Hay una idea de Sabina a la que me voy a agarrar: el salvajismo en la amistad. Es el resumen perfecto, lo impredecible, visceral, anárquico, brillante y doloroso que resulta tener amigas.
He asentido, negado, hablado con ellas de "pues yo no soy nada competitiva", "el anfitrionazgo depende de tener sillas suficientes en casa, claro" y he deseado que la conversación hubiera continuado durante la paella, los postres, la copa y el puro.