Este poemario es como un vino muy viejo y sagrado. Lo debes beber lentamente. Si pasas las páginas buscando llegar al final, vas a dejar atrás momentos sublimes que solo se degustan despacio. María Antonieta sigue siendo una de mis poetas favoritas. Los textos que aquí nos entrega se pasean entre la sensualidad y un minimalismo que nos deja con las palabras precisas, los espacios necesarios y nada más.