En Las ocas está la historia de un arquitecto tan misterioso como obsesivo, inscrita en el marco de una transformación traumática del clima que tendrá profundas consecuencias en la vida de una ciudad y su narrador. Con la presencia hipnótica y seductora de la fantasmal Alba, compañera de estudios del protagonista, la narración nos adentra en su formación, su familia y la poderosa empresa que lo tomará como empleado y a la que deberá someterse, atraído por aparentes ventajas en un mundo social y económico medido desde la desesperanza.
La crisis ecológica, la incertidumbre del futuro laboral, las dificultades en el acceso a la vivienda de los jóvenes, así como la paranoia y la locura características de la vida actual constituyen las líneas de fuerza con las que Álvaro Cruzado construye su primera y potente novela, con una inventiva y una capacidad de narración que se aprecian desde las primeras páginas y que nos disparan hasta el final.
De estilo sobrio, elegante, mantiene un tono sereno que invita a una lectura cálida que me ha gustado mucho. Retrata muy bien el entorno laboral del protagonista y su posición en una nueva sociedad habituada a inundaciones catastróficas.
Me habría gustado un ritmo más ágil, me ha parecido una narración densa que se pierde en digresiones que ralentizan la trama, totalmente centrada en su protagonista. Hacia al final revela un tapiz que matiza la novela por completo y que siempre había estado ahí.
Edición muy bonita, aunque no está libre de erratas. Es lo primero que leo de autor y editorial y les seguiré la pista
Leer el libro de Álvaro ha sido volver a los espacios vividos, concebidos y percibidos de Henri Lefebvre. A la descomposición del caleidoscopio que fue la ciudad en el plano regular del urbanismo y la arquitectura contemporánea. Es un libro que con una trama sencilla mantiene la expectativa para girarte en un determinado momento que te obliga a ir páginas atrás para buscar detalles, presencias u omisiones. Con claros elementos sociales dibujados en sus páginas, la novela no busca sermonear a sus lectores, sino trazar una imagen del capital que nos devora a todas. A veces de ritmo lento, escritura un poco cargada o frases hechas que cuentan sin necesidad, la novela merece ser leída y comentada, y que sea la primera de muchas del autor.
La forma novela es, quizá como el capitalismo, un vehículo que no termina de acabarse. Cuando parece dar síntomas de agotamiento, de pronto surge con otra piel y adopta formas nuevas para escabullirse en el mundo, para llegar donde parecía que estaba limitado. Esta característica común quizá nos permita, sin embargo, entender y atacar mejor al capital con las herramientas adaptativas y generosas de las buenas novelas, de la misma forma que un diamante solo puede ser rayado con otro diamante.
Álvaro Cruzado desarrolla aquí una apuesta estética tan poderosa que es capaz de proponer un modo nuevo de entender cuestiones tan básicas como “personajes”, “cronología” o “novela de ideas”, todos ellos dispuestos a la comprensión y al combate de las retóricas más contemporáneas de la justificación de la vida capitalista. La ciudad destruida, inundada, la perspectiva del urbanismo como una disciplina caída y fagocitada por el emprendimiento, el fin de la democracia ciudadana… Todos estos fenómenos merecían ser atendidos con seriedad y liberalidad, con intensidad amorosa y con el poder elocuente que da la ficción.
Los protagonistas de Las ocas varían en intensidad a lo largo de la obra: a veces, la perspectiva de unos se impone a las de otros; en ocasiones el protagonista parece vacuo y alienado, en otras la novela lo recupera como un Prometeo moderno. Como si hubiera algo oculto, un ente que robara a los personajes de la historia (pienso en La historia interminable), a veces el lector pierde a sus héroes, tiene que rescatarlos del tiempo robado, o sufre por sus desapariciones —que son varias—.
Es muy buena la metáfora del tiempo laboral como un tiempo de vida menor, de vida a medias. Si lo pensamos bien, ¿qué hay tan violento como estar 9, 10, 11 horas al día escondido del mundo, trabajando para no sé qué proyecto superior, escindido —o radicalmente en contra, como ilustra muy bien el autor a través de la arquitectura— de las vidas de los que amamos?
Esta novela, madura y compleja, con un sentido narrativo impecable, escapa los adjetivos comunes que se utilizan para los debuts, tales como “ejercicio narrativo admirable”, “perspectiva fresca”; es la voz consolidada —¡solo que aún no la habíamos escuchado!— de un brillante escritor, desengañado y con perfil épico, que cree entender algunas claves del caos y está dispuesto a enseñárnoslas.
Ya siento ser el primero en discrepar, pero para mí lo mejor de la novela es el planteamiento: combinar la pesadilla laboral en la empresa privada con el desmoronamiento de las ciudades arrasadas por el capitalismo para hacer brotar una forma especialmente jodida de frustración.
La pena es que, aunque el final hace comprender mejor el delicado equilibrio de lo anterior, para mí no es tan delicado: hay personajes que podrían estar dibujados con más tacto, hay algún detonante que podría estar mejor armado, me da la impresión de que se desaprovecha la reflexión sobre urbanismo y vivenda, y en lo micro hay a veces un afán por rellenar que no me convence (no siempre hace falta una descripción detallada o dos y tres adjetivos, a veces iguales). El descenso poético de las entradas del diario o algunas imágenes, sin embargo, son curiosos.
Dicho esto y aunque no lo parezca por lo anterior, es una buena lectura.
Nun futuro distópico cercano onde as riadas e inundacións son habituais, un tal César atopa documentos dun antigo arquitecto e os publica nun libro. A historia deste arquitecto é de como acaba a carreira e entra a traballar nunha empresa que acabaría por consumirlle a súa vida e tamén da súa compañeira de clase e amiga Alba, da que terá dubidas da súa propia existencia. O futuro distópico está logrado e a historia está ben, ainda que quedas con ganas de saber máis no final. Sóbranlle tecnicismos.
No tiene ninguna gracia que las editoriales criben tan mal. Aunque no sé si cribar es el verbo apropiado, pues es obvio que no leen. Y la novela de la que hoy hablamos lo prueba. Voy a transcribir los dos fragmentos que me llevaron a abandonar el libro (página 37), y seguidamente los analizaré. «Conforme me acercaba, vi, debajo de los colosales pilares, a varias personas de edad similar a la mía esperando, que también, supuse, habían superado la primera fase de la entrevista; llevaban maletines de cuero color marrón o mochilas e iban vestidas siguiendo el código de los trajeados». Para empezar, el edificio es colosal, de manera que lo natural es que continuamente haya gente entrando y saliendo, y en ese contexto me parece raro que los hayan citado allí y más raro aún es que vea con tanta claridad a los otros candidatos. «En ese momento, cortando de raíz mi ensimismamiento, salieron por la puerta del edificio varias personas uniformadas. Se nos unieron como lapas, estábamos uno a uno. Con un movimiento coreografiado impidieron que nos relacionáramos. Gracias a esa maniobra acelerada de aislamiento, comprendí que se trataba de una entrevista de múltiples candidatos. Intenté apreciar al resto de seleccionados, buscando manías, miedos o incertidumbres, quería perfilar sus voluntades. Ese suceso fue el primer hecho desconcertante, ahora que me doy cuenta, ¿por qué querían que no habláramos? Nos subieron hasta unas salas blancas, asépticas y despersonalizadas, sin ningún tipo de referencia y alquiladas al uso, por distintos ascensores. Éramos quince chicos». Análisis: «Impidieron que nos relacionáramos»: ¿Entonces por qué los citan a todos a la misma hora y los dejan sin vigilancia diez, quince o a saber cuántos minutos? «Gracias a esa maniobra acelerada de aislamiento, comprendí que se trataba de una entrevista de múltiples candidatos»: ¿En la página anterior no supusiste que habían superado, como tú, la primera fase? «Intenté apreciar al resto de seleccionados, buscando manías, miedos o incertidumbres, quería perfilar sus voluntades»: Creo que el protagonista se equivocó de carrera, en vez de arquitectura tenía que haber estudiado psicología, aunque ni eso, porque ¿puede alguien apreciar manías, miedos o incertidumbres echando un vistazo? «¿Por qué querían que no habláramos?»: Otra vez. Si no hubieran querido que hablaseis, no os habrían citado a la misma hora. «Nos subieron hasta unas salas blancas […] por distintos ascensores»: ¿Cómo sabes a dónde llevaron a los otros? Es difícil narrar tan mal, es muy difícil redactar un texto tan incoherente, la prosa es ramplona, farragosa, pueril, con decir maletines de cuero, sobra, lo del color marrón es de escribidor, y lo del movimiento coreografiado para impedir que se relacionaran es casi imposible de imaginar salvo si estamos hablando de una novela musical. Podría decir mucho más, pero no vale la pena. La novela naufraga desde el principio, el autor no acierta a crear la atmósfera que la historia necesita, tampoco el tono es el adecuado, ni siquiera como redacción se salva, y, para terminar, ¿cómo sabe el protagonista que las salas son alquiladas?
(El texto original no tiene erratas, es el editor de goodreads el que origina las erratas).
Este libro no es para mi, de eso no hay duda. Ha sido una experiencia de lectura durísima, no lograba avanzar, entre estas 200 páginas me leí otros dos libros, porque era abrirlo y una sensación de hastío caía sobre mi, era leer por obligación, algo contrario a lo que significa para mi la lectura, ese momento de esparcimiento y distracción. Porque es lectura de un club, sino lo habría abandonado. No me convencen ni el fondo ni la forma. Y tras leer las críticas marabillosas que tiene, no se si sentirme un tanto estúpida por no ser capaz de ver lo que ven los demás. Será, si es club de lectura de narrativa no lo remedia con el siguiente libro, la peor lectura del año.
Honestamente, me ha costado mucho despedirme de esta lectura. La forma de contar y la historia son originales. El cuidado con el lenguaje y su coherencia con respecto a la psique del personaje es intachable. Una novela singular.