En Sonar, el eco de una ausencia -la de Itzel- resuena entre sombras. Para disiparlas, Nadia López García dibuja, con cada poema, un mapa que busca recuperar su historia para que no desaparezca. A través de una escritura íntima y reflexiva, la autora aborda temas como la normalización de la violencia contra las mujeres, la falta de justicia, la explotación laboral infantil, las condiciones precarias que enfrentan los migrantes, la memoria, el dolor, la pérdida, así como el poder poético de la palabra como un refugio que abre otras puertas ante la adversidad. Cada poema se clava en la piel, y su sonar es una denuncia contra el silencio y el olvido.
Fueron, son y quizá sean muchas preguntas las que se encuentren alrededor de la escritura. De sus motivos, de sus causas, de las razones por las cuales nos decantamos o no a existir mediante la conjugación de palabras. En el caso de este libro de Nadia López García, la muerte, la injusticia, la “tradición”, el llenar un vacío, el criticar, el gritar a todo pulmón, son algunos de los motivos que tratan de dar respuesta a esas preguntas. Y nos dice versos como: “Aprendiste/ que debíamos poner el cuerpo/ para asegurar la vida” o “Pienso que tal vez fue aquí/ donde nos acostumbramos al silencio,/ a pensar en él como una forma de protección./ No lo sé,/ sólo pienso”.
Sonar es un libro de tristeza profundísima, de pérdida absurda y de situación fatal, explicable en sus absurdos, insostenible pero también inevitable, odiosa, constante y profunda. Es un libro de desesperanza y de resistencia a la resignación a través de la palabra. Es poesía dolorosamente necesaria