An innovative modernist American writer, Hilda Doolittle (1886–1961) wrote under her initials in a career that stretched from 1909 to 1961. H.D., most well known for her lyric and epic poetry, also wrote novels, memoirs, short stories, essays, reviews, a children’s book, and translations. An American woman who lived her adult life abroad, H.D. was engaged in the formalist experimentation that preoccupied much of her generation. A range of thematic concerns resonates through her writing: the role of the poet, the civilian representation of war, material and mythologized ancient cultures, the role of national and colonial identity, lesbian and queer sexuality, and religion and spirituality.
En este diario, un diario fragmentado escrito por H.D. se deviene en una advertencia sobre lo que significa y halla hondura el amor, la amistad, la escritura y la literatura en ella. Con el motivo excelso de su amor por Ezra, con quien tendría una amable relación, vemos como H.D. Profundiza en ella, nos detalla en ella a través de su lirismo intrínseco un amor y conocimiento sin igual por su persona.
H.D. toma la mano de Ezra Pound y este la lleva allá a donde va a través de sus traducciones, sus libros, sus notas en prensa, sus viajes... Es este un libro sobre Ezra pero también sobre Hilda. Conocemos la vida de ambos a través de estos escritos, estos días que pasan y pasan y en los que Hilda reconoce su pasión y amistad por él, también por Frances, también por Eva Hesse, también por May Sinclair. Con un gusto a la Grecia antigua, H.D. Inmortaliza su relación (o sus relaciones, mejor dicho) y en consecuencia nos encontramos ante un esbozo de una realidad intelectual, amorosa y fraternal de lo que es rodearse de gente como lo fue H.D. O Ezra Pound.
Pero tomar la mano aquí no es solo ir hacia donde te llevan, es también ir hacia el centro desde los bordes, como una poesía liminal que recorre los puntos clave de su relación, de sus quehaceres, de sus vidas. Me gusta cómo Pound lleva a Hilda a ver Peer Gynt, y el recuerdo que en ella crea. Es esto un libro de recuerdos, que viaja y viaja de la mano de Ezra al pasado, al punto desde donde emergió el amor de H.D. por él.
Pero Hilda también habla de los griegos, de los poetas, de los pintores. Hilda recorre las artes, recorre los mundos por los que Ezra también pasó, por los que Ezra pisó. Se crea así con este libro un material indicador de lo que era la figura de Ezra desde un punto emocional, amoroso e intelectual. Este diario fragmentado, pues saca esbozos de los mismos diarios de Hilda, nos trae de este modo un libro algo pizcueto, que va saltando de cosa en cosa, con el hilo del amor y la escritura como conductores. Recorremos la vida de ambos de este modo, recorremos su pasión por las letras, la literatura y el arte. Recorremos un mundo que nos es dado a escuchar y a detenernos frente a él para admirarlo. Porque yo admiro a Hilda. Admiro cómo escribe y cómo nos enseña su mundo y sus cualidades. A Ezra aún no he tenido la ocasión de leerlo, fallo mío. Pero como introducción a su persona este libro se hace extraordinario. Pronto habrá que hacerse con sus Cantos...
Estamos así ante un libro que se escribe al margen y por el margen de la escritura. No ahonda, sino que entreteje, une puntos de un lado a otro. Es así como leeremos este libro que se hace fundamento y conocimiento de la historia de la literatura gracias a la hermosa edición de Bamba Editorial.
La primera vez que leí a H.D., con su libro El don, encontré su intimidad, descubrí todo su trasfondo y conocí su transparencia. Al buscarla y encontrarla entre sus líneas, entendí su prosa. Poco hay que refleje su historia como su controvertida obra. Su vida está reflejada en cada párrafo de este diario. Leerla hoy, gracias de nuevo a Bamba, que rescata joyas ocultas, es escuchar una voz que se adelantó a su tiempo y que sigue buscando respuestas en una incesante exploración del yo, entre la intimidad de unas memorias y la profundidad de un diario.
El libro recorre la compleja relación que la autora mantuvo con Ezra Pound, un vínculo de juventud que se transformó, con los años, en una correspondencia no solo creativa sino también espiritual. Estos pequeños libros de Bamba son verdaderas recopilaciones de sabiduría.
H.D. encuentra en la escritura su paz, en Ezra Pound un amor inconcluso. “Fue una amistad marcada por la complicidad intelectual, pero también por un amor juvenil que no tardó en volverse desigual”, nos escribe su editora en la introducción. De ahí nace Visiones, desde las heridas que no se ven, desde la fragilidad y el silencio, convirtiendo el dolor en una forma de lucidez. Ella misma, a través de los ojos de su escritura, va reclamando una identidad.