Es 1983. Una niña de ocho años sube a un avión y aterriza al otro lado del océano, donde descubre lo que significa ser extranjera. En aquel momento no pierde la inocencia sino la idea de continuidad. Sus puntos de referencia desaparecen, pero también la embriaga todo lo nuevo. Su deseo es pertenecer, ser adoptada por una tierra que ese mismo año se despide de la estabilidad económica que la había convertido en reclamo para la migración de todo el planeta y despierta a la realidad asfixiante de la deuda externa. Para los padres, la experiencia de la emigración es radicalmente distinta a la de la niña. Su deseo es hacer dinero y volver con él a su país, como tantos antes que ellos. No saben que llegan tarde. La casa, poco a poco, se vuelve un territorio hostil; fuera, en las calles, cualquier tipo de violencia comienza a ser posible. Muchos años después, esa niña, hoy adulta, mira atrás. Busca volver a aquel país que consiguió amar y del que acabó huyendo. Se pregunta qué ocurrió para que una tierra de acogida acabase convertida en lugar de éxodo. La edad infinita es una novela de aprendizaje, confesión de amor a un país de acogida y testimonio de duelo por el paraíso perdido. En su debut en prosa, Miriam Reyes nos atrapa con la escritura afilada y original que la caracteriza y dibuja una narradora cuya voz deja un eco que perdura.
No sabe que si se va deja de pertenecer. Que no volverá a encajar del todo porque no será capaz de hacer lo que hizo la niña, ahora que ya es barro cocido. Tuerce el curso de su vida otra vez. En una orilla es española y deja de serlo. En la otra orilla es venezolana y deja de serlo. Y viceversa. Una identidad cubre a la otra muy lentamente, como sedimento.
non creo que sexa unha novela memorable nin tampouco excepcional, pero creo que plantexa algo moi interesante a través da cuestión identitaria das persoas migrantes, e creo que permite achegarse á súa realidade.
está escrita moi bonita, case en chave poética, e aínda que ás veces resulta moi hermética e falta de claridade, sempre volves entrar na historia. iso si, sempre que entras é como observadora, pero non chega a ser dende dentro. dame a sensación de que a propia barreira que crea a autora entre as diferentes identidades que conflúen na protagonista é algo que busca trasladar á lectura, de maneira que esteas preto da historia pero lonxe da personaxe da que, por certo, nunca chegamos a saber o nome.
creo que sería moito máis rica se se aclarase o contexto político e social de cada momento. non necesariamente ao longo da novela en si, pero quizais mediante un prólogo, capítulos intercalados ou pés de páxina.
La primera parte del libro te envuelve en el lirismo que caracteriza a esta poeta, te conquista con esa niña tan genuina y te lleva con ella a su nueva vida. La segunda mitad, como su historia, se recrudece y se posiciona más en el ensayo.
Lo recomiendo a pesar de lo duro que puede resultar; no he leído algo igual a pesar de haber conocido otros relatos de migraciones.
Este es uno de esos libros que te vienen a la cabeza continuamente, de los que te marcan. Me ha conmovido mucho la historia y he disfrutado enormemente de su estilo. Qué bien escribe esta Miriam Reyes. Ojalá escribas más. Espero ansiosa tu próxima novela.
Me lo guardo entre los libros que recomendaré a mis más queridos, y también en un huequito de mi corazón.
Para quienes vivimos como inmigrantes en esta época en Venezuela, este libro es un excelente reencuentro con tantos momentos, recuerdos y sentimientos vividos. La profundidad de sus reflexiones me conmovieron. Seguimos siendo inmigrantes a donde quiera que vayamos quienes llegamos y nos fuimos de Venezuela y duele el no poder volver.
Como una persona que emigró a los 11 esto es extrañamente reconfortante, ver escrita en un libro mis propias experiencias y pensamientos pero al tiempo de una manera tan diferente.
Estoy indecisa si ponerle 3 o 4 estrellas a esto ya que en un par de capitulos me aburri muchisimo pero en otros los devore y me encantaron.
Me ha gustado mucho… las palabras cuidadas, delicadas, que acarician para asomarse a la que aprende a ser dos para ser muchas. Somos de la Tierra, sencillamente, de la Tierra que pisamos y que nos construye, con eso me quedo.