La novela aborda temas como los sentimientos de culpa, el remordimiento, la depresión, la muerte, el duelo, la identidad, los vínculos familiares y las relaciones con los desconocidos que reconfortan más que los conocidos.
Se inscribe dentro de la literatura mexicana contemporánea, ya que, además de que la acción transcurre en México alrededor del año 2013 y de que la autora es nativa de ese país, también incluye temas como: la exploración de la identidad mexicana y el mundo globalizado (referencias a la Revolución, al mestizaje, la migración, la marginalidad, la violencia, los paisajes naturales, el clima y los animales, lo sobrenatural); la relación particular con la muerte y con los muertos; temas sociales actuales y una reflexión sobre el rol de la mujer y la sexualidad femenina.
El inicio es atractivo: presenta el conflicto rápidamente (qué hacer con las cenizas de Aldo, el marido). Pero también hay un conflicto de índole emocional en la protagonista: la imposibilidad de desprenderse del pasado.
La lectura resulta fluida y accesible, en parte porque la novela está dividida en treinta y cinco capítulos cortos, y también gracias al sostenimiento de la tensión narrativa. Introduce elementos de misterio (la causa de la muerte de Aldo y cuál fue la última palabra que dijo) y administra la información de manera dosificada, revelándola progresivamente a través de recursos como la analepsis (flashback) y el monólogo interior.
Está narrada en primera persona protagonista con un tono dramático y un enfoque emotivo que hace hincapié en los sentimientos y los conflictos profundos de la narradora. Se centra en la psicología de los personajes de Aldo y Laura, y su transformación interna.
Resalta el uso del lenguaje que tiene un estilo lírico e introspectivo: además de la subjetividad, le da importancia al ritmo, al sonido y a la imagen poética. Usa figuras retóricas (antítesis, símiles, metáforas, oxímoron, repeticiones, etc.) y un sentido evocador.
Este tipo de prosa le da una ambigüedad a la interpretación de lo narrado que la enriquece, la abre a diferentes lecturas.
Hace uso de la intertextualidad con otras obras literarias, cinematográficas, musicales. También es evidente la influencia del escritor Juan Rulfo en el uso del lenguaje, la construcción y la cadencia de las oraciones.
Los personajes están bien logrados, aunque no se desarrollan en profundidad. De todos modos, esto está en línea con el tono intimista de la obra, que pone el foco en la subjetividad de la narradora protagonista.
El título de la novela resulta coherente con el desarrollo de la historia, aunque no de manera inmediata o evidente. Si bien el vestido con mangas como alas de mariposas representa los augurios de muerte, también tiene un significado simbólico y abierto a diversas interpretaciones. Está vinculado a un aspecto más íntimo e inmaterial de la protagonista: su identidad y el sentimiento de culpa.
En conclusión, la obra está dirigida a lectores con sensibilidad estética o afinidad por un estilo poético y evocador, así como por narrativas de carácter reflexivo o simbólico, más que por aquellas centradas en la acción o en acontecimientos concretos de carácter externo.