A finales de los años 60, Carmen y Rogelio, dos ancianos en el final de su vida, se conocerán en una residencia en Adra (Almería), emprendiendo un viaje a París lleno de recuerdos y música, mucha música.
Cada uno llevará en la maleta sus propios motivos. Para Carmen una ansiada búsqueda del hijo perdido. Para Rogelio la búsqueda de una última bocanada de libertad entre la represión del régimen.
En su recorrido revivirán distintos momentos de la memoria que ha conformado sus respectivas vidas, así como las de otros personajes secundarios, que nos llevarán desde el comienzo de la Guerra Civil Española, pasando por el bombardeo de Guernica, el desembarco de Normandía hasta el mayo parisino del 68 con el trasfondo de las heridas de sus vivencias, como compañeros de viaje, levantando el velo de las ideologías totalitarias que clausuraron la libertad.
En primer lugar, gracias a Babelio y la Editorial Runaris por este ejemplar.
Esta es una novela bastante coral, con personajes sumamente importantes, pero vamos a centrarnos en las historias de Carmen y Rogelio. En principios, este dúo dinámico se compone por dos personajes que, ya en la vejez, encuentran que sus caminos se enlazan en una residencia de mayores. A estos dos hay que verlos, son como Zipi y Zape y enseguida deciden que lo de languidecer en un lugar inhóspito no es para ellos, que lo suyo son las aventuras y deciden emprender una que las lleve al lugar dónde quedaron sus corazones: París.
Lo que más me ha gustado son los personajes. Divertidos, carismáticos, personas que fueron heridas emocionalmente pero no se han dejado vencer por la oscuridad interior. Saben que el tiempo corre para ellos y la vergüenza o el miedo son emociones que no tienen cabida en los que les queda de vida. Con unas frases envolventes y profundas que te han reflexionar, el autor nos cuenta un último viaje que da pena que sea el último, porque en sus buenos tiempos estos dos habrían formado un gran dúo cómico.
Como pega diré que la suspensión de la realidad queda a un lado cuando el hilo del que tira Fernando se lo dan en bandeja. Algunos diálogos me han parecido algo forzados, porque creo que es una novela que requiere más calma y los protagonistas llevan demasiado trote todo el rato. Los capítulos intercalados, sobre todo el principio, en los que Fernando se revuelca en el rencor y el dolor que sufre por la madre que perdió ya en vida, no eran necesarios. Es una novela que se expresa perfectamente y no necesita que le recuerden al lector las emociones, porque estas nunca lo abandonan.
También cabe mencionar la manera cuidadosa de contar la historia de una guerra que perdimos todos. La guerra civil nunca es un tema fácil pero se nota que el autor ha querido tratar el tema con respeto. El giro argumental de toda esta historia está, precisamente, inmerso en esta parte de la historia y es realmente triste. Recomiendo encarecidamente sacar los pañuelos a esta altura del libro.
Para terminar me gustaría mencionar la gran capacidad del autor de reflejar con fidelidad la relación entre una madre (que no es una heroína, solo una buena mujer tratando de hacer lo mejor para su familia) y su hijo (que tampoco es perfecto y sobre todo, sabe admitir sus errores, a pesar de que ya sea demasiado tarde en algunos casos).
En definitiva, “El último vuelo de las gaviotas” es un viaje lleno de emociones y apena muchísimo pensar en la idea de que estos solo se hacen una vez en la vida. En cambio, espero que el autor nos dedique muchas más historias.