosotros, de esa sociedad que construimos entre todos y que a menudo prefiere mirar hacia otro lado. Este libro es el relato del viaje de la autora -que en realidad es el de la mayoría- a la vergüenza.
Leo a Raquel, que cubrió el macrojuicio del caso Pelicot tratando de entender, con la misma inquietud y desazón que ella. No sé si lo he logrado, pero si una cosa me ha quedado clara es la dignidad inmensa de Gisèle Pelicot y la importancia y necesidad de ese juicio abierto para que, efectivamente, la vergüenza cambie de bando.
Cuando este caso salió a la luz, recuerdo que me afectó tanto que me planteé coger un avión para intentar abrazar a Gisèle y que no se sintiera nunca sola. Me alegra en el alma que estuviera siempre rodeada de periodistas y de quienes se acercaban al final con palabras de ánimo o regalos; qué preciosidad y qué necesario.
Este libro hacía falta. Gracias a Raquel por dejarnos ver más de cerca, por explicar cada detalle (aunque a veces fuera inexplicable) y por compartirlo todo sobre este durísimo proceso.
Ha creado un apoyo y un refugio para quienes necesitábamos calmar de algún modo lo que este horror nos ha generado.
Gisèle decidió hacer este juicio público, lo cual ha sido una salvación para mucha gente dentro de tanto dolor. Raquel ha decidido compartir con nosotros lo que no hubiéramos podido ver jamás sin leerlo.
Poco se puede añadir a la crónica de un caso terrible que me tocó seguir de cerca. Me han gustado mucho las descripciones y cómo se ahonda en el perfil psicológico de los acusados. Que la vergüenza cambie de bando.
La vergüenza, de Raquel Villaécija, cuenta el caso Pelicot desde dentro del juicio, sin adornos y obligandote a escuchar lo que normalmente preferimos no oír.
La autora fue la periodista española que más horas pasó dentro de la sala del juicio del caso Pelicot, en Aviñón. Meses escuchando, observando, tomando notas. Meses sentada frente a uno de los relatos de violencia más brutales de la historia reciente de Europa. Y eso se nota en cada página. Aquí no hay titulares rápidos ni sensacionalismo: hay contexto, preguntas y una mirada honesta que intenta entender lo incomprensible.
El núcleo del libro es Gisèle Pelicot y la decisión que lo cambió todo: hacer público el juicio. “Quiero que la vergüenza cambie de bando”. Durante una década, su marido la drogó y permitió que decenas de hombres la violaran mientras estaba inconsciente. Leerlo ya es duro. Pero lo que verdaderamente revuelve el estómago es cómo se relata en el tribunal: la frialdad del agresor, la normalidad con la que habla de lo que hizo, la ausencia total de culpa. Es imposible no sentir rechazo, rabia y una profunda inquietud.
Villaécija no se limita a contar qué ocurrió, sino que se pregunta por qué. A través de testimonios, informes psiquiátricos y escenas cotidianas del propio juicio, los pasillos, la cafetería... el libro va desmontando la idea del “monstruo aislado” para señalar algo mucho más perturbador: esto también es un problema estructural, social, colectivo.
Hay momentos especialmente devastadores. Cuando Gisèle explica que no recuerda cumpleaños, Navidades, vacaciones. Años enteros borrados. O cuando se cuenta cómo fue sometida a innumerables pruebas médicas para descartar enfermedades sin que nadie pensara en un análisis toxicológico. Esa negligencia duele casi tanto como la violencia en sí y provoca una indignación difícil de contener.
La valentía de Gisèle atraviesa todo el libro. Pedir un juicio a puerta abierta, permitir que se visionen las pruebas, mostrarse sin esconder el rostro. No como espectáculo, sino como acto político y humano. Es ella quien consigue, de verdad, que la vergüenza cambie de lado.
El estilo de Villaécija es directo, claro y muy humano. Se nota que escribe como periodista, pero también como mujer que necesita entender. Su mirada analítica guía al lector por un caso complejo, ordena el caos del sumario y conecta puntos que en los medios aparecían dispersos. No juzga desde la superioridad, sino desde la necesidad de respuestas.
La vergüenza es un libro durísimo, sí. Un puñetazo en el estómago. Pero también es necesario. Porque no habla solo de un juicio, sino de la sociedad que lo hizo posible. De lo que toleramos, de lo que ignoramos y de lo que aún no queremos ver.
Impresionante, necesario y esclarecedor sobre el papel de los medios en la cobertura de estos juicios. Me ha gustado mucho, muchísimo, me encantan estos libros que hacen desde el periodismo retratando como es el trabajo de una periodista y qué papel debe tener y acaba teniendo la prensa. He visto, como en el caso de Padre Pica, precariedad y poco margen para poder dedicarle el tiempo que merece a esta cobertura. Se retrata bien que una corresponsal debe poder y saber cubrirlo todo: juegos olímpicos, investidura de un primer ministros, macrojuicio a violadores. La ciudadanía merece que la dirección de los medios sepa discernir la ultima hora de lo importante.
A través de la periodista que sigue todo el juicio de Giselle, te puedes adentrar en lo difícil que fue para ella afrontar que tras 50 años de matrimonio había vivido una farsa de una crueldad extrema. Las diferentes vivencias y sentimientos que Raquel va explicando durante las sesiones de declaraciones nos ayudan también a enteder que no siempre es fácil juzgar, pero que a fecha de hoy, las mujeres siguen necesitando más y mejor protección y que los hombres asuman las responsabilidades que les pertoca ante una sociedad que nos acosa sin piedad.
Un millón de gracias a Raquel Villaécija por escribir esta crónica. Giséle Pelicot tiene mi eterna admiración por hacer que la vergüenza cambiase de bando. ❤️🩹