Lágrima congelada es uno de esos libros que, aunque corto, logra atraparte desde la primera página. Sara, de catorce años, regresa con su familia a la antigua casa familiar en un pueblo olvidado de la meseta española, y lo que parecía un verano tranquilo se convierte en un viaje lleno de secretos, misterio y emociones inesperadas.
Me ha encantado cómo la historia combina el suspense con el descubrimiento de secretos familiares y el primer amor. A medida que avanzas, te vas enganchando a lo que le ocurre a Sara y quieres descubrir qué hay detrás de cada misterio. El final me ha resultado satisfactorio y emocionante, cerrando la historia de forma redonda.
Es un libro breve, con páginas que se leen volando, perfecto para quienes disfrutan del misterio, los fantasmas del pasado y las emociones a flor de piel.