Una curvatura se pronuncia en la espalda de la narradora a medida que atraviesa su infancia en la Bogotá de los años 80 y 90. A los esfuerzos por corregir su postura, se contraponen su mirada afinada y un cuerpo que despunta a pesar de su torcedura. En esta novela, niñas y mujeres se encuentran, libran sus propias hazañas y se abren campo. «Los desvíos» fue finalista del Premio de Narrativa Hispanoamericana Las Yubartas 2024. Coedición digital Laguna Libros - eLibros.
Un relato poético de la infancia y lo que motiva la escritura, profundo y en ocasiones incluso divertido, aunque con algunos pasajes repetitivos. Sin embargo, vale mucho la pena leerlo.
La hermosa y cuidada prosa de este libro nos recuerda una verdad que siempre ha permanecido en mi desde que habitaba la casa de mi abuela. El silencio, el tedio, los dolores, fiebres y delirios de la infancia se derivan en una sola palabra: soledad. Crecemos buscando una libertad que nunca llega. El cuerpo nos encierra y con él, las palabras y memorias que lo marcaron. Las restricciones, obstrucciones, las ausencias y sus mutilaciones. Esta historia permite recorrer una etapa oscura pero siempre presente. Me permitió identificar con claridad el difícil dolor que implica crecer. Recuerdo una tarde desde la ventana de mi abuela tratando de llamar la atención de los transeúntes con una bruja en mi mano. Mi cuerpo ya sentía en la garganta esa sensación amarga. Es bello ese recorrido que emprende esta prosa. Pero se queda corto en algo. Parece una novela de transformación hacia la escritura con la sensación y la intuición, se queda corto en esta intención y largo muy largo en su edición.
Cuando compré este libro en la feria me dijeron que era una novela de "la aventura de crecer" pero a través del cuerpo marginado. Obviamente esa premisa removió un montón de cosas en mi búsqueda estética y temática y por eso lo compré. Ahora siento que es una premisa que vende demasiado, o que se trata de una historia que trata de abarcar un montón y termina dejando pasar un montón de oportunidades de desarrollo increíbles. Sí existe una reflexión y un tratamiento sobre el cuerpo que rescato: se llega a la conclusión que el cuerpo jamás es propio sino es territorio de los demás. Pero se queda en eso. En una afirmación que a veces redunda en sus argumentos y que no desarrolla otras hipótesis qué pueden ser más interesantes. Sentí que el personajes era demasiado transparente y que entonces las situaciones tanto externas como internas la atravesaba sin mayor repercusión. Me deja con ganas de más pero también con la sensación de que le sobraban 60 páginas.