En una pensión de mala muerte de San Petersburgo vive Semión Ivánovich Projarchin, un empobrecido funcionario gris y solitario, tan avaro como enigmático. Sus extraños hábitos, su obsesiva relación con un viejo baúl y su creciente aislamiento lo convierten en objeto de burlas y sospechas entre los demás inquilinos. Pero bajo su apariencia insignificante late un retrato profundo de la miseria, la soledad y la locura, que Dostoyevski despliega con maestría en este relato lleno de ironía y compasión.