El tiempo se detiene por una ruptura, Luca eligió que no, no vale la pena viajar Londres juntos, es un adiós. Sin embargo es aquí en donde va aparecer, continuamente, aquél, tan extraño número, 10 y 10.
La protagonista, la narradora, nos cuenta el intervalo entre día y noche/sueño, y de cómo lo onírico comienza a ser parte de su vida: una llave, relojes, un espectro que llega para dejarle una huella.
La metáfora que usa la autora es curiosa: 10:10 es un número espejo que, como otros números del mismo indole, tienen un significado como planitud, cierre, comienzo, y es eso lo que se comunica dentro de toda la historia. A su vez el tiempo pasa a ser muy significativo.
Me llamo mucho la atención que con tan pocas oraciones y palabras pudiera contar tanto, lo poético acompaña a su prosa, se lee rápido y es muy ameno.
Intervienen algunos que otros personajes como Laura, Kairos y Luca, pero, la narradora en si, es la que posee más peso porque evoluciona tras el trascurso de la historia.
Es un libro muy bonito y con mucho significado. La verdad que la experiencia ha sido de lo más grato, y agradezco a la autora por permitirme que conociera a tan bella pluma. Su novela me ha llegado en lo más profundo del alma.
Reseña de 10 e 10 – el tiempo que eligió amar de Deborah Cappagli
"El tiempo no es una línea, sino un círculo. Y cada sueño es un umbral." Esta frase me acompañó durante toda la lectura, como un eco que pulsa en el fondo de cada página. 10 e 10 – el tiempo que eligió amar no es una novela convencional: es un viaje ritual, un sistema poético donde cada día y cada noche son una decisión, una pérdida, una transformación.
La protagonista, suspendida tras una ruptura amorosa, comienza a vivir sueños secuenciales que no son simples visiones, sino otra vida. Cada noche la lleva a lugares simbólicos y surreales: hangares llenos de relojes detenidos, ciudades transparentes, espejos de agua que reflejan identidades cambiantes. En el centro de este universo onírico aparece una figura enigmática: el hombre deformado, portador de verdades que no pueden decirse en voz alta.
El tiempo en esta obra no avanza: vibra. La hora 10:10 se convierte en símbolo, en llave, en mensaje cifrado. Es la señal de que algo está cambiando, dentro y fuera. Y mientras la protagonista sueña, elige. No escapa: busca.
Me conmovió la estructura del libro, dividida en Días y Noches, como un ritual que se cumple. Sentí la melancolía, la fuerza, la duda, la claridad. Reconocí el gesto de quien dobla una camisa como si fuera una renuncia dulce, y el silencio de quien recibe amor en forma de bolsas de supermercado.
La escritura es poética, sensorial, visionaria. Cada frase es un umbral. Cada imagen, una invitación. Este libro no se lee: se atraviesa.
Lo recomiendo a quienes buscan historias que no explican, sino que transforman. A quienes están listos para entrar en una habitación vacía y escuchar lo que las palabras temen. A quienes saben que el amor verdadero no siempre se encuentra, pero sí se elige.