LODO: LA SIRENA Y EL MACUARRO
Con el ya característico blanco y negro del maese Santarriaga, nos llega esta secuela de Bajo la piel de la bruja, donde una vez más utiliza los elementos de la anterior novela gráfica para profundizar en este mundo y hacer más cósmico el horror.
Seguimos a Nacho a través de tres tiempos: cuando es niño y se encuentra con los primeros horrores; de joven, cuando conoce por primera vez a las sirenas; y de viejo, mientras la pérdida y el deseo lo obligan a retornar al foso del que apenas pudo salir con vida la última vez.
El concepto más interesante es ver a Nacho regresar los golpes de la vida a través del mazo en su oficio de albañil, mientras se introduce en una fosa de la que nunca logra salir. Cuando se enamora de quien no debe, su mundo se le viene encima, casi arrebatándole la vida. Preservarla le lleva a perder parte de la vista. Decide huir, pero desde ese momento siempre viviría en una penumbra parcial, recordando las calaveras a su alrededor.
Esas calaveras implican el horror cósmico que representan las sirenas: seres antiguos que navegan en las aguas profundas del pueblo ficticio de Santa Lucía Ameyalco. Sus motivaciones son inciertas, pero su horror es absoluto.
Con más de una escena memorable, mis partes gráficas favoritas son los paisajes del pueblo (basado en el real Ozumbilla) y esos momentos al inicio en los que Nacho relata cómo se siente estar sepultado debajo de un Tzompantli.
Me gustaría saber un poco más sobre estos seres monstruosos, sobre ese viejo Dios que parece inactivo y sobre el “lore” de la mitología que crea HG Santarriaga. También, aunque me gusta mucho el personaje de Nacho y entiendo que tiene un conocimiento empírico de la vida, me gustaría que sus motivaciones fueran más profundas; me da la impresión de que se mete otra vez a la caverna solo a morir.
Ya que tuve el honor de presentar esta novela gráfica con el autor en la FILIJ 43 y he podido platicar con él al respecto, sé que está en planes una tercera parte donde espero que abunde en la historia y motivaciones de las sirenas, así como su simbiosis con el poblado.
Como petición personal (aprovechando que tengo el privilegio de que el autor me lea): me gusta mucho el trazo de esos negros sólidos, pero quisiera ver al artista dibujar con el blanco; es decir, que el blanco dominara la figura. Creo que ese ejercicio podría impulsar aún más el arte. Y, por favor, más paisajes del pueblo, que me parecen exquisitos.
Mientras esperamos el tercer volumen de esta serie, en algún lugar debajo de Ameyalco, un mal sin nombre, pero seductor, resguarda un tesoro aún por ser descubierto. Quienes intentan arrebatarlo corren el riesgo de terminar sepultados en la inmundicia del LODO hasta el final de sus días.