Lo que no vuelve es un libro que se instala en el cuerpo, como lo hacen los duelos: en silencio, sin pedir permiso, dejando marca. Mariano Tomasovic escribe con una delicadeza firme sobre lo que duele sin escándalo, sobre las pérdidas que se van acumulando, sobre la memoria que empieza a desdibujarse y se transforma en otra cosa: recuerdo del recuerdo, eco de lo que fue.
No es un libro sobre una sola ausencia, sino sobre cómo se suman las ausencias, cómo cada pérdida se apoya en la anterior y deja otra forma de ser en quien queda. Uno no es el mismo después de un duelo, pero tampoco después del segundo, del tercero. Y el cuerpo —ese archivo vivo de lo que no se dice— guarda todo.
Tomasovic escribe desde un lugar honesto, sin dramatismos innecesarios. Lo que se agradece es la ternura que atraviesa las páginas: una ternura triste, sí, pero también llena de comprensión por lo humano, por lo roto, por lo que ya no volverá. Hay frases que se quedan rondando después de leerlas, no por grandilocuentes, sino por verdaderas.
El gran mérito del libro está en su forma de acompañar. No consuela, no soluciona, pero está. Y eso, en momentos de pérdida, puede ser mucho más valioso que cualquier enseñanza.
Una lectura breve pero persistente. Como el duelo mismo: no hace ruido, pero no se va